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Patagonia

Un millón de hectáreas potenciales y súper-rindes: el maíz mira a la Patagonia para ampliar la frontera agrícola

Hace casi una década recibí la consulta de un productor frutihortícola del Alto Valle, quien planteaba las crecientes dificultades vinculadas a la disponibilidad de mano de obra en su chacra. La expansión de Vaca Muerta se había transformado en una competencia difícil de superar. A ello se sumaban el aumento del valor de la tierra, la transformación de predios productivos en desarrollos inmobiliarios residenciales, el bajo precio de la fruta y la pérdida de competitividad de algunas variedades en los mercados internacionales. 

Frente a este escenario comenzó a vislumbrarse una oportunidad concreta: la reconversión de muchos establecimientos hacia sistemas agrícola-ganaderos. Estos requieren menor dependencia de mano de obra, permiten una rápida adaptación productiva y responden a una demanda creciente, asociada al reemplazo de productos provenientes de regiones pampeanas, como carne y maíz, entre otros. Este proceso resulta aún más evidente en campos naturales sin mejoras. 

En este análisis me centraré particularmente en los mencionados sistemas agrícola-ganaderos, vinculándolos con la Patagonia y, especialmente, con la provincia de Río Negro

El maíz, en sus diferentes formas de utilización, constituye un forraje fundamental para la producción ganadera, tanto de carne como de leche. Ambos sistemas están estrechamente relacionados, ya que el cultivo aporta la base energética necesaria para sostener altos niveles productivos. 

El maíz en Patagonia no solo ofrece altos rindes, sino también seguridad de cosecha al no depender de las precipitaciones.
El maíz en Patagonia no solo ofrece altos rindes, sino también seguridad de cosecha al no depender de las precipitaciones. Foto: gentileza.

El maíz permite múltiples alternativas de alimentación animal mediante forrajes conservados: silaje de planta completa, earlage, snaplage, toplage, stalklage, grano húmedo, grano seco reconstituido y grano seco cosechado a humedad de recibo. Todas estas opciones aportan niveles energéticos más que suficientes para la producción ganadera intensiva. 

¿Por qué maíz en Patagonia? 


Desde el punto de vista agronómico, gran parte de la región presenta condiciones ambientales cercanas a las ideales para el cultivo de maíz

  1. Alta heliofanía y baja nubosidad durante el ciclo: mayor radiación interceptada y alto potencial de rendimiento. 
  2. Menor incidencia de plagas y enfermedades: las bajas temperaturas invernales y la baja humedad relativa actúan como regulador sanitario natural. 
  3. Disponibilidad hídrica mediante riego: agua de excelente calidad y caudal suficiente, especialmente en los ríos Atuel y Negro. 
  4. Demanda regional insatisfecha: importación de granos desde regiones pampeanas con elevados costos de flete. 
  5. Amplia amplitud térmica: días cálidos y noches frescas que favorecen la eficiencia fisiológica del cultivo. 
  6. Menor demanda de mano de obra: en comparación con la fruticultura, la dependencia laboral es significativamente menor. 
  7. Integración directa con la producción de carne: elevado potencial para sustituir insumos extraprovinciales. 
  8. Expansión de nuevas áreas bajo riego: desarrollo regional acompañado por provisión de insumos y reducción de costos. 
  9. Disminución de costos ganaderos: menor incidencia del transporte en el valor del alimento. 
  10. Flexibilidad genética: posibilidad de utilizar híbridos de distinto ciclo según destino (grano o forraje). 
  11. Costo relativo bajo de la tierra, si se compara con la zona núcleo: con inversiones similares puede accederse a mayor superficie y menor riesgo productivo. 

Sobre ese último punto, cabe agregar: una hectárea en zona núcleo puede alcanzar valores de US$20.000. En Río Negro, en campos sin mejoras (vírgenes), los valores varían entre US$500 y US$800 por hectára. Ponerlo en producción, con nivelación y riego, requiere una inversión para agricultura de entre US$3.500 y US$4.500.  

Maíz en Patagonia versus maíz en zona núcleo 


Estas características posicionan a la Patagonia como una región altamente competitiva para el cultivo. El análisis económico comparativo debe comenzar por el principal insumo: la tierra. Las zonas irrigadas por el río Negro presentan claras ventajas. Aun considerando inversiones iniciales importantes, el valor por hectárea continúa siendo aproximadamente un cuarto del observado en las principales regiones maiceras de secano del norte bonaerense, sur de Córdoba y Santa Fe.

Los rendimientos son comparables (incluso superiores) con mayor seguridad de cosecha al no depender de las precipitaciones. Este potencial puede extenderse al resto de la Patagonia, con ajustes regionales, pero sin perder sus ventajas estructurales. El riego constituye el principal determinante productivo. 

«El valor por hectárea continúa siendo aproximadamente un cuarto del observado en las principales regiones maiceras de secano del norte bonaerense, sur de Córdoba y Santa Fe.»

Luis Bertoia (Ing. Agr., MSc, PhD). 

Desde una visión integrada, la región productiva patagónica puede abarcar desde el centro y sur de Mendoza hasta Santa Cruz, incluyendo Neuquén, Río Negro y Chubut. Evaluaciones recientes en Santa Cruz muestran resultados prometedores, especialmente en la producción de forraje conservado con híbridos de alta precocidad. 

Históricamente ignorada en los mapas productivos de las Bolsas de Cereales, la Patagonia posee capacidad para alcanzar rendimientos comparables a los mejores lotes de secano del país

La creciente variabilidad climática en las zonas maiceras tradicionales ha generado una marcada irregularidad productiva, con rindes promedio prácticamente estancados. Sequías recurrentes, presión de plagas y elevada carga impositiva han sido factores determinantes. A ello se suma la insuficiente reposición de nutrientes en gran parte del sistema agrícola nacional. 

La Patagonia posee capacidad para alcanzar rendimientos comparables a los mejores lotes de secano del país. 

Luis Bertoia (Ing. Agr., MSc, PhD). 

Mientras se asume que no existen nuevas fronteras agrícolas sin afectar ecosistemas sensibles —como el monte chaqueño, las yungas o la selva misionera—, el potencial patagónico continúa subestimado. La disponibilidad y calidad del agua constituyen uno de los mayores activos regionales, sustentados por los ríos Atuel, Neuquén, Limay, Negro, Chubut y Santa Cruz, además de los aportes provenientes de los grandes lagos andinos. 

La superficie agrícola potencial supera el millón de hectáreas en la Patagonia, la mayoría ubicada en la provincia de Río Negro. Aunque no toda se destinaría a sistemas agrícola-ganaderos, los resultados indican que una hectárea de maíz bajo riego puede equivaler a más de dos hectáreas en las mejores zonas maiceras de secano. Más precisamente, en Argentina el rendimiento promedio en grano es de 7.000 kg/ha, mientras que en buenas zonas de Río Negro es posible alcanzar 20.000 kg/ha.  

Los altos rendimientos posibles, su integración directa con la ganadería y la expansión potencial del área productiva indican que es momento de volver la mirada hacia el sur. A esto se suma la incorporación de cultivos complementarios como remolacha forrajera, ajo y cebolla dentro de rotaciones diversificadas

Persisten, sin embargo, limitantes que requieren adecuación: eficiencia en el manejo del agua, períodos de adaptación de suelos post-nivelación, políticas públicas inestables, altos costos logísticos y necesidad de capacitación técnica

Como valor agregado, Argentina posee una marca territorial reconocida globalmente: la Patagonia. Conceptos asociados a origen y calidad ofrecen un enorme potencial de marketing. La experiencia del “cordero patagónico” demuestra el valor de las denominaciones de origen aún poco desarrolladas. 

La Patagonia puede contribuir a romper el estancamiento productivo nacional. Ya se comenzó a andar ese camino; resta profundizar el compromiso de todos los actores involucrados, más allá de diferencias ideológicas. 

(*) Luis Bertoia (Ing. Agr., MSc, PhD). 
Coordinador del Comité de Forrajes
MAIZAR 


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Redacción

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