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Rayos UV: cuáles son los riesgos reales para la piel y cómo protegerse correctamente en verano

Durante el verano, la exposición al sol aumenta de forma considerable, especialmente en vacaciones, días de playa o actividades al aire libre. Sin embargo, muchas veces se subestiman los riesgos reales de los rayos ultravioleta (UV) y la importancia de proteger la piel de manera adecuada.

Los rayos UV forman parte de la radiación solar y se dividen principalmente en UVA y UVB. Los primeros penetran profundamente en la piel y están asociados al envejecimiento prematuro, mientras que los segundos son los principales responsables de las quemaduras solares. Ambos pueden causar daños acumulativos a largo plazo.

Uno de los efectos más visibles de la exposición excesiva al sol es el enrojecimiento y la quemadura, pero no es el único. Con el tiempo, los rayos UV pueden provocar manchas, pérdida de elasticidad, arrugas y un mayor riesgo de desarrollar lesiones cutáneas. La exposición repetida sin protección también incrementa el riesgo de cáncer de piel.

Un error frecuente es creer que solo hay que cuidarse en la playa o la pileta. En realidad, los rayos UV afectan incluso en días nublados y durante actividades cotidianas como caminar, manejar o hacer deporte al aire libre. Además, superficies como el agua, la arena y el cemento reflejan la radiación, aumentando la exposición.

La protección solar es la herramienta principal para reducir estos riesgos. Usar protector con un factor de protección solar (FPS) de 30 o más es fundamental, aplicándolo al menos 20 minutos antes de exponerse al sol. También es importante reaplicarlo cada dos horas y después de nadar o transpirar, incluso si el producto es resistente al agua.

Otro punto clave es la cantidad de producto. Aplicar poco protector reduce notablemente su efectividad. Para cubrir correctamente el cuerpo de un adulto se recomienda una cantidad generosa, prestando atención a zonas que suelen olvidarse como orejas, cuello, empeines y manos.

Además del protector solar, la protección física cumple un rol importante. Usar sombreros de ala ancha, anteojos de sol con filtro UV y ropa liviana de mangas largas ayuda a disminuir la exposición directa. Buscar sombra, especialmente entre las 11 y las 16 horas, cuando el sol es más intenso, es otra medida efectiva.

La hidratación también es clave. El calor y el sol pueden resecar la piel, por lo que tomar agua con frecuencia y usar cremas hidratantes después de la exposición ayuda a mantenerla saludable.

Protegerse de los rayos UV no implica dejar de disfrutar del verano, sino hacerlo de manera consciente. Incorporar hábitos simples de cuidado permite prevenir daños a corto y largo plazo, manteniendo la piel sana y protegida durante toda la temporada.

Redacción

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