
La gira sudamericana sobre polvo de ladrillo es, año tras año, el tramo del calendario que enciende la ilusión de los tenistas de la región. Para los argentinos, en particular, representa una oportunidad estratégica: competir en casa, defender puntos importantes y proyectar un salto en el ranking.
Sin embargo, en esta temporada el foco no estuvo únicamente en los resultados deportivos. Las ausencias en la convocatoria para enfrentar a Corea del Sur por la primera serie de la Copa Davis, decisión que generó un debate interno, sumaron un condimento extra.
El argumento esgrimido por varios jugadores ante el capitán Javier Frana fue la necesidad de priorizar la defensa de puntos y el posicionamiento en el ranking ATP. En ese contexto, el balance de la gira -que incluyó los ATP 250 de Buenos Aires y Santiago, el ATP 500 de Río de Janeiro y el Challenger de Rosario– adquiere una dimensión especial.
En términos generales, el rendimiento fue auspicioso. Argentina cerró febrero con nueve jugadores dentro del Top 100, cifra que se consolidó con el ingreso de Román Burruchaga al lote de privilegio. Además, hubo tres títulos: Camilo Ugo Carabelli en Rosario, Francisco Cerúndolo en Buenos Aires y Tomás Martín Etcheverry en Río de Janeiro. Y más: la final de Burruchaga en el Challenger santafesino y cinco presencias en semifinales a lo largo del circuito.
El dato marca fortaleza estructural y profundidad competitiva. Sin embargo, el análisis individual revela matices.

El Retu fue quien mejor aprovechó la gira. Campeón en Río y semifinalista en Buenos Aires, sumó 600 puntos y logró un salto de más de 20 posiciones en el ranking, pasando del puesto 54 al 31 en apenas un mes. El regreso de su entrenador Waly Grinovero aparece como un factor determinante en la recuperación de su mejor versión.
Francisco Cerúndolo, por su parte, defendió con éxito su liderazgo nacional. Se consagró campeón en el Argentina Open, alcanzó las semifinales en Santiago y, pese a una lesión sufrida en Río y un cuadro gripal en Chile, se mantuvo estable en el ranking. Sumó 400 puntos y ratificó su lugar dentro del Top 20.
También fue positiva la evolución de Thiago Tirante y Juan Manuel Cerúndolo. Ambos evitaron la qualy -a diferencia de 2025- y aprovecharon sus oportunidades en cuadros principales. Tirante acumuló 125 puntos y escaló 18 posiciones (del 92° al 74°), mientras que el menor de los hermanos sumó 160 unidades y trepó del 85° al 70°.
Burruchaga fue otro de los destacados. Empujado por su final en Rosario y buenas actuaciones en el resto de la gira, sumó 139 puntos y quebró la barrera del Top 100 (del 118° al 98°). El desafío ahora será sostener esa posición en la exigente gira norteamericana.

No todos lograron cumplir los objetivos. Sebastián Báez, quien más puntos defendía (725 en 2025), no pudo repetir la cosecha. Aunque alcanzó dos semifinales, quedó lejos del rendimiento del año pasado y sumó apenas 200 puntos, con una caída de 19 posiciones (del 34° al 53°). El colchón obtenido en enero durante la gira por Oceanía amortiguó el impacto, pero la pérdida fue significativa.
Ugo Carabelli tuvo un inicio brillante con el título en Rosario y un buen paso por Buenos Aires, pero las derrotas tempranas en Río y Santiago -donde defendía semifinales- lo hicieron retroceder 18 lugares en el ranking.
Francisco Comesaña tampoco pudo aprovechar la gira. Tras un 2025 que lo había dejado cerca del Top 50, el recorrido por Sudamérica fue adverso: apenas 33 puntos y una caída del 64° al 82° puesto. Mariano Navone, en tanto, mantuvo cierta estabilidad, aunque la escasez de victorias (2-3 en la gira) encendió algunas señales de alerta.
Más allá de las comparaciones interanuales, el tenis se mide en presente continuo. La decisión de priorizar la gira sobre la Copa Davis tenía como objetivo sostener o mejorar posiciones en el ranking. En varios casos, el plan funcionó; en otros, los resultados no acompañaron.
Con nueve argentinos en el Top 100, títulos en torneos de relevancia y una camada joven que continúa empujando, el balance global es positivo. Pero las diferencias individuales y las caídas puntuales dejan claro que el margen es mínimo y que cada punto, en un calendario cada vez más exigente, puede marcar la diferencia entre consolidarse o retroceder.


