La reforma laboral que impulsa el gobierno de Milei es una declaración de guerra contra todos los trabajadores y la juventud. Bajo el lenguaje de la “modernización” y la “competitividad”, pretenden avanzar con la flexibilización de las condiciones de trabajo, la facilidad para despedir, el debilitamiento de los convenios colectivos, la ampliación de la jornada laboral encubierta (¡incluso hasta 12 horas o más!), la legalización de modalidades precarias y la reducción de derechos históricos conquistados por décadas de lucha.
Esta reforma significa también un ataque a la educación pública ya que perjudica directamente a quienes la habitamos. Los trabajadores universitarios cobran miseria y la mayoría de los estudiantes ya hacemos malabares para poder compatibilizar los estudios con el trabajo, con la misión cada vez más difícil de llegar a fin de mes. Esta reforma laboral producirá que muchos estudiantes más tengan que abandonar sus estudios para no perder sus trabajos. Quieren que estudiar se vuelva imposible y solo para unos pocos.
No se trata de una reforma aislada, sino de una pieza central de un programa de ajuste estructural avalado e impulsado por Estados Unidos y sus organismos internacionales como el FMI. Esta política, además de incluir un ataque directo a la salud y educación públicas y a los jubilados, incluye también una política extractivista sobre nuestros bienes comunes naturales como se expresa en el proyecto de Ley de Glaciares, en la lucha del pueblo mendocino en defensa de su agua y en los incendios en la Patagonia que el Estado deja crecer. A esto se le suma el impulso de un proyecto que busca incrementar la criminalización contra la protesta y la juventud, expresado en los intentos de la Libertad Avanza de bajar a 13 años la edad de imputabilidad.
Esta reforma se produce en el contexto de la avanzada imperialista de Estados Unidos sobre toda América Latina, con la reciente intervención y bombardeos sobre Venezuela y con el intento del gobierno de Bolivia de implementar reformas estructurales, que produjeron una respuesta popular inmensa. Trump quiere que Latinoamérica sea el patio trasero de los Estados Unidos y el proyecto de reforma laboral de Milei y su plan para la Argentina, van en el mismo sentido. En el marco que crecen las protestas en Minneapolis y todo Estados Unidos contra la represión y asesinatos de ICE, la Gestapo Trumpista.
¿Por qué entonces los estudiantes tenemos que enfrentar la reforma laboral?
La reforma laboral precariza el trabajo, fragmenta aún más a la clase trabajadora y debilita su capacidad organizativa; el ajuste a la educación pública busca mercantilizar el conocimiento, degrada el salario docente y pretende expulsar a los sectores populares del sistema educativo. Esto nos afecta particularmente como jóvenes estudiantes-trabajadores, ya que la mayoría tenemos que trabajar de forma precaria para poder estudiar. Con esta reforma pretenden precarizar aún más nuestras condiciones de trabajo. Con el banco de horas que flexibiliza la jornada laboral ¿cómo vamos a organizar nuestros horarios de cursadas? ¿Cómo vamos a pagar los alquileres con salarios cada vez más bajos? ¿Cómo podemos planificar nuestro futuro si nos pueden despedir en cualquier momento? Es un incremento de la precarización que aumenta la expulsión de los trabajadores y los sectores populares de la universidad y busca privar a millones de la posibilidad de estudiar una carrera universitaria.
El movimiento estudiantil, históricamente, no ha sido un actor pasivo frente a estas ofensivas. Desde la Reforma Universitaria de 1918, pasando por las luchas contra el imperialismo en América Latina, la resistencia a las dictaduras, las movilizaciones contra las políticas neoliberales de los años noventa y las recientes acciones contra el genocidio en Palestina ha intervenido como sujeto político en alianza con la clase trabajadora. En Francia, Chile, Italia, Estados Unidos y en nuestra propia historia nacional, la juventud ha sabido estar en la primera línea de las luchas contra las reformas laborales regresivas y los planes de ajuste dictados por organismos internacionales y gobiernos subordinados a los intereses del capital financiero.
Hoy, frente a esta nueva ofensiva de carácter estructural, no alcanza con la denuncia ni con la resistencia pasiva. La gravedad del ataque exige una respuesta a la altura. Por eso, desde la Red Nacional de Agrupaciones de EnClaveRoja llamamos explícitamente a la Federación Universitaria Argentina (FUA), a los centros de estudiantes y federaciones universitarias a ponerse a la cabeza de la lucha contra la reforma laboral.
Llamamos a preparar asambleas masivas en todas las facultades desde el inicio de las clases y a construir una gran movilización con columnas desde todas las universidades el día que se trate la Ley, rodeando el congreso y evitando que se trate la reforma. En las provincias bloqueando todo contra los senadores y diputados cómplices que negocian nuestros derechos a espaldas del pueblo. Exigimos también a las centrales sindicales un paro general el día que se trate y llamamos a articular con las luchas en curso como la de los trabajadores de Lustramax que enfrentan los ataques patronales y a la derecha reaccionaria. Desde los centros que conducimos, cómo el CESaCo – UNLa, y nuestras decenas de secretarías a nivel nacional, ya estamos impulsando todo tipo de instancias asamblearias, democráticas y de coordinación para juntar fuerzas contra la reforma y para rodear de apoyo cada lucha.
Hacia adelante, tenemos que radicalizar los métodos de lucha: preparar asambleas masivas, movilizaciones, cortes y todas las formas de acción directa que la tradición del movimiento obrero y estudiantil ha desarrollado en sus momentos más avanzados. Frente a una reforma que busca desorganizar y disciplinar, nuestra respuesta tiene que ser organización, unidad e impulsar una campaña que llegue hasta el último estudiante.
Llamamos a todas las organizaciones y aquellos que quieran dar esta pelea, a impulsar instancias abiertas de debate y discusión para preparar la movilización del 11 de febrero (día que se trata la reforma laboral) con el objetivo de rodear el congreso y evitar que se transforme en una movilización rutinaria como seguramente impulsen las burocracias sindicales. No estamos dispuestos a ser una estrella más de la bandera yanqui y ver cómo se degradan las condiciones de vida de la mayoría sin hacer nada. Luchamos por un futuro sin precarización, sin explotación y sin subordinación al imperialismo. La reforma laboral se derrota en las calles.

