Como sucede con sus apellidos, Urko González de Zárate pertenece a la aristocracia de los centrocampistas, ese club de elegidos a los que no les quema el balón y que parecen levitar sobre el césped cuando reciben entre varios rivales. Su elegancia y tranquilidad han casado a la perfección con las carencias del Espanyol en esa parcela del campo y desde su llegada en el mercado invernal el equipo ha encontrado el rumbo correcto.
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