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jueves, febrero 22, 2024

Republicanos urgen al gabinete de Biden a que lo inhabilite como presidente después de que se cuestionase su memoria

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La edad de Joe Biden y su presunta pérdida de facultades se ha convertido inesperadamente en el centro de la campaña presidencial de Estados Unidos, después de que el fiscal especial Robert Hur, que investigó la sustracción de documentos oficiales por el jefe del Estado y del Gobierno del país concluyera que no hay motivos para acusarle de haber cometido un delito pero salpimentara su informe de 357 páginas con nueve referencias a la mala memoria del presidente.

El sector más ‘trumpista’ de la oposición republicana ha visto el informe de Hur como una nueva fuente de munición contra Biden. “Merrick Garland (el fiscal general) tiene el deber de invocar la 25 enmienda ante sus compañeros del gabinete. O procesar a Biden. Si no lo va a procesar, entonces que invoque la 25 ahora”, ha dicho el senador Josh Hawley en su cuenta de X.

La enmienda 25 de la Constitución de Estados Unidos contempla que miembros del gabinete puedan apartar al presidente de sus funciones en caso de que le consideren incapaz de desempeñar los poderes y deberes del cargo, informa Efe. En caso de que eso sucediese, la actual vicepresidenta, Kamala Harris, sería quien asumiría la Presidencia hasta las próximas elecciones de noviembre.

La representante republicana Claudia Tenney, por su parte, también envío una carta el jueves a Garland solicitando que invoque la enmienda 25 en el gabinete.

El documento del fiscal llega en una semana en la que la oposición se ha autoinfligido una serie de derrotas políticas de primer orden. Los líderes republicanos de la Cámara de Representantes no han logrado que sus propios legisladores voten a favor del ‘impeachment’ del secretario de Seguridad Interior, Alejandro Mayorkas, y han fracasado en su intento de aprobar un paquete de ayuda militar a Israel que hubiera supuesto en la práctica anular cualquier tipo de entrega de armas ahora o en el futuro a Ucrania.

En el Senado, los republicanos han acabado votando en contra del refuerzo del control de la inmigración que ellos mismos llevaban exigiendo desde hacía cinco meses. Y esos fracasos han sido aprovechados por los demócratas para dar impulso a la ayuda a Ucrania, a la que se opone gran parte del liderazgo republicano debido a sus simpatías hacia Vladimir Putin.

En medio de ese desastre, ha llegado el informe de Hur, que se describe a Joe Biden como “un agradable anciano con buenas intenciones y mala memoria”, que, al ser entrevistado como parte de la investigación, “no recordaba cuándo había sido vicepresidente”, ni tan siquiera el año en el que falleció su hijo Beau, cuya muerte por cáncer en mayo de 2015 fue un durísimo golpe psicológico para él. Así que no vale la pena juzgarlo por la sustracción de documentos secretos, porque un jurado “lo contemplaría con simpatía”.

Dado que el presidente debe dejar el cargo para ser responsable desde el punto de vista legal, “sería difícil convencer a un jurado de que le condenara -para entonces, sería un ex presidente bien entrado en la octava década de vida- de un crimen grave que requiere [para ser cometido] un estado mental capaz de realizar acciones de manera intencionada”.

Otro de los elementos que Hur cita, pero al que nadie parece haber prestado atención, es el hecho de que el mal uso de la información clasificada realizado por el presidente republicano Ronald Reagan crea un precedente legal que hace muy difícil imputar a otro jefe de Estado y de Gobierno, salvo que éste se haya llevado altos secretos de Estado y los haya mostrado a terceras personas después de almacenarlos en lugares públicos, como es el caso de Donald Trump. Paradójicamente, el juicio penal contra Donald Trump está siendo aplazado una y otra vez, gracias a la actitud, muy favorable al acusado, de la jueza del caso, Eileen Cannon.

El informe de Hur, que ocupó un alto cargo en el Departamento de Justicia con Donald Trump, es una exoneración legal pero una condena política de primer orden, debido al ensañamiento con el que el fiscal especial, que fue nombrado por el propio fiscal general (cargo equivalente al de secretario de Justicia en España) de Biden, Merrick Garland se ceba en el gran talón de Aquiles del actual mandatario: su supuesta pérdida de facultades mentales. Y lo hace de una manera tal que la conclusión lógica sería abrir el proceso de inhabilitación de Biden, que cumplió 81 años hace poco más de dos meses.

El resultado ha sido una tormenta política que ha caldeado el ya de por sí hirviente clima político de Estados Unidos. El propio Biden dio una rueda de prensa para contradecir a Hur, en la que el presidente, siguiendo sus instintos políticos, se enzarzó en una disputa verbal con los periodistas en la que volvió a cometer otro patinazo, cuando se refirió al dictador de Egipto, Abdel Fatah al-Sisi, como “presidente de México”. Ni queriendo podría haberlo hecho peor.

Hur lleva su informe a un terreno personal muy inusual en estas investigaciones. Nada menos que nueve veces se centra en la memoria de Biden, que califica como “borrosa”, “con limitaciones significativas”, “limitada”, “mala”, y “peor”. El informe entra en el terreno personal cuando afirma que Biden “no era capaz de recordar ni tan siquiera el año aproximado en que su hijo Beau murió”.

En su comparecencia, a las ocho de la noche, una hora en la que los estadounidenses ya han cenado, Biden puso de vuelta y media a Hur. “¿Cómo demonios se atreve a sacar eso? ¿No necesito que nadie me diga cuándo falleció”, declaró un furioso Biden. “Tengo buenas intenciones, soy un anciano, y sé qué diablos estoy haciendo. Soy el presidente y he puesto a este país en pie otra vez. No necesito su recomendación”, dijo Biden en referencia al informe de Hur.

La Casa Blanca ya había replicado al fiscal especial el lunes, antes de que se hiciera público el documento, cuando le envió una carta en la que afirmaba que “no creemos que el tratamiento [que da el informe] a la memoria del presidente Biden sea exacto ni adecuado“, especialmente en un informe oficial de un fiscal especial. La oficina del presidente insinúa un doble rasero, ya que Hur acepta sin mayores problemas que uno de los abogados de Biden, John McGrail, “tenga una memoria borrosa” respecto a sucesos que acaecieron ocho años de ser interrogado, mientras que Biden queda con un anciano senil.

Las acusaciones de Hur llegan cuando Biden sigue confundiendo nombres casi a diario. El fin de semana dijo que el presidente francés es François Mitterand -que falleció en 1996- y no Emmanuel Macron. Otras meteduras de pata gloriosas son liar Mariupol -en Ucrania, escenario de un feroz cerco por los invasores rusos en 2022- con Faluya -en Irak, en la que los invasores y quien impuso el cerco fue EEUU-. Pero no son nuevas. Ya en 2008, Biden pidió en un mitin a un parapléjico que se levantara, y dos años más tarde pronunció un elogio funerario de una persona que estaba viva. Ese mismo año, Biden dio un discurso tan ininteligible que el entonces presidente, Barack Obama, que habló a continuación, arrancó diciendo: “No sé de qué hablaba Joe, lo que no es inusual”. En 2018, Biden admitió: “Soy una máquina de meter la pata”.

El rival de Biden, Donald Trump, de 77 años, también tiene su historial de despistes, que le han abierto un flanco vulnerable a los ataques de su rival en la nominación republicana, Nikki Haley. En las últimas semanas ha confundido a la mujer a la que violó, E. Jean Carroll, con su segunda esposa, Marla Maples; a Biden con Obama; a Obama con Hillary Clinton; a Haley con la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi; a Hungría con Turquía; y a la Segunda Guerra Mundial con la Tercera (que todavía no ha empezado).

Durante su presidencia, Trump liaba a los directivos con el nombre de sus empresas, lo que le llevó a llamar a Marillyn Hewson, entonces consejera delegada del gigante de la defensa Lockheed Martin, “Marillyn Lockheed”, y al de Apple, Tim Cook, “Tim Apple” (Cook reaccionó con humor e incluso cambió su nombre en la red social Twitter). Trump también creó el país africano de “Nambia”, presumiblemente situado en algún lugar entre Namibia y Zambia.

En la historia de EEUU no es inusual que el presidente esté debilitado física o mentalmente. Ronald Reagan empezó a sufrir los efectos del Alzheimer en los últimos dos años de su mandato. Richard Nixon se agarraba unas borracheras literalmente de caerse en la Casa Blanca. John F. Kennedy sufría una enfermedad crónica que limitaba sus capacidades físicas y le obligaba a usar cortisona, una hormona que puede alterar la personalidad.

Woodrow Wilson, que dirigió el país durante la Primer Guerra Mundial, estuvo prácticamente sin gobernar en el último año de su presidencia, después de haber sufrido una trombosis que le dejó semiparalizado, y que hizo que durante semanas estuviera encerrado en la Casa Blanca y solo recibiera visitas de su esposa y su médico, mientras las grandes potencias decidían el orden mundial después de la paz en Europa.

 

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