Cuando era pequeña, debería tener unos siete años, ya pensaba en marcharme de casa, no querían que fuera a la escuela, me obligaban a ocuparme del trabajo doméstico … Mis padres murieron y yo vivía con la familia de un tío materno. Al cumplir los 16 me arreglaron un matrimonio con un hombre mucho mayor”, relata Khadijah, quien concluyó el pasado agosto en Ibiza una larga ruta migratoria desde su ciudad, Conakry, en la República de Guinea. Khadijah sigue el programa de acogida para las personas solicitantes de asilo en Sabadell, con el acompañamiento de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). La historia de esta mujer, de 36 años de edad, tiene muchas similitudes con la de tantas otras refugiadas que huyen de situaciones de violencia y de la pobreza en sus países de origen. Su salida es embarcarse en penosos viajes con el propósito de alcanzar Europa.
“Yo no quería casarme, me hubiera gustado ir a la universidad, estudiar periodismo, derecho o medicina, pero me obligaron a ser ama de casa y convivir con un hombre mayor al que no conocía; él entonces ya tenía otras dos esposas”, comenta en francés, en la sede de CEAR. Cuenta que la situación fue a peor por distintos motivos que prefiere no hacer públicos, que era víctima de malos tratos y que decidió huir.
“Yo no quería casarme, me hubiera gustado ir a la universidad, pero me obligaron a convivir con un hombre mayor”
Khadijah empezó en marzo del 2024 un tortuoso viaje en el que las agresiones de gente que se iba encontrando por el camino eran el plato de cada día.
“Salí de Conakry, crucé a Mali, entré en Bamako, donde estuve tres días, y luego tardamos dos semanas en atravesar el país hasta Argelia, allí empezó todo, quiero decir todo lo malo. El recorrido no fue nada fácil, había grupos de bandidos y sufrí mucha violencia; en pleno desierto me robaron el teléfono y el dinero. Entré a Argelia sin nada”. Ella llegó con vida pero comenta que vio morir a otros compañeros de viaje.
En Tamanrasset, en el corazón del Sáhara del sur de Argelia, encontró trabajo de limpiadora. Khadijah se instaló unos tres meses en esta ciudad oasis, cerca de las montañas de Hoggar, hasta que pudo reanudar su ruta con la mirada puesta en Europa. Siguió su itinerario hacia el norte, hacia la capital, y después se dirigió a Túnez. “Allí estuve más tiempo, alrededor de un año, y trabajé recogiendo aceitunas. Cuando quise regresar a Argelia la policía me detuvo y me envió con más gente al desierto, estuve dos semanas para volver andando”, afirma. Unos perdieron la vida y otros consiguieron subsistir a las durísimas condiciones. En la recta final de su periplo africano logró regresar a Argel, donde volvió a limpiar casas y ahorró algo de dinero para pagar su plaza en un barco que, el 18 de agosto, alcanzaría la isla de Ibiza, un año y cinco meses después de su partida de Conakry. Una ruta de unos 530 días.
“Fueron dos jornadas en el mar, yo era la única mujer y también sufrí violencia. Al llegar respiré y sentí muchas emociones; di gracias a Dios, había cumplido mi sueño”, dice.
Khadijah es una de las 7.321 personas inmigrantes que llegaron por mar a Baleares durante el 2025, 1.439 más que en el año anterior. El aumento registrado en estas islas es inverso al importante descenso en Canarias, donde se pasó de 46.843 a 17.788 llegadas, un 62% menos, según el informe Inmigración Irregular 2025 publicado por el Ministerio del Interior. El mismo documento indica que de enero a diciembre arribaron a España un total de 36.775 mujeres y hombres de manera irregular, la mayoría (32.925), por vía marítima, un 42,6% menos que en el 2024.
Khadijah fue trasladada a Begues, en el Baix Llobregat, al dispositivo de atención humanitaria pensado para las personas inmigrantes más vulnerables. Posteriormente, en octubre, pidió el asilo y desde hace tres meses está en el programa estatal de acogida para los solicitantes de protección internacional. “Ahora quiero estudiar, aprender la cultura. integrarme y trabajar”, comenta. Más adelante le gustaría traer a sus cinco hijos.
Estos días ha participado en algunas actividades relacionadas con el 8M y esta mañana se sumará a la manifestación que parte de los Jardinets de Gràcia.

Licenciada en Ciencias de la Información por la UAB. Jefa de Sección de Tendencias y redactora del área de Cooperación y Desarrollo. Con anterioridad, jefa de sección de Vivir y delegada de la edición de Tarragona de La Vanguardia.



