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viernes, abril 4, 2025

Qué riesgos enfrenta Javier Milei en su alineamiento total con Donald Trump

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Javier confirmó qué es lo que espera de su alineamiento automático e incondicional con el gobierno de Donald Trump: un trato privilegiado que compense al país por el empeoramiento del contexto comercial global.

Es, de hecho, la respuesta que el propio presidente argentino insinuaba cada vez que alguien le recordaba la contradicción entre sus principios libertarios de la escuela austríaca y el discurso neo-mercantilista de Trump, que amenazaba al mundo con una suba generalizada de aranceles y un consecuente retroceso de la globalización.

Ya desde antes que Trump resultara electo, en la «mesa chica» de Milei evaluaron que la motivación detrás de las subas arancelarias no sería meramente comercial, sino que serían utilizadas con un criterio geopolítico, en una lógica de «premios y castigos».

«Usted puede ser todo lo pro comercio que quiera, pero si del otro lado no le juegan con las reglas de libre comercio, entonces toma una respuesta. No se puede hacer una evaluación de la política en el vacío, porque eso es no entender la lógica de la política económica«, había dicho Milei tras la elección de Trump.

Por otra parte, tampoco tomaron de manera literal la promesa de Trump de que las manufacturas de marcas estadounidenses se mudarían íntegramente al suelo norteamericano, sino que se empezaría a sustituir la actual práctica del off shoring por una tercerización a países confiables, lo que en la jerga diplomática se ha denominado «friend shoring».

No por casualidad, ya se estaban brindando señales amistosas en cuanto a facilidades impositivas para que empresas estadounidenses tuvieran un rol protagónico en las nuevas áreas estratégicas que desarrolla Argentina -y sobre que la propia general Laura Richardson se había quejado de que China había tomado la delantera-. Fue así que la diplomacia argentina estuvo orientada a mostrar al petróleo, el gas, la minería y el litio como la conexión para esa relación win-win.

Y, ya desde ese momento, planteó cuál sería su fórmula para no ser afectado por ese proteccionismo: la búsqueda de un acuerdo bilateral, basada en la afinidad política, en la que Argentina pudiera obtener concesiones».

La carrera por llegar primero a la Casa Blanca

Claro, para que la estrategia argentina saliera bien había que lograr un objetivo: posicionarse primero en la «pole position». Nadie lo definió mejor que Eric Trump, el hijo del presidente, quien escribió en las redes sociales: «No me gustaría ser el último país en intentar negociar un tratado comercial con Donald Trump. El primero en negociar ganará, mientras que el último perderá totalmente. He visto esta película durante toda mi vida…».

Así, Trump junior confirmó lo que todos sospechaban: que los anuncios con la ya famosa tablita de nuevos aranceles está lejos de ser el final, sino que apenas se trata del inicio de un largo proceso de negociaciones.

El propio Trump dijo, en su discurso del 2 de abril, que en las últimas semanas había recibido una gran cantidad de llamados de presidentes, primeros ministros y monarcas que habían hecho la misma evaluación que Milei y, en ese contexto, ofrecían diálogo para obtener exenciones negociadas.

Milei ya había planteado su objetivo de un tratado de libre comercio aun cuando eso le implicara pagar el precio de romper con sus países socios en el Mercosur. Y realizó todos los gestos diplomáticos posibles, incluyendo la incómoda abstención cuando se votó en las Naciones Unidas la situación de Ucrania.

El mensaje de Milei fue claro: alineamiento absoluto, aunque implique pagar un costo político. El mandatario argentino llegó al extremo de jactarse de un artículo del diario The New York Times que no lo deja bien parado, porque afirma que la receta para transformarse en «el presidente favorito de Trump fue la adulación continua». Y destaca que, aunque Argentina sea un país poco relevante a nivel económico o geopolítico, Milei ha conseguido posicionarlo en un rol relevante para la «batalla cultural».

Después de todos esos antecedentes -y, encima, con la carrera a contra reloj por un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional-, ningún objetivo diplomático podía ser más importante para la Cancillería argentina que conseguir una reunión bilateral entre Milei y Trump.

La entrega de una nueva condecoración de parte de la secta libertaria trumpista en la residencia de Mar a Lago fue la excusa perfecta para que viajara la primera plana del gobierno, incluyendo al ministro de economía, Toto Caputo. Se busca en simultáneo la reunión bilateral, el acuerdo comercial y el apoyo en el directorio del FMI.

¿Argentina ganó o perdió?

Ya se sabía cuál iba a ser la primera reacción en Argentina y América Latina cuando Trump publicara su tablita: las burlas y comentarios irónicos sobre lo poco productivo que le había resultado a Milei su amistad incondicional con Trump. A fin de cuentas, terminó recibiendo el mismo nivel arancelario que el resto a América Latina, un 10%.

Sin embargo, más allá de las chicanas, en el gobierno no se mostraron preocupados. Hay varios motivos para ello. El primero es que un trato desfavorable para los gigantes de la región, sobre todo Brasil, podría haber traído una consecuencia indeseada para Argentina: una inmediata devaluación del real, a modo de compensación por la competitividad perdida.

De hecho, el propio Toto Caputo había celebrado como una noticia positiva para la economía argentina el hecho de que la paridad cambiaria en Brasil haya caído desde 6,22 reales por dólar hace seis meses a 5,66 reales por dólar en la actualidad.

Se entiende la preocupación del ministro: en un momento en que la situación cambiaria argentina se está tensando al máximo y el BCRA pierde reservas a diario, lo último que necesita es que el principal socio comercial del país incurra en una devaluación que ponga más presión sobre la sobrevaluación del peso.

Además, Caputo espera usar a su favor el hecho de que Trump, en su discurso del miércoles, dijo que tan grave como la imposición de aranceles altos consideraba a las «manipulaciones cambiarias» para ganar mercados. Si hay un país que está lejos de esa estrategia en ese momento, ese es Argentina.

Tanto es así que en febrero, cuando se produjo la primera reacción del mercado global por la cuestión arancelaria, Caputo dijo que eso no lo alejaría de su receta. Lo dijo explícitamente «Siempre contemplamos la posibilidad de que haya shocks externos, como el que estamos viendo en este momento. El mejor antídoto contra esto es garantizarles a los argentinos que este gobierno nunca se va a mover un centímetro del orden fiscal y monetario que llevamos adelante desde el día 1», afirmó.

La hora de negociar

Ahora falta lo más difícil. Milei ya consiguió que, a nivel de ministros, haya un preacuerdo para que Argentina esté en ese primer listado de países amigos con acceso privilegiado al mercado estadounidense.

En la reunión que el canciller Gerardo Werthein mantuvo con el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Howard Lutnick y con el representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR), embajador Jamieson Greer.

El primer objetivo planteado es que se libere de aranceles a 50 productos, mientras que el 45% de la nómina quedará sin cambios y el resto estará sujeto a negociación. Para Argentina, Estados Unidos es el segundo destino de las exportaciones y el tercer origen de las importaciones. La balanza del año pasado arrojó ventas por u$s6.454 millones e importaciones por u$s6.226 millones.

Pero el superávit comercial a favor de Argentina fue una excepción en el marco de un año recesivo. La tónica de los últimos años ha sido una balanza favorable a EE.UU. Por caso, en 2023, un año en el que Argentina adelantó importaciones por el «efecto stockeo», el saldo de la balanza resultó favorable al país del norte en u$s2.983 millones.

Es decir, si el cálculo se hiciera estrictamente en términos de equiparación de balanza -como, según la prensa estadounidense, se realizó la nueva lista tarifaria- Argentina hasta merecería una disminución arancelaria. Pero la norma fue la de un mínimo general de 10% para empezar a negociar.

Milei prometió «readecuar la normativa de manera que cumpla con los requerimientos de las propuestas de aranceles recíprocas elaborados por el presidente Donald Trump». No dio detalles respecto, salvo por el hecho de que se avanzará en una armonización de aranceles para una canasta de 50 productos.

Pero Milei no ocultó cuál es su objetivo de máxima, que espera lograr cuando obtenga su reunión formal en la Casa Blanca: acceso libre, con arancel cero, en el comercio bilateral.

Las «pruebas de amor» que faltan

«Ya hemos cumplido nueve de los 16 requerimientos necesarios y he instruido la Cancillería y en la Secretaría de Comercio de mi país para que avancen en el cumplimiento de los requerimientos restante», agregó Milei en su discurso. No quedó en claro si se tratará de medidas administrativas o si habrá necesidad de lograr alguna aprobación parlamentaria.

Por otra parte, está el gran interrogante del Mercosur, donde Brasil -que es miembro activo del BRICS– difícilmente vea con buenos ojos el acercamiento bilateral de Argentina con Estados Unidos.

Pero eso no es todo: la «prueba de amor» más difícil que Trump le pedirá a Milei será una toma de distancia respecto de China, incluyendo el final del swap de monedas que en los últimos años reforzó las reservas del Banco Central.

Así lo adelantó un funcionario clave: el actual encargado de América Latina para el Departamento de Estado, Mauricio Claver-Carone, un viejo conocido de Argentina por haber presidido el Banco Interamericano de Desarrollo.

Redacción

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