El encarecimiento del crudo por el conflicto en Medio Oriente presiona la inflación y las cuentas públicas en la región. Gobiernos desde Panamá hasta Chile intentan evitar el regreso de subsidios a los combustibles, pero el aumento de precios ya genera tensiones políticas y sociales.
El fuerte aumento de los precios internacionales del petróleo provocado por la guerra entre Estados Unidos e Irán comienza a tener consecuencias directas en América Latina, donde varios gobiernos alineados políticamente con Washington enfrentan ahora presiones inflacionarias, tensiones fiscales y creciente malestar social.
Desde Panamá hasta Chile, autoridades han optado inicialmente por pedir a la población que soporte las subidas del precio de los combustibles en lugar de reintroducir subsidios generalizados, un instrumento que durante años fue común en la región pero que muchos gobiernos consideran hoy fiscalmente insostenible.
Sin embargo, la estrategia empieza a enfrentar resistencia social. En muchos países, los ciudadanos recuerdan que durante crisis anteriores los Estados intervinieron con mayor fuerza para amortiguar el impacto del encarecimiento energético.
El alza del petróleo está directamente vinculada al conflicto en Medio Oriente, que ha disparado la cotización del crudo Brent más de un 50% desde el inicio de la guerra hace casi un mes. Aunque América Latina se encuentra lejos del Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo afectado por la crisis, la región sigue siendo vulnerable a la volatilidad global de los precios.
Una región exportadora, pero dependiente
Pese a que países como Brasil y México son importantes productores de petróleo, América Latina en su conjunto importa más combustibles fósiles de los que produce. Gran parte de esos suministros proviene de la costa del Golfo de Estados Unidos, pero los precios siguen estando vinculados a las referencias internacionales.
Esto significa que incluso economías petroleras se ven afectadas cuando los precios suben abruptamente.
Argentina, entre reformas y presión inflacionaria
En Argentina, el presidente Javier Milei había iniciado una profunda reforma del sistema energético tras asumir el poder en 2023, eliminando gran parte de los subsidios a los combustibles que durante años distorsionaron los precios.
Desde entonces, el precio de la gasolina se multiplicó por seis. Pero el nuevo shock energético amenaza con complicar la estrategia económica del gobierno.
Los precios de la gasolina han subido otro 15% desde comienzos de marzo, según datos de la Universidad de Buenos Aires. Para contener el impacto, el gobierno decidió flexibilizar las reglas sobre la mezcla de etanol —reduciendo la exposición al petróleo— y suspender el aumento del impuesto a los combustibles previsto para el próximo mes.
Aun así, el aumento de los costos energéticos pone presión sobre la principal promesa económica de Milei: reducir la inflación, que todavía ronda el 33% anual.
Panamá retrocede ante la presión social
En Panamá, el presidente José Raúl Mulino había rechazado inicialmente la posibilidad de reintroducir subsidios, recordando que el congelamiento de precios aplicado en 2022 fue un “desastre”.
“Panamá va a pagar el precio que hay que pagar”, afirmó en un primer momento.
Pero la postura duró poco. El 25 de marzo, su gobierno anunció límites a las tarifas del transporte público, a los precios del gas de cocina y a las tarifas eléctricas residenciales, además de preparar nuevas medidas para contener el costo de alimentos y fertilizantes.
Exportadores también enfrentan presiones
En Ecuador, el presidente Daniel Noboa ha mantenido un esquema de ajustes graduales para acercar los precios internos a los niveles internacionales. Aunque el país se beneficia de mayores ingresos por exportaciones de crudo, también paga más por combustibles refinados que debe importar para cubrir la demanda interna.
La administración analiza ahora si extender subsidios al transporte público sin ampliar aún más el déficit fiscal.
Inflación en aumento en las principales economías
El impacto también se siente en las mayores economías de la región.
En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva optó por reducir impuestos sobre los combustibles para amortiguar el impacto en los consumidores. La medida busca evitar tensiones sociales en un año electoral, especialmente ante el recuerdo de las paralizantes huelgas de camioneros de años anteriores.
Sin embargo, la inflación sorprendió al alza a comienzos de marzo, evidenciando cómo el encarecimiento energético se filtra rápidamente en toda la economía.
En México, la petrolera estatal Pemex enfrenta crecientes dificultades para sostener subsidios a los combustibles, muchos de los cuales son importados. Funcionarios del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum temen que un conflicto prolongado termine deteriorando las cuentas fiscales.
Tensiones políticas en Chile
En Chile, el gobierno del presidente conservador José Antonio Kast enfrenta críticas tras permitir fuertes aumentos en el precio de los combustibles, que en algunos casos alcanzaron subidas de hasta 54%.
Para llenar un tanque de 50 litros de gasolina de 93 octanos, los consumidores deben pagar ahora cerca de 15% del salario mínimo mensual, lo que ha comenzado a generar protestas.
El ministro de Hacienda chileno, Jorge Quiroz, defendió la decisión señalando que el gobierno no tiene margen fiscal para absorber el shock energético.
“Tengo toda la empatía del mundo”, afirmó. “Mi empatía proviene de la verdad”.
Un riesgo político recurrente
El aumento del precio del combustible históricamente ha sido un detonante de crisis políticas en la región. Analistas advierten que el contexto actual podría reactivar ese patrón.
“Las subidas del precio del combustible a menudo derrocan gobiernos”, señaló Patricio Navia, politólogo de la Universidad de Nueva York.
Con la guerra en Medio Oriente aún lejos de resolverse y los precios del petróleo en niveles elevados, el desafío para los gobiernos latinoamericanos será equilibrar disciplina fiscal, estabilidad económica y presión social en un escenario cada vez más volátil.

