Cuando Andr Malraux le habl a Victoria Ocampo de «la capital del Imperio que no fue», no estaba hablando de nostalgia.
Estaba aludiendoa una anomala poltica estructural, a un nudo, que ningn lder poltico supo cmo resolver y que, sin embargo, organiza toda la poltica argentina desde abajo.
En particular, tras la reforma constitucional de 1994 que fuera precedida por la jugada maestra de Ral Alfonsn de aprovechar la desesperacin reeleccionaria de Carlos Menem para, de paso caazo, intercambiar la autonoma de la Gran Joya de la Corona argentina en el marco del an polmico Pacto de Olivos.
En este punto, vale aclararlo aqu una vez ms: Buenos Aires no es simplemente la ciudad ms desarrollada del pas. Es el sedimento de una ambicin continental truncada: la de una nacin que en el siglo XIX tuvo los recursos, la geografa y los puertos para ser algo mucho ms grande de lo que termin siendo.
Lo que qued de eso no es un Imperio. Es su capital. Con todo lo que ello implica en trminos de concentracin de riqueza, de poder y, muy especialmente, de desequilibrio territorial.
El dato no es menor ni meramente simblico. La Ciudad de Buenos Aires maneja un presupuesto anual de aproximadamente US$ 13.000 millones, con un ingreso per cpita que no dista demasiado del de la Comunidad Autnoma de Madrid, la ms rica de Espaa.
Ese nmero, en un pas donde 21 de sus 24 provincias no alcanzan a generar ni el 30% de la riqueza per cpita portea, no es una curiosidad estadstica.
Es la radiografa de una repblica federal que, en la prctica, funciona sobre un desequilibrio de origen tan profundo que ninguna reforma fiscal ha logrado siquiera rozarlo.
El PRO y la geografa de la supervivencia
Mauricio Macri lo sabe. Quizs mejor que nadie en el espacio no peronista. Porque el PRO, a diferencia del peronismo que tiene a la provincia de Buenos Aires como su reserva estratgica natural, tiene algo mucho ms precario: la capital del Imperio que no fue, ms Entre Ros, Chubut y algn municipio bonaerense relevante como Mar del Plata, a la par de los ya casi integrados a la Capital, Vicente Lpez y San Isidro.
Para el peronismo, perder la provincia es una herida grave pero no mortal. Para el PRO, perder la Ciudad es directamente la extincin. No hay colchn demogrfico alternativo, no hay interior profundo que compense, no hay segunda lnea territorial.
CABA es para el PRO lo que el oxgeno es para los mamferos: no una ventaja, sino una condicin de existencia.
Por ello el acto de Macri, con su frase ya clebre de que el PRO no viene a cuestionar el rumbo sino a completarlo, merece ser ledo en una clave diferente a la que propone la narrativa del relanzamiento nacional.
Ese discurso no es, en su sustancia ms profunda, un proyecto de poder para 2027. Quin se puede tomar en serio semejante cosa con un PRO que viene de perder en las propias parroquias chic del sper estratgico eje electoral de Avenida del Libertador? Para ser ms precisos, el corredor que va desde Retiro hasta Nez.
Pues si alguien tiene alguna duda, yo no tengo ninguna: la movida del jueves en Parque Norte es una operacin de blindaje territorial del corte de aquella realizada por Napolen tendiente a recuperar la ciudad portuaria de Toulon en 1793. Y no al grito de «no se inunda ms» sino a otro de corte ms blico: al Ejrcito violeta ni justicia!

La amenaza que no es electoral
Aqu conviene ser brutalmente preciso: el caudal electoral del PRO hoy, inclusive en la Ciudad, es modesto. La propia interna portea donde la lista encabezada por Manuel Adorni le gan al espacio macrista en su propio territorio lo demuestra con una claridad incmoda. Fin.
La amenaza de forzar una segunda vuelta en 2027 con ese caudal es, en el mejor de los casos, un argumento de segunda lnea. Pero la amenaza legislativa es otra historia.
Con los diputados propios que le quedan, Macri tiene capacidad real de trabar iniciativas de Milei en el Congreso, como ya qued demostrado a lo largo de 2025.
Y, actuando en tndem con la oposicin panperonista y otros aliados circunstanciales del gobierno que hoy operan con autonoma creciente, esa traba puede escalar hasta algo cualitativamente diferente: poner al presidente al borde de una crisis de gobernabilidad.
Por ello, no es casualidad que Cristian Ritondo, la espada legislativa de Macri, haya tenido un rol tan visible en el acto. El mensaje no iba dirigido a los votantes, sino con acuse de recibo meditico al inquilino de la Casa Rosada que, vale decir, pronto se buscar hasta un cumpleaos de 15 en el exterior, para salir de la balacera local que viene recibiendo a raz de escndalo Libra, del viaje romntico de su jefe de gabinete y de una economa que carretea pero nunca despega.
La pax que se negocia
Lo que est ocurriendo, leyndolo sin anteojeras, se parece bastante a una negociacin en curso cuya moneda de cambio no es parlamentaria, sino territorial.
El razonamiento implcito es el siguiente: a cambio de pax legislativa, y quizs tambin judicial, dada la conocida cercana de Macri con determinados actores del Poder Judicial, la Casa Rosada debera abstenerse de seguir proyectndose sobre la Ciudad de Buenos Aires. Hablando en criollo, dejarse de joder con la Ciudad. Fin.
Es decir, sacar su foco del territorio que es, para el PRO, la nica plaza que no puede perder. Por qu si no estaran ocurriendo estos lanzamientos con tanta antelacin, en un calendario que no tiene precedentes en ninguna otra jurisdiccin del pas?
El caso de Rodrguez Larreta es ilustrativo. Nadie lanza una candidatura portea con aos de anticipacin por entusiasmo genuino. Se hace cuando hay algo que blindar antes de que sea tarde.
De mnima, se trata de sellar su participacin en esta gran mesa de truco portea en formacin, dnde asoma la posibilidad de una nueva interna versus una Patricia Bullrich que tambin amaga ms arriba, a riesgo de chocar contra el alter ego de Milei, su hermansima Karina.
El Imperio y sus herederos
Volvamos al principio. Malraux hablaba de la capital de un Imperio que no existi. La paradoja argentina es que esa capital existe, funciona y tiene una gravitacin sobre el resto del pas que ningn otro sistema federal del mundo replica de manera tan extrema.
Macri no est intentando construir un Imperio. Est intentando algo ms modesto y ms urgente: conservar la herencia. Proteger el nico territorio donde el PRO sigue siendo, todava, una fuerza con peso propio.
La negociacin que se abre, si es que Milei decide leerla como tal, es simple en su lgica aunque compleja en su ejecucin: la capital del Imperio que no fue queda fuera del mapa de la competencia libertaria, y a cambio, la gobernabilidad del proyecto oficial no tendr sobresaltos desde el Congreso.

Ms vale que el combo tambin incluye algunos expedientes judiciales que en Comodoro Py alternan entre una curiosa calle siempre atascada y una autopista de alta velocidad dnde podra probar su F1 Franco Colapinto.
A modo de eplogo
Macri no est jugando a 2027. Est jugando al presente. Y ese juego, por ms que se revista de grandilocuencia nacional, es en el fondo un juego de supervivencia territorial.
El Imperio no fue. Pero su capital sigue siendo lo suficientemente poderosa como para definir quin gobierna, quin negocia y quin, llegado el caso, puede dejar de existir polticamente. Y Macri lo sabe mejor que nadie.

