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Roman Krznaric, filósofo australiano: “Pensar que nada puede cambiar es una ideología peligrosa”

El filósofo australiano Roman Krznaric, autor de Historia para el mañana, considera que la humanidad se ha encontrado otras veces en el pasado en una encrucijada y advierte contra el fatalismo y la idea de que no vale la pena luchar porque es imposible cambiar las cosas.

El filósofo australiano Roman Krznaric, autor de Historia para el mañana.

«Pensar que nada puede cambiar es la ideología política más peligrosa que puede existir», afirma en una entrevista el escritor, que ofrece una mirada esperanzada sobre un futuro alternativo, tomando como argumentos de peso ejemplos de épocas pasadas en las que los seres humanos fueron capaces de esquivar lo peor.

Krznaric (Sidney, 1970), fundador del cuerpo docente de The School of Life en Londres y asesor en temas de empatía para organizaciones como Oxfam y Naciones Unidas, defiende que es clave que apartemos la mirada del teléfono móvil y nos organicemos como colectividad, dejando a un lado el individualismo.

Nada es inevitable

«Una de las cosas que realmente he intentado demostrar con el libro, y no sé si he tenido éxito o no, es que nada es inevitable hasta que sucede, y que incluso en las circunstancias más difíciles, el cambio puede suceder», defiende.

En ese sentido, Krznaric pone el ejemplo del colonialismo británico en la India. «Seguro que los que se alzaron por la independencia india debieron pensar en muchos momentos que aquello era imposible, que nunca derrocarían el imperio burocrático, pero actuaron como si pudieran lograrlo. Y las palabras motivadoras son poderosas», señala.

«Y, de nuevo, lo que he intentado hacer en el libro es decir: mira, sé que podría parecer que no podemos vencer a las compañías de combustibles fósiles, ni a Elon Musk, Vladimir Putin o Donald Trump, pero a lo largo de la historia lo hemos logrado. Y otras veces, es verdad, hemos fracasado», añade.

A propósito de la dificultad de movilizar a una sociedad cada vez más dormida e imbuida en el aislante mundo de las redes sociales, recuerda que ha habido muchos momentos en la historia en los que personas que vivían con ciertas comodidades aún así pasaron a la acción. «Los movimientos sociales en EE.UU. contra la guerra de Vietnam, por ejemplo», dice.

Para el filósofo, el mayor argumento debería ser asimismo responder a la generación que estará viva en 2100 y que ya ha nacido. «¿Vamos a dejar que sepan que pudimos cambiar las cosas pero no lo hicimos, que simplemente, nos dimos por vencidos?».

Más esperanzado que optimista

A propósito del futuro de la humanidad, que científicos como el británico Stephen Hawking pusieron en su día en duda por el cambio climático y la inteligencia artificial, Krznaric llama a usar el pasado como «manual» para el futuro.

«No soy optimista, creo que nuestras sociedades se dirigen a la autodestrucción ecológica y tecnológica. Y cuando estas semanas se escucha hablar al presidente de EE.UU., Donald Trump, sobre Groenlandia, menos. Pero en cambio sí albergo esperanza«, reflexiona.

«La esperanza trata de estar comprometida con los valores y la visión que tienes, incluso si las posibilidades de éxito no son grandes, pero las hay», argumenta el filósofo, para quien el desarrollo de la IA será crítico para las posibilidades de supervivencia humana.

Para Krznaric, el problema con la IA «es que no sabemos cómo controlarla». «Es como si hubiéramos despegado en un avión y solo ahora que estamos en el aire hubiéramos empezado a hablar sobre cómo aterrizar, cómo mantenernos seguros», explica.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, se dan la mano en agosto de 2025. REUTERS/Kevin Lamarque

Más allá, apunta que la IA y la tecnología, en general, alimentan aún más el cambio climático y la extracción intensiva de minerales como los que hacen falta para los teléfonos móviles y ordenadores.

«En cada teléfono hay materiales raros y la mitad de los elementos de la tabla periódica. Y todo ello para que haya quien se cambia el terminal cada dos años. Es otra faceta más del coste de la IA, que no solo es humano», añade.

Krznaric llama en medio de la distopía tecnológica a volver a enarbolar la bandera de la «empatía» entre los seres humanos y pasar del «¿quién soy yo?» al «¿quién eres tú?».

Con información de EFE.

Redacción

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