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viernes, abril 4, 2025

¿Qué universidad necesita Bahía Blanca después del desastre?

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1. El desastre del 7 de marzo

El 7 de marzo, Bahía Blanca sufrió una catástrofe sin precedentes debido a una lluvia de 400 mm en menos de 24 horas, lo equivalente a más del 60% de las precipitaciones promedio de un año entero. La ciudad colapsó: calles convertidas en ríos, desbordes de canales y arroyos, puentes derrumbados e inundaciones con agua contaminada.

El desastre afectó a dos tercios de la población (más de 230.000 personas),dejó 16 muertos y agravó la situación de 50.000 bahienses en condiciones de indigencia y 10.000 sin acceso a servicios básicos. En zonas como Ingeniero White y General Cerri, el agua superó la altura de las personas, obligándolas a refugiarse en techos por hasta 72 horas. La magnitud de los daños y el rol del Estado, que nunca puso por delante las necesidades de las mayorías, nos permiten afirmar que se trata de un crimen social.

Mientras las calles siguen llenas de basura y los daños estructurales son incalculables, se gestó un movimiento inédito de solidaridad vecinal en las semanas más duras dónde aún no volvían a todos lados el agua, la luz y el gas.

Las zonas más afectadas fueron General Cerri, Ingeniero White y Tierras Argentinas. Estas son también las zonas más precarizadas.

No es el primer temporal que azota la zona: hace menos de un año sufrimos una tormenta caracterizada por ráfagas de más de 150 km/h que se cobraron 13 muertes. Este mismo verano cayó granizo que provocó destrozos alarmantes. Cuando el cielo se torna oscuro de golpe y caen las primeras gotas la gente se apura a refugiarse donde puede y hasta los autos se suben a la vereda buscando el reparo de algún alero. Todo el mundo sabe qué hay detrás de este fenómeno cada vez más recurrente: estamos sufriendo las primeras consecuencias del cambio climático, y vino para quedarse.

Esto no sólo se sabe coloquialmente, sinó que hay múltiples estudios interdisciplinares que ya advertían la eventualidad de esta catástrofe. Si se sabía con tanta firmeza que este desastre no sólo era posible sino que era probable en el futuro cercano: ¿por qué los estudios que podían prevenir esto fueron ignorados?

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2. No fue un fenómeno aislado ni imprevisible

Zapperi y Lambrecht (UNS 2014, UTN 2018) probaron cómo esta zona lleva décadas siendo sede de eventos de precipitaciones excesivas. Un estudio del grupo ESTIMR del Laboratoire des Sciences du Climat et de l’Environnement (Institut Pierre Simon Laplace) en París-Saclay sostiene que lo que pasó en Bahía fue producto del cambio climático que hizo a la región un 7% más húmeda que antes.

2024 fue el año más cálido en el último tiempo, y se estableció que la temperatura promedio ha aumentado 1,5ºC respecto a niveles preindustriales. El cambio climático implica un aumento de la temperatura a nivel global, pero en escalas más pequeñas puede manifestarse de manera más variada y asimétrica. El calor derrite los polos, lo que envía corrientes de aire frío que producen inviernos más gélidos en algunas zonas. Mientras que algunos territorios se vuelven más húmedos, otros se desertifican. Todos los fenómenos climáticos se vuelven más intensos: lo que antes llovía a lo largo de todo un año ahora llueve en una sóla ocasión y todo de golpe.

Tampoco es un fenómeno aislado: el cambio climático es una preocupación internacional, y el deterioro de los suelos dificultando la reabsorción de agua es inherente al modelo ganadero de Argentina en su totalidad. Es abiertamente sabido que no podemos seguir sosteniendo el mismo esquema productivo a largo plazo, pero el capitalismo que prioriza ante todo la maximización de ganancias a corto plazo nos impide pensar en alternativas. Lo utópico no sería entonces implementar un sistema diferente, sino sostener indefinidamente el mismo sistema que el planeta ya nos indica que no puede aguantar.

El capitalismo es un sistema irracional porque no es capaz de poner sus recursos a disposición de problemáticas como esta, y elige “fingir demencia” con afanes negacionistas. Es muy eficiente a la hora de construir inteligencias artificiales que permitan a sus usuarios crear imágenes a partir de dibujitos y copiarse en sus exámenes de secundaria, pero se cae rotundamente cuando hay que apagar incendios forestales de emergencia grave, ya sea en California o en la Patagonia.

Los incendios en la Patagonia y la inundación en Bahía Blanca son dos consecuencias de la misma causa.

El año pasado fue internacionalmente un año plagado de catástrofes, y la misma semana que ocurrió la catástrofe en Bahía Blanca también se inundaban ciudades en Francia e Italia.

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3. Las prioridades de quienes gobiernan la UNS

La inundación agarró desprevenido al gobierno municipal, que no contaba con ningún protocolo para una emergencia de este nivel. El intendente Federico Susbielles, políticamente vinculado al peronismo conservador, a Cristina Fernández y a la gestión del puerto bahiense, priorizó abiertamente la puesta en funcionamiento del polo petroquímico y la bahía. Con estos estándares midió la “vuelta a la normalidad” de la ciudad mientras los sectores más amplios no contaban aún con un colchón propio sobre el cual dormir.

Bahía Blanca se ha pensado históricamente desde la productividad, con una zona industrial hiperdesarrollada alrededor del puerto y el polo petroquímico. Quienes habitamos la ciudad somos ciudadanos de segunda atrapados en una matriz de producción de valor que nos envenena.

A los vecinos de Ingeniero White, cuyo pueblo es aledaño al polo, les han robado con derrames petroleros la tradición pesquera con la que se sustentaron durante generaciones. Lejos de ser beneficiarios de cualquier derrame de riquezas, el agua cloacal les subió hasta el cuello y tuvieron que salvarse ellos mismos de la catástrofe. Mientras trapean a la vereda el barro acumulado en sus casas vacías, la chimenea industrial sigue ardiendo de fondo, monumento a la indiferencia.

Los índices de asma en la zona bahiense son más altos que el promedio.

La falta de inversión en infraestructura se cobró sus muertos en la inundación, y ahora parece que todos los esfuerzos de reconstrucción van orientados hacia la producción industrial que beneficia a unos pocos. Milei y Bullrich vinieron a echar un breve vistazo a los destrozos, agasajados por Susbielles que parecía más preocupado por la tensión interna entre su gestión local y la de Kicillof en Provincia, y repudiados por la población más afectada por la catástrofe.

Dejada en segundo plano frente al polo petroquímico, la propia Universidad Nacional del Sur tuvo que abrir ahora una campaña de donaciones para que los propios estudiantes, y todos quienes deseen donar, financien su reparación. Coexisten dos Bahía Blancas: la ciudad industrial y la ciudad estudiantil, donde 1 de cada 5 habitantes está vinculado directa o indirectamente a la UNS, referente icónico de miles de jóvenes que vienen del sur argentino a estudiar cada año. Está claro qué Bahía Blanca les importa a quienes gobiernan.

Aún así, la UNS juega un papel clave en la articulación de la ciudad con el puerto y el polo petroquímico. ¿Cómo se ve una universidad construida en función de una industria? ¿Qué papel juega la UNS en todo esto?

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4. La universidad al servicio del capital

La UNS se funda en 1956 con el objetivo de profundizar la formación industrial que proveía el Instituto Tecnológico del Sur. Desde sus primeros años, con las carreras de Ingeniería Industrial y Química Industrial a la cabeza, se constituye como una fuente permanente de profesionales para los principales focos económicos de la ciudad: el Polo Petroquímico y el Puerto. En el presente, las carreras de Ingeniería Industrial, Ingeniería Química, la Tecnicatura Universitaria en Operaciones Industriales y la Tecnicatura Universitaria en Sistemas Electrónicos Industriales Inteligentes son carreras orientadas a que sus egresados puedan dirigirse a trabajar en el Polo Petroquímico mediante un sistema de pasantías gratuitas.

En 2023 el Consejo Superior Universitario aprobó la reapertura de la licenciatura en Trabajo Social, que fue cerrada durante la dictadura y se demuestra de máxima necesidad viendo la precariedad de las condiciones de vida de miles de niños y niñas bahienses en edad escolar. Después de un año y medio todavía no está en funcionamiento el presupuesto reglamentario para abrir cargos, mientras en tiempo récord se aprobó y puso en funcionamiento la Diplomatura en Asistente de Perforación.

En 2019 Profertil (a la que los vecinos denuncian por no abrir las compuertas, empresa sancionada en 2021 por emisión de humo negro y señalada por los pescadores de White por responsabilidad en la contaminación de la ría) anunció que iba a auspiciar la Tecnicatura Universitaria en Operaciones Industriales para “continuar fortaleciendo las relaciones de cooperación y asistencia técnica”.

En septiembre de 2024 la UNS junto a CEOs de WTech, YPF, Instituto Argentino del Petróleo, Dow, Trafigura, Techint, TGS, Pampa Energía, Rystad Energy, Compañía Mega, Grupo Bahía Energía y el auspicio de la UTN organizaron un debate público para abrir la colaboración entre la UNS y estos sectores. Las prioridades de las autoridades son evidentes: en este workshop el rector de la Universidad, Daniel Vega, sostuvo que “Es una iniciativa realmente importante no sólo para tener un contacto cercano con una problemática importante que está atravesando nuestra sociedad, como la demanda y la producción de energía, sino que este workshop tiene como interés vincularnos fuertemente con todo lo que tiene que ver con el océano, aunque tenemos toda nuestra plataforma submarina prácticamente inexplorada y no explotada desde el punto de vista energético”.

Se trata, sin disimulo, de una exhortación a utilizar los recursos materiales e intelectuales de la UNS para la explotación del petróleo offshore en un territorio asediado por la contaminación, que ya es un problema estructural para las familias de Ingeniero White. Esta reafirmación de los intereses extractivistas por parte de la Universidad se comprueba económicamente cuando identificamos que uno de los convenios de pasantías profesionales supervisadas que mantiene es con la empresa Oiltanking, responsable de los múltiples derrames de petróleo en la ría durante 2024. Junto a ella y entre más de 50 otras, los estudiantes trabajan gratis en la Bolsa de Cereales, Oleaginosas, Frutos y Productos de Bahía Blanca, ALIBA, MEGA, Consorcio de Propietarios del Parque Industrial de Bahía Blanca, TGS, UNIQUIM S.R.L., Petrobras y el Polo Tecnológico Bahía Blanca.

En la muestra EmpleoUNS las megaempresas locales buscan estudiantes para pasantías gratuitas.

En medio del histórico reclamo por presupuesto universitario que en 2024 tuvo una nueva edición con dos enormes marchas educativas y dos tomas del departamento de Humanidades, es urgente poner en discusión no solamente la cantidad de recursos que necesita la universidad sino dónde van a dirigirse. La relevancia de la educación y la ciencia públicas se puso en evidencia una vez más con la cantidad de investigaciones producidas en los departamentos de Geografía y Turismo (2023, 2021, 2016), Ingeniería (2016), CONICET (2012) y la UTN (2018) respecto al estado del suelo en la zona y su capacidad de reabsorción del agua como producto del monocultivo, la especial peligrosidad en la zona de Cerri y, principalmente, la necesidad de la construcción de diques y nuevas redes de drenaje a la altura del cambio climático que amenaza con hacer de este tipo de fenómenos una constante. Sin embargo, todas estas investigaciones se sostuvieron con el financiamiento de los organismos públicos en franco retroceso durante la última década. Los recursos de la universidad se dirigieron explícitamente hacia la explotación offshore y las pasantías en el Polo Petroquímico, pero le dieron la espalda a las investigaciones que preveían la gravedad de las inundaciones como problema recurrente en Bahía Blanca.

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5. ¿Para qué universidad luchamos?

El rector y las autoridades quieren una Universidad moldeada por los intereses de las empresas, de cuyas ganancias las familias de Bahía, White y Cerri no vemos un peso. Seguimos exigiendo un presupuesto universitario que permita abrir más y mejores cursos y pagar sueldos docentes y no docentes que alcancen para vivir, pero no vamos a aceptar que la plata para la UNS provenga de sectores privados que incesantemente extraen el conocimiento que producimos y los recursos naturales dejando a su paso contratos basura y contaminación. Se trata de un modelo donde ni siquiera los propios profesionales que egresan de nuestras sedes definen para qué usar su conocimiento, sino solamente las empresas, en las que muchas veces terminan trabajando por presentarse como la única opción para llegar a cubrir una canasta universitaria que en marzo de 2025 llegó a $743 mil.

La Universidad donde cada empresa del Parque Industrial tiene su puesto en las jornadas de Empleo UNS mientras miles de egresados de carreras “menos rentables” vivimos de changas que no tienen nada que ver con lo que estudiamos o tenemos que volver a nuestros pueblos porque no conseguimos trabajo no va más. Necesitamos un financiamiento universitario sin condicionamientos empresariales. La lucha por presupuesto para la educación y la ciencia sigue abierta, y es fundamental para no quedar atados a los lineamientos de las empresas.

Cuando participamos del trabajo voluntario durante los primeros días y colaboramos con la Posta de Salud y Cuidado de Bahía Blanca conocimos otra mirada posible sobre qué tipo de profesionales queremos ser. La solidaridad en los barrios habla de una alternativa a este modelo en el que parece que sólo podemos elegir entre que nos explote Profertil o el desempleo. Si invertimos las prioridades y emerge esa otra Bahía, la solidaria, la de profesionales al servicio de la necesidad popular, podemos no solamente pensar una genuina reconstrucción de la ciudad, sino también un futuro laboral totalmente novedoso.

La Posta de Salud y Cuidado que usualmente actúa en represiones fue armada en los barrios más afectados para ayudar a los vecinos donde el Estado no llega.

La amenaza que implica el cambio climático nos plantea una disyuntiva urgente: o terminamos con el modelo donde las ganancias empresariales son prioritarias o quedamos cada vez con menos herramientas para enfrentar nuevas crisis. Vecinos y vecinas de la zona nos contaban cómo después del temporal de diciembre de 2023 fue mucho más difícil rearmar sus hogares, y quedaron mucho más vulnerables frente a la actual inundación. Para los de abajo está claro cuál tiene que ser el siguiente paso: no reactivar en primera instancia el Polo Petroquímico, como aseveró el intendente Susbielles, sino resolver la crisis sanitaria, climática y habitacional. Los conocimientos que producimos en las universidades pueden hacer la diferencia en esta resolución si se orientan a las necesidades de las mayorías.

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Necesitamos una Universidad que tenga planes de estudio planeados por quienes estudiamos y trabajamos ahí y por la comunidad bahiense, no por las empresas. Los rectores aliados a las corporaciones, que trataron de bloquear las clases públicas en pleno conflicto educativo y que negociaron con Milei desoyendo la exigencia de una tercera marcha educativa por un mayor presupuesto no pueden seguir siendo los que marquen cuáles son nuestras prioridades. Democratizar la Universidad es hacerla accesible a sectores que hoy quedan por fuera de ella, pero también es que la mayoría estudiantil tenga voz y voto para definir hacia dónde va la universidad.

Las alternativas que emergen desde abajo ponen en cuestión el individualismo de nuestra época, donde este mismo modelo de conocimiento es el que promueve que hagamos la carrera en tiempo récord sin involucrarnos en las demandas sociales que nos rodean, y así deja afuera de las aulas a trabajadores y habitantes de las zonas más precarias de la ciudad. Y también tienen el potencial de cuestionar el presente modelo productivo, que liquida el planeta en función de la ganancia de unos pocos. Esta situación exige que construyamos una fuerza alternativa de estudiantes independientes de las autoridades de la UNS que se una a los reclamos de nuestros docentes y no docentes, pero también a los de vecinos y vecinas de Bahía, White y Cerri.

La crisis socioambiental requiere que nos organicemos en todos nuestros lugares de trabajo y estudio y que impulsemos la movilización por la reconstrucción de la ciudad, el resarcimiento económico a los afectados y la lucha por una forma de producir que no destruya el ambiente. Se vuelve más necesaria que nunca la conformación de comités de trabajadores, vecinxs y especialistas de la UNS y la UTN, donde los profesionales vuelquen sus conocimientos a las zonas afectadas.

La Posta de Salud y Cuidado es un ejemplo concreto, donde estudiantes y trabajadorxs de la salud brindan atención sanitaria y psicosocial a quienes lo necesitan. Siguiendo esta pequeña muestra, los ingenieros podrían planificar obras hídricas que contengan el curso del agua para evitar nuevas inundaciones sin que implique daños irreparables para el ecosistema, o los arquitectos e ingenieros civiles podrían pensar un nuevo plan de viviendas que resuelva la crisis habitacional preexistente y atienda a la actual demanda. O, sin ir más lejos, que los trabajos que ya realizaron estudiantes e investigadores del Departamento de Geografía de la UNS sean considerados por los distintos gobiernos como posibles planes de acción y no sólo estudios que quedan archivados en un repositorio. El potencial que puede liberarse con la inversión de las prioridades de las universidades sólo se expresó de manera germinal, pero nos muestra que es posible generar un conocimiento que tenga la necesidad social como su principal preocupación.

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Redacción

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