¿Hace cuánto vivió el perro doméstico más antiguo del que se tiene registro? A esa respuesta llegaron científicos de distintas universidades de Europa después de analizar fragmentos de hueso correspondientes a un cachorro nacido y enterrado en la actual Turquía.
La respuesta es 15.800 años. En aquellos tiempos, los habitantes de la meseta volcánica de Anatolia enterraron a una camada de cachorros en el yacimiento de Pınarbaşı. Los animales tenían apenas meses de vida.
Pequeños fragmentos de hueso similares a granos de café “liofilizado” obtenidos de ese lugar y analizados por equipos del Museo de Historia Natural de Londres, de la Universidad de Múnich y del Instituto Francis Crick de Londres, determinaron el dato revelador.
Las conclusiones de los estudios
Las conclusiones de la investigación fueron publicadas en dos estudios compartidos en en la revista Nature. Uno fue de los restos de los cachorros de Pınarbaşı y el otro, de los encontrados en Gough’s Cave, en Somerset (Reino Unido), que datan de 14.300 años de antiguedad.
Hasta dar con el 15.800, la evidencia genética más temprana de perros domésticos databa de 10.900 años. Ahora, la fecha fue adelantada al Paleolítico Superior, cuando los seres humanos eran cazadores-recolectores y no existía otro animal domesticado o acompañante del hombre, como vacas, cabras, cerdos o caballos. El equipo logró dar con el ADN nuclear suficiente para comprobar que se trataba de perros domésticos y no de lobos.

Otra conclusión importante de la investigación es que el perro de Pınarbaşı es genéticamente “casi idéntico” a sus pares que vivieron 4.000 años después. Lo que quiere decir que los humanos cambiaron, pero los perros no.
Por ejemplo, los cazadores-recolectores de Anatolia compartían los mismos animales que los cazadores magdalenienses, personas adaptadas al frío extremo de Europa septentrional que eran dueños de los perros domésticos más antiguos que se conocían hasta los de los estudios. La reciente investigación demostró que a través de los perros hubo interacción entre ambas sociedades que vivieron épocas completamente distintas.

Otro hallazgo tiene que ver con el estatus de los caninos en esas épocas. Los perros de Turquía comían el mismo pescado con el que se alimentaban los humanos y eran enterrados junto a los hombres y mujeres y sometidos a los mismos rituales que ellos. Es decir: eran considerados iguales a las personas.
Su utilidad era posiblemente un bien de valor o como herramienta de caza. Un miembro del estudio dijo que, si bien no se puede saber con certeza, los perros de aquella época «debían de servir para algo concreto; quizá como sistemas de alarma o en la caza, porque eran caros de alimentar (…) Y aun así, los niños probablemente jugaban con los cachorros”.
También implica que una población de perros se había extendido con rapidez por toda la Eurasia occidental antes del fin de la última Edad de Hielo.

Anders Bergström, el firmante de uno de los estudios, afirmó que el linaje de los perros de aquel entonces persiste hasta hoy y que los perros europeos actuales, como el pastor alemán o el San Bernardo, llevan en su genoma la huella de estos animales.

