Sáb, 7 febrero, 2026
19.3 C
Buenos Aires

Una América Latina con autonomía estratégica

Durante el Foro Económico Mundial en Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, dio un discurso en el cual, pide aceptar que el orden internacional liberal—basado en reglas, instituciones y límites relativamente claros al poder— está muerto. Según este, las recientes acciones de Estados Unidos y la rivalidad entre Washington y Pekín le están dando forma a un orden mundial donde estas no están sujetas a ninguna restricción, y donde la ficción agradable de instituciones y normas globales está terminando. Para describir este nuevo sistema internacional que la rivalidad entre las potencias más grandes está edificando, el primer ministro utilizó aquella frase de Tucídides “los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias”. No obstante, Carney también afirmó que las potencias medias—como Canadá—tiene la oportunidad de crear un nuevo orden mundial basado en valores como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

Carney, basado en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores”, propone combinar principios y pragmatismo: defender la soberanía y los derechos humanos, reconocer que el progreso es gradual y aceptar que no todos los socios comparten los mismos valores. En este marco, Canadá está diversificando sus alianzas, fortaleciendo su sector de defensa y realizando inversiones estratégicas en ámbitos como inteligencia artificial, energía, minerales críticos y nuevos corredores comerciales. En los últimos meses ha firmado doce acuerdos comerciales, profundizado su asociación estratégica con la Unión Europea —incluido el abastecimiento de materiales de defensa— y abierto negociaciones con la India, ASEAN, Filipinas y Mercosur. En otras palabras, Canadá está construyendo coaliciones temáticas y flexibles para fortalecer su autonomía estratégica.

Latinoamérica debería considerar un enfoque similar si aspira a ocupar un lugar relevante en la política internacional del futuro.

Hoy, la región posee múltiples países con potencial real de incidencia global, pero la falta de integración, la débil coordinación política y la ausencia de instituciones robustas reducen drásticamente su capacidad de actuar de manera colectiva. Solo para nombrar algunos ejemplos de potencial inserción en cadenas de suministro clave para el futuro de la economía mundial, analicemos el triángulo del litio, ubicado entre Argentina, Bolivia y Chile. En este se concentra el 68% de las reservas globales de litio en salmueras, las más rentables y fáciles de procesar, según datos del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLASCO). Este mineral es esencial para la transición energética: desde baterías para vehículos eléctricos hasta sistemas de almacenamiento para energía solar y eólica.

A ello se suma el cobre, materia prima fundamental para microchips y semiconductores. América Latina, según CSIS, alberga el 46% de las minas de cobre del mundo, principalmente en Chile y Perú. Y, según expertos, la demanda de este mineral crucial para las industrias del futuro incrementará de manera importante. Pues la infraestructura tecnológica, los centros de datos y la expansión global de la inteligencia artificial demandarían hasta 2,6 millones de toneladas adicionales. Aunque China controla buena parte de la cadena de suministro, las reservas están aquí.

Estos dos ejemplos muestran que la región no solo tiene recursos estratégicos, sino también una oportunidad histórica para insertarse en las cadenas globales de alto valor agregado de las industrias del futuro. Además, según datos, Latinoamérica es ya líder global en energía renovable: más del 50% de su matriz energética proviene de fuentes limpias, con Paraguay, Costa Rica y Brasil a la cabeza. Para 2023, la región produjo el 45% de su energía a partir de hidroeléctricas, el 9% de eólica y el 5,4% de solar. Ninguna otra región del mundo tiene un punto de partida tan favorable.

Lo que hace falta es una visión compartida. La región necesita un consenso institucional que permita un verdadero proceso de integración, establezca prioridades comunes y dé coherencia a su inserción internacional. Sin ello, América Latina seguirá fragmentada, con un desarrollo desigual y lento, y con un peso internacional mínimo. Evidencia de esto es que el 18 de enero del 2026, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó leventemente a la baja la previsión de crecimiento económico de América Latina y el Caribe.

Según esta institución, Latinoamérica y el Caribe crecerá en 2,2% este año y que en 2027 repunte hasta el 2,7%. De cumplirse, el crecimiento la región sería menor que el promedio mundial estimado en 3,3% en 2026 y en 3,2% en 2027, y menor que África subsahariana, estimada en 4.6% en 2026, las economías emergentes y en desarrollo en Asia, 5% en 2026, y Oriente Medio y Asia Central, 3,9% en 2026. De esta manera, en un mundo fragmentado y multipolar, América Latina no solo debe construir este consenso regional que impulse el desarrollo económico y social, sino también edificar su soberanía estratégica, identificando ventanas de oportunidad para insertarse en las industrias del futuro—como la inteligencia artificial, centro de datos y energías renovables—aprovechando su potencial mineral y de mano de obra, con potencias medias como Canadá y países de la Unión Europea, que no solo ya muestran su interés en la región, sino que también comparten sus valores democráticos. De lo contrario, solo Brasil, México o Argentina —quienes se está ubicando como potencias regionales— podrán posicionarse de forma individual, mientras el resto quedará rezagado.

El reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur es ilustrativo del interés global en la región. El pacto crea una zona de libre comercio de 700 millones de personas. Mercosur es hoy el segundo socio comercial de la Unión Europea en bienes, con exportaciones europeas que alcanzaron los 57.000 millones de euros en 2024. La UE también representa una cuarta parte del comercio total de servicios del bloque, con exportaciones por 29.000 millones de euros en 2023. Ese mismo año se consolidó como el mayor inversor extranjero en Mercosur, con un stock acumulado de 390.000 millones de euros. La oportunidad es evidente. Lo que no está claro es si América Latina podrá aprovecharla.

Por eso, este es el momento de avanzar hacia un nuevo consenso regional que permita construir una América Latina capaz de liderar en energías renovables, en minerales críticos y en las industrias del futuro; una región con un propósito superior común y la autonomía estratégica necesaria para influir en la geopolítica del siglo XXI.

Twitter: @Mariocarvajal9C

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Mundos íntimos. Mis abuelos, pobres, sólo tuvieron ilusiones. Yo, médica y escritora, soy fruto de su tenacidad y esfuerzo.

Mi abuelo Pascual Antonio Liotti dejó su hogar en Cirò, en la provincia de Crotone, Calabria, con apenas veintiséis...

¿Cómo salir de la pobreza, hoy?

¿Es más difícil conseguir un trabajo y mejorar el nivel de vida personal ahora que hace setenta u ochenta...

Siempre adelante, en el cine

“Un sueño posible” es una película estadounidense protagonizada por Sandra Bullock y Quinton Aaron estrenada en 2009. Un adolescente...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí