20.9 C
Buenos Aires
viernes, agosto 29, 2025

Tokatlian: El mundo de Trump, y el lugar de Sudamérica

Más Noticias

El doble mandato de Barack Obama delineó, en un marco democrático interno bastante jaqueado y con expectativas menos confiables respecto a la fortaleza de la globalización financiera después de la crisis de 2008, un curso de acción que sigue vigente en términos de pilares de la política exterior, de defensa y comercial de Estados Unidos: la imposición de medidas proteccionistas y el cercamiento militar de China. Por un lado, impuso aranceles y restricciones a Beijing y, por el otro, lanzó la llamada “pivot strategy” para frenar y debilitar el ascenso chino.

La administración de Trump I reforzó notoriamente ambas prácticas, extendiendo los aranceles a aliados y amigos y procurando — como propósito de máxima — revertir el auge de China y su proyección internacional. A esos dos pilares principales le añadió uno complementario: en sus palabras interrumpir “la intrusión de potencias extranjeras expansionistas” en América Latina mediante la revitalización de la Doctrina Monroe. Se trataba, en este caso, de recuperar la preponderancia de Washington en el área de influencia más próxima. Cabe aclarar que ya en su primer gobierno Donald Trump no pretendió restaurar una hegemonía ya debilitada, sino imponer, con coerción y sin persuasión, una dominación explícita.

La presidencia de Joe Biden, en un contexto doméstico de creciente pugnacidad, no se alejó de aquellos dos pilares prioritarios, al tiempo que insinuó, sin mucho éxito, fomentar un nuevo diálogo con Latinoamérica.

Trump II vuelve a la Casa Blanca en medio de una polarización cristalizada y con una ambición autoritaria elocuente, mientras enarbola un discurso hiper-proteccionista con el que pretende estimular la reindustrialización del país. A esta altura, qué hacer con China es más que un objetivo; es una obsesión que, sin embargo, no pareciera ser un incentivo para gestar una estrategia sistemática y de largo plazo. A su vez, la disputa con Beijing tiene un escenario de manifestación cada día más evidente en América Latina. Implícitamente para Washington hay una dinámica triangular (Estados Unidos-China-Latinoamérica) donde se expone su capacidad disciplinante. En breve, la región se ha convertido en una especie de laboratorio de control.

Si lo anterior se expresa en el terreno de las relaciones inter-estatales, existe una importante dimensión adicional a considerar: los vínculos transnacionales de actores no estatales ligados a viejas y nuevas derechas. Básicamente, lo que ha ido adquiriendo forma y contenido es una Internacional Reaccionaria (IR).

Una Internacional en la que se reflejan dos dinámicas. Por una parte, una actitud frente a la política, la moral y la cultura en términos de desengaño y frustración, acompañada de una exaltación de un pasado promisorio y la glorificación de una Arcadia futura romantizada. Por otra parte, la existencia de un culpable de los males actuales, llámese comunismo, progresismo, multiculturalismo, cosmopolitismo — fenómenos a ser combatidos o eliminados. Esas dos dinámicas, con las respectivas singularidades nacionales, se detectan en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. Esta IR dispone de cuantiosos recursos de mega magnates, de think-tanks, de plataformas digitales, de organizaciones políticas, de gobiernos, y de redes de diferente tipo. Y tiene un tótem: Donald Trump. Y una oportunidad: América del Sur en particular.

El cuadro político de Suramérica podría cambiar significativamente en los próximos 14 meses. Hace poco, Daniel Noboa en Ecuador reafirmó su mandato, al tiempo que en el Paraguay de Santiago Peña no se divisa nada distinto que el predominio derechista. En octubre habrá segunda vuelta en Bolivia con dos candidatos más inclinados hacia la derecha. En noviembre de este año se llevará a cabo la elección en Chile y, por el momento, el avance de la ultra derecha parece sólido. En abril de 2026 se votará a la presidencia en Perú y, con una derecha dispersa y una izquierda fragmentada, es difícil anticipar un resultado. Pero no sería extraño que triunfe una candidatura de derechas. En mayo habrá elección presidencial en Colombia: en un marco inusual de más de 60 candidatos no es descartable — pero tampoco seguro — que la derecha se unifique e intente recuperar el poder que proverbialmente ejerció. Y en octubre será la contienda presidencial en Brasil en un ambiente inestable y disputado donde la derecha buscará retomar el control del Ejecutivo.

Un plegamiento integral

En esa dirección, resulta importante precisar el caso de Javier Milei y la relación de la Argentina actual con Estados Unidos. Todo lo hecho internacionalmente en cuanto a Washington indica una disposición desmesurada a secundarlo en temas globales, regionales y bilaterales. Veamos la evidencia disponible y de acuerdo a las áreas de gobierno. La Cancillería asume los pronunciamientos y votaciones en Naciones Unidas. De acuerdo al informe anual del Departamento de Estado sobre Voting Practices in the United Nations, en 2024 la Argentina fue el segundo país en el mundo, sobre 192, en cuanto a sus coincidencias con Estados Unidos en relación a las votaciones generales no unánimes: 82%; un récord histórico que supera ampliamente a la época de las llamadas “relaciones carnales” durante los dos mandatos de Carlos Menem. El año de mayor coincidencia del menemismo con Washington fue 1994 y alcanzó el 68.8%. La media de las coincidencias con Estados Unidos de toda América Latina y el Caribe fue del 41% (El Salvador de Nayib Bukele coincidió en un 38%). En los 19 temas más importantes para Estados Unidos se batió otro récord: 97%; en esos temas las coincidencias de Israel con Washington llegaron al 92%.

En cuestiones regionales, la Argentina se desinteresó de CELAC, intentó avanzar a favor de un tratado comercial con Estados Unidos por fuera de MERCOSUR, se expresó con agravios y desdén hacia varios gobernantes y gobiernos, y solo manifestó interés en tener lazos relativamente cercanos, por su afinidad ideológica, con El Salvador y Paraguay. Jamás propuso ser, de modo pragmático, un nodo (hub) productivo con sus vecinos inmediatos ni desplegar activos proyectos conjuntos respecto al Atlántico Sur y la Antártida. En cuanto a los asuntos globales, reflejó su ira con el multilateralismo, el cambio climático, la cuestión de género, entre otros; ratificando lo que con Malacalza denominamos “semántica de la violencia”.

Por su parte, el Ministerio de Defensa no ha ahorrado gestos pro-Estados Unidos. El gobierno se sumó en su momento al Grupo de Contacto en Defensa para Ucrania constituido por el Pentágono; siendo el único país latinoamericano en hacerlo. También se incorporó a las Fuerzas Marítimas Combinadas creada por Estados Unidos y con sede en Bahréin. Además, la administración solicitó ser Socio Global de la OTAN. También, reactivó la relación con la Guardia Nacional del Estado de Georgia que estableció el gobierno de Macri en 2016 y que se paralizó durante la presidencia de Fernández. Más recientemente y frente al bombardeo a Irán por parte de Estados Unidos — que no tuvo una autorización interna para el uso de la fuerza, ni invocó legítima defensa, ni llevó el tema a la ONU — el ministro de Defensa, Luis Petri, en su encuentro con la contraparte estadounidense, Pete Hegseth, afirmó: “Estados Unidos demostró que la paz no se negocia, se garantiza desde la fuerza. El liderazgo del presidente Trump frente a Irán dejó una enseñanza clara: las democracias deben tener capacidad de disuasión para defender sus valores y la libertad de sus compatriotas. Con el presidente Milei, Argentina está transitando ese mismo camino”.

Y en un hecho sin comparación con ningún otro país de Latinoamérica y el Caribe, en el lapso de 16 meses dos comandantes (Richardson en un caso y Holsey en dos oportunidades) del Comando Sur han visitado la Argentina. En su segunda visita a la Argentina esta semana el general Alvin Hosley se ocupó de subrayar la amenaza de China para la región y su desafío a la “neutralidad de la Antártida“. Por su parte, el ministro Petri observó que “es muy importante este encuentro (la cumbre SouthDec 2025) porque ratifica la decisión y el mandato del presidente Javier Milei de alinearnos con la administración de Donald Trump”. En tiempos del imperio romano, el procónsul era el administrador provincial del cónsul. Los vínculos entre el Comando Sur ubicado en Miami — como representante del poder localizado en Washington — y la Argentina parecen replicar aquella función proconsular.

Adicionalmente, el Ministerio de Seguridad encabezado por Patricia Bullrich buscó desde el inicio del gobierno incrementar los vínculos con Estados Unidos, repitiendo, por un lado, y ahondando, por el otro, su gestión que, en el mismo ministerio, desempeñó durante la administración Macri. La vieja agenda de las denominadas “nuevas amenazas” (narcotráfico, terrorismo, crimen organizado, etc.) se reflotó con el objetivo, a su vez, de involucrar a las fuerzas armadas en cuestiones de orden público que corresponden a las fuerzas de seguridad. Esto es algo que Washington ha pedido sistemáticamente desde 2016 en adelante. En esa dirección, hace pocos días se anunció una Resolución Conjunta que, de acuerdo a su primer artículo, resuelve crear “en el ámbito del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad Nacional, la Mesa Conjunta de Coordinación, conforme lo establecido en el artículo 17 del Decreto №1112/24, que tiene por objeto establecer un mecanismo interministerial permanente para que las Fuerzas Armadas complementen (negrilla personal) el accionar de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales, con el objetivo de tener en cuenta los ámbitos de actuación, responsabilidades primarias y comando operacional, según el caso, establecidos por la Ley de Defensa Nacional №23.554 y sus modificatorias y la Ley de Seguridad Interior №24.059 y sus modificatorias.”

En lo que hace a la Inteligencia, el borrador del Plan de Inteligencia Nacional 2025 constituye un hecho excepcional. El documento asevera en su Lineamiento Estratégico №1 la centralidad del seguimiento, análisis y accionar de lo siguiente: a) “Situaciones, actores, hechos o circunstancias que impidan, limiten o condicionen el relacionamiento estratégico con Estados Unidos de América”. Más adelante destaca “posible escenarios de conflicto para el Actor Nacional, derivados del afianzamiento de relaciones estratégicas con Estados Unidos de América e Israel”. Sintéticamente, lo principal sería la evaluación de los “posicionamientos” y las “conductas” de los entornos europeo, asiático y latinoamericano “respecto del alineamiento estratégico del Gobierno Nacional”.

Todo es claro; no hay vacilación: en materia de inteligencia el encuadramiento a Estados Unidos es pleno. Respecto al Ministerio de Economía se ha profundizado la dependencia de Estados Unidos a través del papel decisivo de Washington para la obtención de un endeudamiento adicional con el Fondo Monetario Internacional mediante un decreto sin aprobación del Poder Legislativo. La interdicción es el estado al que se llega cuando un individuo ha sido declarado incompetente y se lo priva de la administración de su persona y bienes. Interdicción e incapacidad son equivalentes; un interdicto es quien carece de autonomía y requiere un tutor. Extrapolando la figura jurídica de la interdicción, es posible aseverar que la Argentina es un país interdicto en materia financiera.

Y desde la presidencia ha sido taxativo el enunciado de un alineamiento irrestricto con Estados Unidos. En abril de 2024 Milei dijo: “Quiero aprovechar la vista de la general Richardson (comandante entonces de SouthCom), para anunciar una nueva doctrina de política exterior para la Argentina. Las alianzas tienen que estar ancladas en una visión común del mundo y no deben someterse a los que atentan contra los valores de Occidente… Con nosotros se inaugura una nueva época de las relaciones de Argentina con el mundo. Nuestra alianza con los Estados Unidos, demostrada a lo largo de estos primeros meses de gestión, es una declaración para el mundo”. Y agregó: “El mejor recurso para defender nuestra soberanía…es precisamente reforzar nuestra alianza estratégica con los Estados Unidos”.

Para el presidente eso garantizaría, además, una especie de liderazgo internacional de la Argentina. En noviembre de 2024 en Mar-a-Largo señaló, a los efectos de defender a Occidente, un polígono de poderes: “Los Estados Unidos liderando en el norte; la Argentina en el sur; Italia en la vieja Europa; e Israel, el centinela en la frontera de Medio Oriente. El regreso de la “Argentina Potencia”.

Ahora bien, corresponde enfatizar que, como señala en un escrito reciente Consuelo Thiers, este plegamiento integral a Washington fue posible gracias, en parte, al desmantelamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores; lo cual representa un esfuerzo de La Libertad Avanza por desprofesionalizar el servicio exterior y sobre-ideologizar el manejo de la diplomacia del país.

A modo de Coda

En resumen, el ensayo y la ambición de promover y consentir un seguimiento incondicional a Estados Unidos por parte del gobierno de Milei es meridiano. Quizás supera en intención y anhelo a la última dictadura militar y a los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri. Es algo más que un realineamiento. Paralelamente, para Washington la Argentina actual significa una oportunidad infrecuente. Primero, es un partenaire que concede con bastante facilidad a las preferencias estadounidenses, e incluso sobreactúa sus pronunciamientos, medidas y votaciones en consonancia con la Casa Blanca; antes con Biden y ahora aún más con Trump. Los reiterados viajes presidenciales a Estados Unidos corroboran, además, la idea de fortificar los lazos con derechistas y empresarios: el vínculo con personas es, para Milei, tan o más importante que las vinculaciones inter-estatales. Segundo, el gobierno destaca su predilección por limitar el alcance de los lazos con China y eventualmente alterarlos; lo cual constituye una prioridad indudable de Estados Unidos que agradece tal disposición argentina. Un ejemplo de ello lo muestra Esteban Actis: hay que volver a 1971 — antes del establecimiento de relaciones diplomáticas con China — para identificar un nivel tan bajo de coincidencias con Beijing en la ONU. Tercero, Trump y Milei conforman parte de la Internacional Reaccionaria; el uno como tótem, el otro como idólatra. Eso acrecienta, sin duda, el estrecho relacionamiento argentino-estadounidense.

En este último sentido, la Argentina hoy ocupa un lugar relevante para Estados Unidos, los partidarios ideológicos de Trump y el mundo de los negocios afín. En materia militar la cabecera playera remite al hecho de que una unidad alcanza la costa, defiende el área circundante hasta que se suman refuerzos; lo cual genera una posición fuerte que alienta una ofensiva mayor. En esa dirección, el experimento de la modalidad de derecha de Milei es una suerte de cabeza de playa para la ola reaccionaria que pudiera desplegarse a lo largo de los próximos 14 meses. Habrá que ver si funciona y no derrapa. Ahora bien, en el fondo, la meta principal de Washington es el triunfo de los ultras en Brasil; de ese modo buena parte de Suramérica se podría convertir en fervorosos trumpistas periféricos.

Juan Gabriel Tokatlian

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Te Puede Interesar...

Prendió fuego a su ex pareja en San Martín: la víctima murió tras sufrir quemaduras en el 70 % de su cuerpo

Una mujer de 31 años, identificada como Ana Clara Luna, fue víctima de un brutal femicidio en Ciudad Jardín...
- Advertisement -spot_img

Más artículos como éste...

- Advertisement -spot_img