Una multitud acudió al predio de la doma para presenciar una jornada inolvidable que rindió culto a las raíces más hondas de la cultura popular argentina.
Pampa del Infierno, (Agencia) – La localidad se vistió de fiesta para celebrar con un éxito rotundo la décima octava edición del tradicional Festival de la Caña con Ruda.

Más de 5.000 almas se dieron cita en el predio de la doma para ser parte de una jornada inolvidable que rindió culto a las raíces más hondas de la cultura popular argentina, combinando la destreza criolla con la alegría inconfundible de la bailanta. El predio del festival lleva de nombre «Virgen del Carballo».
La habilidad de la jineteada: destreza y pasión criolla
Desde las primeras horas, el predio se llenó de la energía única de los campos argentinos. El aire se tiñó de relinchos y emoción con un despliegue de jerarquía:5 tropillas en escena, 50 montas de alto nivel y las Categorías en disputa fueron: Crina limpia, grupa sureña y basto con encimera.
La valentía de los jinetes encontró su eco perfecto en la maestría de los payadores. Con el talento del payador oficial «Guille Torres» y la coordinación del capataz de campo «Ñato» Lemos, la jornada mantuvo encendido el espíritu federal y la poesía campera enardecía los corazones bañaditos de caña con ruda.

Música y baile bajo el cielo chaqueño
Cuando cayó el sol, el predio de la doma mutó su fisonomía para transformarse en una gran pista de baile popular. La conducción estelar estuvo a cargo de el Chango Villafañez en el festival y Juan Carlos Barro en la bailanta, quienes guiaron al público a través de una noche cargada de ritmo y comunión festiva.
El escenario vibró con las actuaciones de destacados artistas de la zona que hicieron bailar a grandes y chicos: Tropicalismos; Diego García (Chamamecero); Los Ángeles del Ritmo, entre otros.

La palabra de los protagonistas
El mentor y alma mater de este evento tradicional, Rafael Orellana, compartió su emoción en diálogo con el diario NORTE, destacando el valor del esfuerzo compartido:
«La verdad es un enorme placer organizar; la gratificación real es que la gente siempre nos acompaña, siempre está presente. Nosotros lo hacemos porque nos gusta esto, y gracias a la concurrencia podemos llevarlo adelante, cumpliendo con la gente, con los jinetes y con los tropilleros.»
Resumiendo, el sentimiento de toda la pista campera tras una jornada inolvidable, Orellana concluyó con una frase simple pero profunda: «Fue muy lindo, todo».



