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Silencio y venia, las claves para sobrevivir en el poder libertario

Ninguna figura de relevancia del oficialismo, de las que creen que Manuel Adorni debería dar un paso al costado, se animó estos días a sugerirle esa posibilidad a Karina Milei. Una recomendación de ese estilo, evalúan, podría colocar a quien la pronuncia automáticamente en el panteón de los “traidores”.

Más allá de lo que pase con el jefe de Gabinete, el modo en que se manejó internamente la crisis originada hace casi un mes, dejó expuesto cómo se achicó el proceso de toma de decisiones y la ausencia de una mínima discusión sobre temas que son considerados tabú en la cima del poder donde sólo habitan los hermanos.

Durante la campaña presidencial y en la primera etapa de su mandato, Javier Milei solía usar la frase “los liberales no somos manada”, un latiguillo con cierta épica que permitía explicar las opiniones que corrían por cuenta de distintos dirigentes, que no siempre coincidían con la línea que se fijaba desde arriba. Ese margen se fue ajustando dentro de La Libertad Avanza con el argumento lógico de la organización partidaria hasta llegar al extremo actual en el que funcionarios de primer nivel no se arriesgan a cuestionar nada sensible.

En la última reunión de la “mesa política”, el lunes pasado, prácticamente no se habló de cómo abordar la situación del jefe de Gabinete. Para peor, mientras ocurría el encuentro, las pantallas de televisión mostraban un cerco de policías cortando la calle para prevenir que un grupo de estudiantes hiciera una clase pública frente al ahora célebre edificio de Caballito. Un cartel decía: “Un pasaje de Adorni a Punta del Este son 18 salarios docentes”.

El ex vocero seguía, incómodo, la marcha de la conversación. Santiago Caputo comentó los números de imagen de la gestión en sus diversos aspectos, todos en baja. Los Menem, “Lule” y Martín, escuchaban con cierta incredulidad. Desconfían de la mirada y de los instrumentos de medición del consultor desde que lo responsabilizan de no haber previsto el triunfo electoral de octubre. En ese clima, es difícil que se pongan todas las cartas sobre la mesa. Cada uno juega su papel hasta donde puede, en un mar de recelos, para mantenerse a flote.

El único lugar en el que no corre el verticalismo a rajatabla es en el universo digital, un espacio menos orgánico y con el beneficio del anonimato. Los usuarios que apoyan al Presidente desde el espacio referenciado con Las Fuerzas del Cielo, leales al asesor, son fuertes detractores de Karina y sus huestes, resultando los riojanos y Sebastián Pareja, el armador bonaerense, los blancos más apuntados. Esa disputa en redes es más simbólica que otra cosa, de poco alcance y lejana a la sociedad, pero de interés para los jóvenes libertarios y el propio Milei, que vive consumiendo el contenido de esas plataformas.

Luego de esconderse en cuentas de fantasía, Santiago Caputo intensificó el uso de su cuenta oficial en X con mensajes para alimentar a su tropa. Algunos que lo conocen atribuyen esa conducta a un mecanismo de “sublimación”, otros, en cambio, ven en sus pasos la creación de un proyecto personal, anclado en su figura y su agrupación. Su influencia venía en un lento ocaso hasta que entró en cortocircuito el dispositivo de Karina, que avanzaba irreversiblemente hacia sus posiciones. No se sabe si ese plan cambió, se pospuso o continúa, pero el caos siempre termina favoreciendo el modus operandi del asesor.

La reacción de la Casa Rosada ante la pérdida de la iniciativa es muy parecida al manual tradicional: organizar reuniones, mostrar unidad, fotos de apoyo. Hacer como si nada pasara. Lo mismo ocurrió cuando LLA perdió frente al kirchnerismo en al provincia de Buenos Aires, en septiembre pasado. A instancias de Karina, se armaron una serie de encuentros para la cámara y el módico movimiento fue designar a Lisandro Catalán como ministro del Interior. Podría decir la secretaria general que eso no estuvo tan mal porque un mes después ganaron en las urnas, lo cual es cierto.

Karina habla a través de las imágenes. El día de su cumpleaños, cuando los granaderos tocaron canciones en su homenaje, la fotografía que difundió Presidencia se compone por uniformados de espaldas en un primer plano, y de fondo se recorta su figura con la de Martín Menem. Solo se ven ellos, a pesar de que había otros funcionarios cercanos observando el evento.

“¡Ustedes viven en un microclima! Lo de Manuel va a quedar claro en la Justicia y va a pasar”, sentencia un ladero del ala de la hermana del Presidente. Justamente desde allí se machaca que todo se trata de una “operación” de los medios de comunicación, de una gran conspiración para golpear al Gobierno, pero no hay ninguna explicación respecto de cómo compró dos propiedades Adorni con el sueldo de funcionario y cómo solventó viajes al exterior. La historia se va nutriendo con información que brota por todos lados: desde vecinos enojados hasta turistas que lo vieron al entonces vocero en un lujoso hotel en Aruba en enero de 2025. Una fila de gente de a pie con ganas de hablar.

Según el último trabajo de AtlasIntel y Bloomberg, relevado entre el 20 y 24 de marzo, la aprobación del desempeño del Presidente registró la cifra más baja desde que arrancó: 36,4%, contra 61,6% de rechazo y 2% de “no se”. En ese mismo informe, entre los principales problemas, aparece en primer lugar la corrupción (43,3%), segundo el desempleo (42,2%) y tercero la inflación (35,3%). Es un combo que parece contra intuitivo teniendo en cuenta que LLA fue respaldada en las urnas a fines de año pasado y viene de un verano de éxito legislativo.

En ese contexto, hay desánimo en el Gobierno respecto del poco impacto que está teniendo haber seguido la hoja de ruta: déficit cero, presupuesto aprobado, reforma laboral, inocencia fiscal y señales amigables hacia el mercado no alcanzan para recuperar la confianza. El impacto de la guerra en Medio Oriente no ayuda, pero hay un sector del gabinete que considera que es la política y los errores no forzados los que meten ruido.

En las charlas internas acerca de la estrategia legislativa empezó a aparecer de costado la cuestión electoral. Garantizar ciertas alianzas rumbo a 2027 hoy, podría allanar el camino para la aprobación de proyectos y llevar certidumbre de gobernabilidad. El kirchnerismo sabe aprovechar muy bien el fantasma del riesgo “kuka”. Con solo decir que si ganan derogan todo lo hecho por Milei lo mantienen vivo.

La intención de cristalizar acuerdos por anticipado (con radicales, provinciales, etc) choca con la pureza que pretende Karina. Para ella, cuanto menos necesiten de otros, mejor. Es una apuesta riesgosa, como la que marcó todo el año pasado, con la diferencia de que lo que se pone en juego es la reelección. El primer gran punto de negociación será el paquete de reforma política, con la eliminación de las primarias, cuya aprobación requiere número especial (la mitad más uno).

“Esto se va a partir en dos. Tenemos que atar a nuestros posibles aliados porque el medio no va a existir. Por eso Pichetto se reunió con Cristina; y Larreta dijo que puede tender un puente con el peronismo”, analizó un referente del oficialismo.

La agenda legislativa se activa en los próximos días. El miércoles se trata en Diputados la Ley de Glaciares; y en el Senado arranca el trámite por los pliegos de jueces que envió el Presidente. Nada muy hechizante para la opinión pública. Quizá por eso Patricia Bullrich, jefa de bloque de senadores de LLA, refuerza su presencia con actividades fuera de la política –del teatro al Lollapalooza– y temas ajenos a la Cámara alta.

La ex ministra de Seguridad rearmó su comunicación a partir del cambio de rol. Eso disparó suspicacias desde la Casa Rosada, aunque nadie le hizo llegar un planteo directo cuando ella misma consultó. Este jueves se encontró en un bar frente al Botánico con Agostina Páez, la argentina acusada de racismo en Brasil, quien finalmente regresó al país después de un proceso de idas y vueltas. La turista, que había hecho el gesto de mono a un empleado, parecía que podía enfrentar una dura condena judicial. Una acción reprochable pero un castigo desproporcionado.

El Gobierno nunca hizo públicas las gestiones, aunque hubo varios nombres involucrados. La abogada Carla Junqueira llamó inicialmente a Martín Menem, al que conocía del colegio de sus hijos, y él la contactó con el canciller Pablo Quirno. Alguien más ayudó en reserva con la fianza de casi 20 mil dólares. Bullrich intervino en el tramo final y capitalizó la foto, como lo había hecho con el regreso al país de Nahuel Gallo, el gendarme secuestrado durante 448 días en Venezuela. Karina dice que está todo bien con Patricia, pero se sacó una selfie con su sucesora, Alejandra Monteoliva, quien asumió por consejo de la senadora y ahora reporta a la hermana del Presidente. Fotos, no palabras.

Redacción

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