“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida.”
Esta breve y poderosa frase del poeta mexicano Amado Nervo condensa una actitud vital que contrasta con la prisa, el desencanto y la queja que suelen dominar el discurso contemporáneo. Escrita desde la conciencia del final, la expresión no transmite resignación, sino gratitud. Es una mirada serena que reconoce el valor de la existencia incluso cuando su fin está cerca.
Las palabras fueron escritas en un contexto marcado por la enfermedad, la pérdida y la cercanía de la muerte. Sin embargo, lejos de rebelarse contra el destino, el autor opta por la bendición. El “ocaso” no debe ser interpretado como una derrota, sino como una etapa natural del ciclo vital, comparable al atardecer que, aunque anuncia la noche, todavía conserva belleza y luz.
En una sociedad que suele asociar el envejecimiento con el fracaso o la inutilidad, y en tiempos donde se glorifica la juventud permanente y se oculta la vejez, la idea propone una mirada ética distinta: agradecer lo vivido, con sus alegrías y heridas, como una experiencia completa. Bendecir la vida no implica negar el dolor, sino integrarlo en una comprensión más amplia de la existencia.
Desde una perspectiva social, estas palabras invitan a reflexionar sobre cómo enfrentamos el paso del tiempo. En un mundo obsesionado con el futuro, nos recuerda la importancia del balance y la reconciliación con lo vivido.
¿Quién fue Amado Nervo?
Amado Nervo (1870-1919) fue uno de los poetas más destacados del modernismo. Nació en Tepic, Nayarit (México), y tras la muerte temprana de su padre, su vida estuvo marcada por dificultades económicas que marcaron su sensibilidad literaria y espiritual. Inició estudios religiosos en su juventud, experiencia que dejó una huella profunda en su obra.

Luego de abandonar sus estudios sobre religión, se dedicó al periodismo y la literatura. Colaboró en importantes revistas y diarios de México y América Latina, para consolidarse como una de las voces más reconocidas de su tiempo.
Nervo evolucionó desde una poesía de gran cuidado formal hacia una escritura más íntima, reflexiva y espiritual. Obras como Perlas negras, Serenidad, La amada inmóvil y Plenitud reflejan su preocupación por el amor, la fe, el dolor y el sentido de la vida.
Además de su labor literaria, fue diplomático y representó a México en países como España, Argentina y Uruguay, donde falleció.

