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miércoles, febrero 26, 2025

Se acabó el «biri, biri»: Boca se quedó afuera por penales con Alianza Lima y la gente pidió «que se vayan todos»

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Es cosa juzgada: el año de Boca será sin copas, ni Libertadores ni Sudamericana, ni nada. El Mundial de Clubes queda muy lejos y no era el objetivo principal del equipo para este 2025. «Que se vayan todos/que no quede ni uno solo», fue el grito en una Bombonera que no vivirá más noches de Copa. El penal de Alan Velasco que Guillermo Viscarra desvió con las piernas fue un golpe de nocaut al mentón de todo Boca. Se terminó el «biri, biri», como anunció Pipo Gorosito. Ni las 60 mil gargantas que empujaron al equipo al triunfo (inobjetable, por cierto) por 2-1 que forzó los penales, ni el súper plantel que armó el Consejo de Fútbol fueron suficientes para avanzar en el torneo sudamericano más importante. El que quedó herido de muerte es el entrenador, Fernando Gago; y el que se desangra es el presidente, Juan Román Riquelme.

Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Desde temprano, en el templo de Brandsen 805 se cantó por la Copa Libertadores. Es la «obsesión» y es una palabra que deberá cambiar si algún día Boca quiere volver a festejar en este torneo. Deberá ser «anhelo, sueño o deseo»; pero «obsesión» ya no. Daña, no construye. Pone nerviosos a los jugadores y a la gente. Boca salió con todo, a comerse al rival y consiguió lo más difícil a los 6 minutos del primer tiempo cuando Trauco marcó en contra el 1-0 que igualaba la serie. La fiesta duró apenas 15 minutos.

Después del cabezazo goleador de Hernán Barcos, el estadio se convirtió en una olla a presión. El equipo se perdió en la cancha, el murmullo ante cada error era insoportable. Y rápido desde las tres bandejas empezó a caer el «movete Boca, movete» que produce el efecto adverso del que pretende el hincha. Los jugadores se paralizan, el escenario se los come. La gente «se cae» sobre el campo de juego. Los jugadores no pueden dar dos pases seguidos, los espacios no aparecen y el arco queda muy lejos. Boca no logró patearle a Viscarra en todo el primer tiempo. La primera mano que tiró Alianza Lima entró y lo dejó tambaleando.

El entretiempo se sintió como la sala de espera de un hospital. Aguardando buenas noticias para conseguir algo de alivio. Miradas nerviosas, sonrisas tensas. Y la chapa clavada con el 1-1 que dejaba a Boca eliminado de todas las competencias internacionales de la Conmebol. De a poco, la gente empezó de nuevo a alentar al equipo. ¿Qué más podía hacer? Boca prometía dar espectáculo ante un rival infinitamente inferior. Y ese inicio del complemento fue de lo mejor que mostró hasta ahora el equipo que conduce Gago. Se puso 2-1 y el alma volvió al cuerpo. De los jugadores, del cuerpo técnico y de los hinchas. «Boca es la pasión», se canta. Pero hay pasiones que arden con intensidad y se consumen rápido.

El gol de Kevin Zenón. Foto MARCELO CARROLL - CLARIN El gol de Kevin Zenón. Foto MARCELO CARROLL – CLARIN

Después del gol de Kevin Zenón, Boca desaprovechó el envión anímico y rápidamente cayó en el viejo truco que propuso Gorosito: ensuciar, embarrar, ser áspero, hacer tiempo. Mañas viejas como el fútbol, en las que Boca cayó. Pipo mostró sus credenciales de zorro viejo y Gago quedó expuesto. El DT de Boca será eyectado de su cargo (tarde o temprano) porque de este papelón no habrá retorno.

Los jugadores de Boca se peleaban con los rivales. «Y pegue, y pegue, y pegue Boca pegue», bramaba la gente. En vez de jugar, cuando tenía a Alianza Lima contra las cuerdas, se puso a boxear. Y en el intercambio de golpes, otra vez salió mal parado. Se apagó el fuego. Y se hizo gigante el arquero Viscarra, que con una doble atajada presagiaba lo peor. Más pasaban los minutos y la serie seguía igualada.

Se apagaron los corazones cuando Rojo llegó con lo justo a frenar a Castillo, la flecha que tenía el equipo peruano en la Bombonera. La sensación de que algo andaba mal y que la noche podía terminar en un velorio masivo se mezclaba con la humedad y el calor. Los cambios que hizo el entrenador no ayudaron. Poco contagió el ingreso de Alarcón o de Giménez. Lo de Velasco ya está dicho: el refuerzo de los 10 millones de dólares veía cómo la pelota le pasaba por delante, pero no la tocaba. Y la gente se exasperaba. El final parecía escrito con tinta indeleble en un tatuaje mal dibujado.

Cuando Giménez cabeceó y Viscarra sacó el manotazo salvador, la esperanza reapareció. Pero en la última jugada, cuando Cavani se devoró el gol en el área chica, el destino quedó claro. Aquellas épicas definiciones por penales volvieron a asomar como el boleto dorado a la Fase 3 y al menos así asegurar un cupo en la Copa Sudamericana. Pero cuando Marchesín salió para que entrara Brey (había atajado cuatro penales en la definición por Copa Argentina frente a Gimnasia) todo el estadio entendió que algo no andaba bien, que desde el banco no llegaban buenas señales. ¿Cambiar al arquero, como Van Gaal? ¿En Boca? Inédito.

La definición desde los doce pasos fue una tortura. Empezó pateando Alianza Lima (otro feo sentimiento recorrió las espaldas) y aunque Brey estuvo cerca de tapar alguno, esta vez le entraron todos. Y en esta instancia muchas veces la energía es fundamental: todo era negativo cuando a Velasco le tocó patear el décimo penal. Habían sido todos goles, pero el pibe que siempre quiso Román pateó mal. Un tirito. Y un agujero negro se abrió en el círculo central del campo de juego de la Bombonera. Y se tragó todo.

Redacción

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