Los murciélagos quedaron en el centro de una decisión urbana poco habitual en Europa. En la localidad danesa de Gladsaxe, ubicada cerca de Copenhague, un tramo de la avenida Frederiksborgvej reemplazó la luz blanca tradicional por iluminación roja con el objetivo de reducir la interferencia del alumbrado público sobre estos mamíferos nocturnos.
El proyecto se aplicó sobre un sector de unos 700 metros junto a zonas arboladas y a la ciclovía Farumruten, un corredor donde se registró alta actividad de distintas especies de murciélagos.
La apuesta fue cambiar el tipo de luz y no apagarla por completo, para mantener visibilidad en la vía sin levantar una barrera luminosa sobre el recorrido de la fauna.

La luz roja, con una longitud de onda más larga, genera menos perturbación sobre la fauna y por eso empezó a ser vista como una alternativa más amable para los entornos donde conviven tránsito, vegetación y colonias de murciélagos, sin embargo, su uso en la vía pública obliga a discutir otra variable: cómo rinden la visibilidad, el contraste y la percepción de obstáculos bajo ese tipo de iluminación.
No es el mismo escenario que una luz blanca neutra usada para circulación cotidiana. La evidencia sobre conducción nocturna muestra, en general, que una mejor sensibilidad al contraste se relaciona con mejor detección de riesgos y menor tiempo de reacción.

Por qué la luz roja ayuda a los murciélagos y qué otros países de Europa las usaron
Los murciélagos no responden todos igual a la iluminación artificial, pero distintos estudios y guías técnicas coinciden en que las longitudes de onda cortas, como las asociadas a luces blancas frías o azuladas, resultan especialmente disruptivas para varias especies.
Este tipo de iluminación puede alterar sus patrones de actividad, reducir las zonas de alimentación y aumentar el riesgo de depredación. En cambio, las luces con tonalidades más cálidas, como las rojas, suelen generar un impacto menor, por lo que su uso es cada vez más recomendado en entornos sensibles a la fauna nocturna.
En Gladsaxe, esa lógica se aplicó sobre una zona donde había registro de murciélagos en descanso y forrajeo. La intención fue evitar que la calzada funcionara como una franja hostil para sus recorridos nocturnos. La experiencia europea también muestra que no todas las ciudades resolvieron el tema del mismo modo. Algunas apostaron por el rojo fijo en zonas puntuales; otras exploraron variantes más flexibles para no comprometer tanto la visibilidad humana durante todo el año.
Uno de esos caminos fue el de Avord, en Francia, donde se ensayó una iluminación de tono ámbar, cercana al rojo, durante la temporada estival. La lógica fue reducir afectación sobre insectos y murciélagos en meses sensibles y volver en invierno a una luz blanca neutra que mejore la visibilidad en la vía pública.
En tanto, en 2018, Zuidhoek-Nieuwkoop, en Países Bajos, fue presentado como el primer pueblo del mundo en instalar alumbrado LED rojo pensado para no afectar a los murciélagos. Un año después, en Reino Unido, se montó un paso iluminado en rojo de 60 metros sobre la A4440, junto a la reserva natural de Warndon Woodlands.

