Graciela recuerda sus años en la militancia: «vivir el golpe del 76 fue terrible. Yo tenía 24 años y en aquél entonces militaba en el PST – Partido Socialista de los Trabajadores -, era mi primera militancia. Aunque era un partido totalmente legal, los militares pasaban, tiroteaban el frente y bueno, nos teníamos que esconder y protegernos. No teníamos por qué escondernos, pero igual nos refugiábamos en el sótano del local, porque sino te mataban».
El Partido Socialista de los Trabajadores era una organización política de la izquierda no guerrillera. Sólo en La Plata fueron asesinados 8 militantes en la Masacre de La Plata realizada en 1975 por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina, grupo paramilitar de extrema derecha) bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón, un año antes del golpe de Jorge Rafael Videla el 24 de marzo de 1976.

Su casa estaba próxima al Regimiento 7 de Infantería (ubicado en Plaza Malvinas), y «había tiroteos casi todas las noches hacia la guardia del regimiento, y el regimiento a su vez repelía. Y como en mi casa todas las habitaciones daban a la calle menos el baño más grande, teníamos que hacer cuerpo a tierra en ese baño toda la familia. Inclusive un disparo pegó en el respaldar de la cama matrimonial de mis padres, por ejemplo».
« Después de los tiroteos a la guardia del Regimiento, salían a requisar todas las casas del barrio, que si bien ellos conocían a los vecinos (porque eran vecinos de muchos años), igualmente requisaban. Y también ahí teníamos que ponernos cuerpo a tierra, permitirles la entrada y demás »
Es importante recordar que dicho regimiento tuvo un papel crucial en la coordinación de las políticas represivas en la ciudad de La Plata, desarrolladas en estrecha vinculación con los centros clandestinos de detención «La Cacha«, «Comisaría Octava«, «1 y 60«, y la Unidad Penitenciaria 9.
Además el Regimiento participó en los ataques de noviembre de 1976 a tres casas de militantes de montoneros, ubicadas en las calles 63, 139 y 30, y la unidad militar también facilitó armas de gran calibre utilizadas en los atentados, donde fueron asesinadas varias personas y se llevaron secuestrados a los menores Nicolás Berardi y Clara Anahí Mariani Teruggi.
También fue utilizado como sitio de nacimiento en las partidas falsificadas de los nietos apropiados Sebastián Casado Tasca y Silvia Cugura Casado, cuyas madres estuvieron detenidas y luego desaparecidas en «La Cacha».

Cacería de civiles
Incluso hacer actividades cotidianas era siempre un riesgo. «Para ir en colectivo por supuesto que era imposible olvidarse el DNI, porque si no lo tenías eras cara sospechosa. Te detenían, subían los militares al colectivo y lo requisaban».
« Ibas caminando y te aparecían fuerzas militares de atrás de los árboles sorpresivamente, con el arma en la mano, también mientras uno iba tranquilamente caminando por la vereda te hacían poner las manos en la pared para revisarte »
En su relato se puede percibir la tergiversación por parte de los militares de muchas situaciones a través de lo discursivo, para así poder justificar su accionar: «Ibas caminando por la calle y te encontrabas con lo que las fuerzas llamaban un «enfrentamiento» que en realidad era una persecución, y realizaban fusilamientos en plena calle a los que ellos habían ya marcado, generalmente gente joven, y lo hacían ahí la vista de todos, a la luz del día».
«Uno se tenía que proteger en algún zaguán o en algún lado para no recibir un tiro. No podías pasar caminando por la vereda de una comisaría; algunas ponían una valla»
« Si la comisaría te daba la voz de «alto» tenías que frenar. Un vecino estaba volviendo de un cumpleaños con la hija de 10 años y un trozo de torta en su auto. tenía las ventanas bajas, fue tiroteado porque no acató el «alto» y el auto cayó justo en la vereda de mi casa: lo mataron »
Tradiciones familiares y festejos también eran vigilados y controlados por las milicias. «Si querías festejar un cumpleaños, no permitían una reunión de más de cinco personas, lo cual me hace recordar a Patricia Bullrich que en el gobierno de Mauricio Macri también dispuso lo mismo. Tenías que avisar la comisaría más cercana dónde iba a ser el festejo».
Fahrenheit 451
Las medidas autoritarias no se aplicaban sólo al accionar de la población civil, sino que también se controlaba la circulación de cualquier material bibliográfico, periodístico o artístico que implicara un desafío al régimen.
«En las casas se quemaban libros, revistas, todo lo que para la dictadura que podía ser ‘’peligroso’’. Por ejemplo el diario socialista La Vanguardia, que era un diario viejo que muchos estudiantes universitarios de la época del 45’ lo coleccionaban. Toda esa literatura había que quemarla porque
« si te encontraban cualquier libro que ellos consideraban que podía ser sospechoso, te detenían »
En cuanto a los medios de comunicación, éstos eran «totalmente afines. Se hablaba de que era una «reorganización nacional», se hablaba de «subversivos», de «terroristas», de que en Argentina éramos «derechos y humanos», se hizo esa publicidad sobre todo con el mundial del 78’. También decían que los desaparecidos estaban paseando por Europa».


El ámbito de la salud no estaba exento de los riesgos: «por ahí te enterabas de que habían raptado a un psicólogo o a un ginecólogo, simplemente por atender mujeres pertenecientes a los movimientos revolucionarios que por ahí necesitaban una atención médica y secuestraban al profesional que las atendía, simplemente para que cundiera el miedo».
Cuando le preguntamos sobre la desaparición de familiares o conocidos, sostuvo que «en lo personal no tengo familiares directos desaparecidos, pero sí compañeros, uno del PST. Era gente que simplemente militaba, no pertenecía a ningún movimiento armado», refiriéndose a la persecución de civiles que no implicaban una amenaza fáctica.
El miedo, una costumbre
Con respecto a su percepción en general del golpe, Graciela afirma que se vivía con miedo. «Miedo por los amigos, los compañeros de militancia, compañeros de la facultad, los trabajadores, los obreros que fueron tan diezmados, el tema de las Malvinas, por los chicos que fueron a pelear, en fin, el miedo abarcaba todo. Pero uno tenía que seguir con la vida diaria, o trabajando, o estudiando.»
« Mi familia me decía que me cuidara, porque bueno, la gente joven en esa época nunca se pensó que iba a llegar a tanto la dictadura. Y la gente grande, que ha tenido más experiencia y que han vivido otros gobiernos también represivos, nos aconsejaban de esa manera »
El número de desaparecidos durante la última dictadura sigue siendo tema de debate, pues efectivamente los asesinatos y el secuestro de militantes y civiles eran crímenes de estado que no solían documentarse o registrarse. Graciela sostiene firmemente que «no sólo hubo 30.000 desaparecidos: a esa cifra hay que sumarle 50.000 muertos. Son 30.000 los desaparecidos y 50.000 los muertos».
Esta cifra puede ser posible teniendo en cuenta que incluso se siguen encontrando fosas con cuerpos de civiles asesinados, como el reciente hallazgo de 12 cadáveres en el ex Centro Clandestino de Detención y Tortura de La Perla, provincia de Córdoba.
¿La democracia y el neoliberalismo pueden convivir?
Para Graciela el regreso de la democracia y la elección de Raúl Alfonsín «fue una alegría en el corazón. Volver al sistema democrático, con todos sus defectos, pero con un líder como Alfonsín fue de una alegría impresionante para todo el pueblo, una liberación. Fue volver a respirar, volver a poder alzar la cabeza, mirar el sol, tener esperanza. Después de haber pasado por una dictadura fue una felicidad enorme.»
Haciendo un paralelismo entre el golpe del 76’ y la democracia actual argentina, la entrevistada afirma que «en la actualidad no se necesitan las Fuerzas Armadas, hoy tenemos otro tipo de totalitarismo y de absolutismo que viene de parte del gobierno.
En el presente las Fuerzas Armadas no tienen que intervenir, salvo por supuesto las fuerzas policiales de represión para manifestaciones en contra de las medidas económicas que toma Milei, como sucede con los jubilados, con la represión de los discapacitados cuando salen a protestar y contra cualquiera que se manifieste.
Hoy es otro modelo por el cual se impone la derecha: se impone con la deuda externa, con todas las medidas económicas, con la desindustrialización, con la bicicleta financiera, con la pérdida de empleo, con la represión, con las detenciones arbitrarias, pero todo eso son decisiones políticas del gobierno.
Por supuesto, hay persecución a opositores, aumentó la pobreza y la desigualdad social, hay un desmantelamiento del Estado, todo eso es igual que en la dictadura, pero en vez de usar a las Fuerzas Armadas, directamente lo hacen a través de la política.»
Para Graciela «la democracia neoliberal no es democracia, porque el poder financiero y de las corporaciones vuelve a estar concentrado en pocas manos.
Entonces, una democracia gobernada por un proyecto político y económico neoliberal no es democrática, y lo estamos viviendo y sufriendo.»
« No se puede ser neoliberal y democrático, porque la concentración del poder conduce a un gobierno totalitario »
El sistema democrático tiene que garantizar muchos derechos humanos, no solamente el derecho al voto. Y lo único que hizo esta democracia es garantizar de ir una vez cada cuatro años a poner un voto en la urna. Es el único derecho que te garantiza, pero todos los demás derechos no están garantizados por esta democracia. Así que no lo es.»

Individualismo, poder mediático y fragmentación
«Otra diferencia que noto es que en esa época había una sensibilidad social que hoy se ha perdido: aunque uno estuviera bien se preocupaba por el que no lo estaba, pero eso se ha roto.
Inclusive en la forma de protestar y de tratar de defender los derechos adquiridos lo hacemos por separado. Los jubilados por un lado, los discapacitados por otro: esa red de contención a través de los años hicieron que se fuera resquebrajando.
Actualmente la gente no tiene interés por la política, no veo una maduración mental. Se dejó de discutir, de discernir sobre la realidad. No hay un sujeto activo como fue en los 70’, hoy estamos manipulados por los medios.»
« Lamento que tanto esfuerzo de toda una generación como la de los 70’ se vea opacado. Pero se va avanzando »
Su mensaje para los jóvenes es que «los resultados positivos se logran colectivamente. La humanidad ha tenido muchas crisis y siempre ha salido adelante.»

