Romina Gaetani se paró frente a la cámara de Intrusos (América TV) este martes visiblemente conmovida. “Todavía no puedo hablar. Estoy mal”, reconoció. Sus palabras pintan el cuadro de una mujer que trata de recomponerse en medio de crisis personales: por un lado, la denuncia por violencia de género en la que indicó que su expareja la “redujo y me volvió chiquita”; por el otro, el acoso de una fanática que la persigue desde hace un año, pese a contar con una orden perimetral y un botón antipánico.
“Yo ya tengo un botón perimetral hace un par de meses, pero hace un año una… detesto decir esta palabra, una fanática me viene persiguiendo a todos los lados que voy”, contó Romina, con la voz quebrada. En un show junto a La Bomba de Tiempo en el Konex, la situación se volvió extrema: detectó a la acosadora en primera fila y, aunque contempló activar el botón antipánico, lo pensó dos veces. «Minutos antes de subirme al escenario… estaba en la disyuntiva de tocar el botón y yo perderme la posibilidad de subirme al escenario», planteó.
Explicó que al activar ese dispositivo “tenés que seguir constantemente hablando con la policía hasta que la policía se acerque… identifica satelitalmente dónde estás y tiene que entrar la policía”. Para una sala con entre 500 y 700 personas, eso habría representado “un caos”. Decidió seguir, pero “en el momento que te subís al escenario estaba totalmente doblada, con una gran tristeza, al mismo tiempo un agradecimiento por las personas que te están acompañando”.
Este episodio no fue un hecho aislado: existía una denuncia en curso con perimetral y botón desde hacía un año. Romina contó que la acosadora —identificada como “Belén”, nacida en 1994— había intentado agarrarla del brazo, perseguirla hasta su auto y aparecer en eventos que ella anunciaba en redes.
A raíz de este nuevo episodio, la artista realizó una pericia con psicólogas de la fiscalía, cumplió con todos los requerimientos judiciales y resaltó: “La red existe, la red de mujeres… te agarra”.
La denuncia por violencia de género
Un mes atrás, Gaetani presentó una denuncia contra su expareja, el empresario Luis Cavanagh, luego de un episodio el 29 de diciembre en el country Tortugas, donde denunció haber sido golpeada. Se activó el protocolo de violencia de género: llegaron ambulancia, hospital y policiales, y se constató lesiones leves. En su testimonio ante la Justicia, Romina relató cómo el maltrato escaló “por goteo”: comenzó con control, celos, revisión de su celular, manipulación, hasta la agresión física. “Me redujo y me volvió chiquita… fue desintegrando mi autoestima”, admitió.
Tras la denuncia, se implementaron medidas cautelares: perimetral y botón antipánico. Además, rompió el silencio en un mensaje compartido a María Fernanda Callejón: “Quiero contarles que estoy rota. Mi cabeza aún no encuentra las palabras para procesar todo, para llegar a entender cómo me dejé poner las manos encima”.
Al evaluarse el informe de riesgo y la pericia psiquiátrica, reconoció la violencia física como un umbral que marca una línea que no debería cruzarse. “Cuando te toca a vos a nivel físico… siempre entendés a las víctimas de violencia. Ahora, cuando se llega a las manos es… ahí es donde todavía no puedo hablar”, dijo en el móvil este martes.
Romina, visiblemente frágil pero segura, cumplió con todas las medidas judiciales: “Hice todo lo que pidió la Justicia, en tiempo y en forma, día a día”. Y agregó: “Después, te bajás del escenario y no entendés nada”; pocas palabras que reflejan el quiebre emocional que aún no ha sanado.

