La plantilla de la Guardia Urbana de Barcelona, GUB, 3.500 policías, es insuficiente. La razón no es otra que la incorporación de nuevos agentes no significa que sean más, porque a su suma se le han de restar las bajas de cada año. Por tanto, no hay crecimientos ciertos de la misma al no aprobarse una tasa anual de reposición en la Oferta Pública de 2026 ni tampoco se subsanan las carencias de efectivos que se arrastran de antaño.

Se jubilan más por poderlo hacer antes, a los 55 años. A ello, debe añadirse la firma del nuevo Convenio laboral que reduce la jornada de 37,5 horas semanales a 35 lo que obliga, al menos, a disponer de 200 agentes más para prestar el tiempo de servicio menoscabado y de agentes retirados. No olvidemos que cada año el coste de las horas extraordinarias ronda los 13 millones de euros y el absentismo supera el 12% (bajas por enfermedad o lesiones, nacimiento de hijo, etc.).
La incorporación de nuevos agentes no significa que sean más; hay que restar las bajas
En breve, la Guardia Urbana encarará nuevos cometidos. Se ha firmado un Convenio con la Fiscalía para su auxilio judicial y se ha acordado otro, aún no ratificado, con la Generalitat para que la GUB investigue delitos leves y distintos menos graves y ofrecer protección a las víctima de la violencia de género o ampliar la atención en las oficinas municipales las denuncias de infracciones penales. Ambos Convenios precisarían otros dos centenares de agentes adicionales. También se ha aprobado una modificada Ordenanza de Convivencia con mayores exigencias frente al incivismo.
Es constatable que los efectivos policiales son escasos para los servicios a prestar y que los déficits persisten. Esta carencia presente se verá agravada. Acordar que la GUB tenga más cometidos y menos horas de servicio semanal por agente, pero, en paralelo, no aprobar un plan de dotación suficiente, de incremento, de policías, tiene consecuencias.
O no podrán afrontar los nuevas funciones, o su presencia en la calle y en otros servicios, será aún más mermada. El Guardia urbano de barrio, a pie, será más utópico y motorizado en sus vehículos. Mientras, sigue sin resolverse la controversia de como compensar a los agentes por no vacacionar en julio y agosto, de máxima carga policial, y la reducción de números de los de la escala básica que optan legítimamente a plazas de ascenso, de mando, y que no prestan servicio en la calle.
Es necesario incrementar en 1.000 los agentes totales de la Guardia Urbana para alcanzar los 4.500 y la precaria plantilla de mossos ha de ser aumentada en un millar para complementarse ambos cuerpos en la obligada garantía de la seguridad y convivencia. A la par, hay que habilitar recursos para afrontar el coste anual de cada agente que supera los 55.000 euros (nómina, formación, equipación, etc.).
Sin lo anterior, a la ya carencia actual de guardias se le adiciona que los agentes se jubilan antes y se reduce su jornada laboral, se dota de nuevas competencias a la policía municipal y se le exige más contra el incivismo, la escasez de la plantilla de la Guardia Urbana será mayor y su patrullaje menor.
Con poca policía quien se siente seguro es el delincuente e indefenso el ciudadano de bien. Barcelona ha de ser una ciudad de ley y ordenanzas aplicadas con firmeza de diez y en la que se ejerce la autoridad democrática. Precisa de más policía para subir la guardia en seguridad.



