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Todos los ojos en Minneapolis. Contra la Gestapo de Trump: por qué este viernes es importante también para América Latina

La prepotencia imperialista de Donald Trump tiene al mundo en vilo de forma permanente. El viejo orden neoliberal “basado en reglas” no existe más, y uno nuevo no termina de surgir. El mundo atraviesa crisis, guerras, tensiones interestatales. También rebeliones.

Al frente de una potencia declinante como Estados Unidos, Donald Trump desestabiliza, con su hostilidad llevando siempre la tensión al extremo. El año comenzó con una inédita ofensiva imperialista en Venezuela secuestrando a Nicolás Maduro. La amenaza también se cierne sobre Cuba, Colombia y otros países de la región. En los últimos días, un nuevo episodio de crisis internacional tuvo lugar con la declarada intención de apropiarse de Groenlandia por temas de “seguridad nacional” de Estados Unidos y con la nueva imposición de aranceles.

Momentáneamente, este clima beligerante no cayó bien ni en Wall Street, ni en los mercados globales que venían cayendo ante la incertidumbre mundial. Estos factores, junto con las fuertes tensiones políticas generadas, la crisis de la OTAN e incluso divisiones dentro de la propia extrema derecha internacional, hicieron a Donald Trump recalcular y retroceder hacia un discurso más negociador y un aparente acuerdo sobre Groenlandia. Pero la inestabilidad está a la orden del día y la crisis ya no parece ser la excepción, sino la norma.

Las peleas contra la brutalidad imperialista no son, sin embargo, tan solo puertas afuera. Contra gran parte de la propaganda que se hace en parte del sistema mediático, no son pocos los problemas y conflictos que enfrenta Donald Trump dentro de Estados Unidos. Si el 2025 contó como hechos destacados en sus últimos meses las derrotas electorales del presidente republicano en Nueva York y otros estados; el recrudecimiento del escándalo Epstein; las divisiones del MAGA; el crecimiento del apoyo al pueblo palestino; y las multitudinarias movilizaciones “No kings” en miles de ciudades contra su autoritarismo; hoy es la cruda lucha contra el ICE la que copa en gran medida la agenda de la resistencia contra el trumpismo. Todo esto en un contexto en el que este año, también, tendrán lugar las decisivas elecciones de medio término en la principal potencia imperialista.

En los primeros días de enero fue el asesinato de Renee Nicole Good por parte de un agente del ICE en Minneapolis lo que causó un salto en la indignación y un crecimiento de la ola de repudio allí y a lo largo de Estados Unidos. Esto mismo, sumado a las declaraciones de Donald Trump, de su vicepresidente J.D. Vance y de la secretaria de seguridad interior Kristy Noem justificando el crimen, con expresiones como «izquierdista trastornada» para referirse a la víctima y hablando de «terrorismo domestico», solo sirvieron para aumentar la bronca y el odio.

Las movilizaciones comenzaron a crecer en Minneapolis y en el resto de Minnesota y también en Nueva York, Detroit, Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Washington D.C. en donde los manifestantes exigen justicia por Renee Nicole Good y el fin de las operaciones y redadas anti inmigratorias de ICE en todo el país. Al calor de este proceso comienzan a surgir sectores de la clase trabajadora y de la juventud -especialmente en Minneapolis- que están enfrentando al ICE con métodos de desobediencia civil y autodefensa, desarrollando nuevas formas de organización e incluso métodos de alerta para advertir de la presencia del ICE. Lo más nuevo y auspicioso es la entrada del movimiento obrero Desde maestros hasta trabajadores del transporte, distintos sectores del movimiento sindical están convocando para la jornada de lucha este viernes, con paros y movilizaciones: el Día de la Verdad y la Libertad “sin trabajo, sin escuela, sin compras”. Apostar al desarrollo de la huelga y la movilización para desplegar como columna vertebral del movimiento a la fuerza de la clase trabajadora será clave para proponerse derrotar en serio a la “Gestapo” de Trump y sus métodos fascistoides.

Para los pueblos oprimidos del mundo, y especialmente en América Latina, esta lucha no resulta indiferente. Debilitar a Trump es debilitar sus intervenciones imperialistas. Lo que el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos indicó hace pocas semanas en los papeles (entre otras cosas, que el país del norte vuelve a considerar con fuerza a nuestra región como “patio trasero”), los hechos lo confirman con crudeza. Primero Trump intervino en las elecciones argentinas haciendo un salvataje financiero y un chantaje llamando a votar a Milei a cambio de una mayor subordinación que el presidente argentino confirma todos los días: sin ir más lejos, este mismo jueves el presidente argentino fue uno de los pocos que firmó el supuesto «Consejo de la Paz» impulsado por el presidente norteamericano, en el marco de una subordinación geopolítica completa que ya incluyó por ejemplo el apoyo al genocidio del pueblo palestino. Luego, tras intervenir en las elecciones argentinas, Trump dio un gran salto de calidad mediante la captura de Maduro, en un hecho inédito. De fondo, está la disputa geopolítica con China y el objetivo de apropiarse de los bienes comunes naturales. A diferencia de otras épocas, Trump ni siquiera buscó disimular estos objetivos.

Aún así, los límites están claros y la disputa abierta. El mismo Trump habló hace pocos días de la experiencia de Irak para confirmar que no puede invadir territorio venezolano sin exponerse a un desastre estratégico, sino que debe pactar con sectores del régimen. También importantes analistas internacionales como John Mearsheimer se refieren a la táctica del “pinchazo”: Estados Unidos por ahora puede golpear y se retirarse, pero no puede quedarse empantanado con tropas sin exponerse al riesgo de perder el control de la situación y a despertar un fuerte movimiento antiestadounidense en la región. En esta ecuación de las relaciones de fuerzas también juegan un rol no poco importante las disputas internas dentro del país del norte, que incluyen el desprestigio de las intervenciones militares en el extranjero y la caída del republicano en las encuestas.

En este marco, lejos del escepticismo que algunos buscan transmitir, de las visiones de que Trump es todopoderoso, que no se lo puede enfrentar, y de la colaboración y sometimiento de las clases dominantes locales, la enorme fuerza de la clase trabajadora latinoamericana y el pueblo pobre tienen una potencia enorme si actúan de forma unificada para enfrentar al imperialismo, junto con la juventud y los movimientos de lucha de nuestra región, cortando con la lucha todos los mecanismos de sometimiento y saqueo. Pero también es clave saber que grandes sectores de la clase trabajadora y del pueblo estadounidense serán grandes aliados de nuestra lucha. Por eso este viernes, el grito contra el ICE es también un grito de todos los luchadores latinoamericanos y de los países oprimidos del mundo.

Para quienes, a miles de kilómetros de distancia, enfrentamos los planes de los gobiernos ajustadores de América Latina, como el de Milei en Argentina donde tensamos los músculos para enfrentar la reforma laboral que viene y nos plantamos contra los despidos como en Lustramax, aunque parezca lejana, esta también es nuestra lucha. Si ganan los trabajadores y el pueblo norteamericano contra la «Gestapo» de Trump, ganamos todos. Si pierde Trump contra las luchas, pierden los gobiernos ajustadores de América Latina como el de Milei, el gran poder económico y los planes de saqueo de nuestros países y de toda nuestra región. Este viernes, todos los ojos en Minneapolis.

Redacción

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