Con Sabina y Leiva de teloneros nada podía salir mal, confesaba el colchonero, bocadillo en mano, bufanda al cuello y mirada fija en ese Simeone que se comporta como un animador de un plató de televisión mientras da órdenes, gesticula, protesta y aplaude, todo en uno; capaz de encender un fuego y reclamar poco después que hay que desbrozar en invierno. Es imposible desligar la masacre del Atlético al Barcelona sin su figura. El Cholo bailó sobre la lava como Griezmann lo hizo sobre el verde… Y el FC Barcelona revivió un pequeño Anfield, por la goleada y la atmósfera. No por las consecuencias. Hay partido de vuelta (sería una gesta) y el estómago se ha ido saciando con títulos en la saca y otros que quedan por jugarse.
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