Tony Blair es la prueba fehaciente de que no te decepciona quien quiere sino quien puede, y que sólo te traicionan aquellos a quienes has querido. El ex primer ministro llegó en 1997 a Downing Street como una bocanada de aire fresco después de una eternidad de mandato conservador (la era Thatcher-Major), un padre de familia joven dispuesto a hacer las cosas de otra manera, símbolo de la Cool Britannia de David Beckham y las Spice Girls. Millones de compatriotas se ilusionaron de verdad.
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