Un centenar de vecinos se reunió en la Plaza del Tanque para defender los adoquines históricos.
El encuentro fue convocado por organizaciones civiles en medio del debate por el futuro de las calles adoquinadas de la ciudad. Plantean la necesidad de una ordenanza que garantice su preservación.
En el marco del conflicto que desde hace varios días se discute en Tandil en torno al destino de las calles adoquinadas, un centenar de vecinos se reunió en la esquina de Sarmiento y 4 de Abril, junto a la tradicional Plaza del Tanque, para manifestar su postura en defensa del patrimonio histórico, cultural y natural de la ciudad.
La convocatoria fue impulsada por la Asamblea del Barrio La Estación, Punto Verde y la Asamblea Barrios de Piedra, quienes definieron la jornada como «un punto de partida para cuidar el patrimonio histórico, cultural y natural de todos los tandilenses».
El encuentro contó con la participación de la murga Corre la Voz, que ensaya sus pasos de carnaval al lado del tanque de la plaza, además de historiadores, artistas y distintos actores políticos locales que se acercaron para acompañar la iniciativa.
Durante la actividad, los organizadores remarcaron que el cuidado del patrimonio «no es solo una cuestión del pasado, sino la base para construir el futuro». En ese sentido, señalaron que Tandil, con más de 200 años de historia y entre las ciudades más antiguas de la provincia, atraviesa un momento «bisagra» marcado por un crecimiento sostenido, lo que obliga -según expresaron- a debatir qué modelo de ciudad se proyecta para las próximas generaciones.
Uno de los principales reclamos del espacio es la elaboración de una ordenanza que establezca un marco normativo claro para proteger el valor patrimonial de las calles adoquinadas. «Es insensato destruir aquello que se puede restaurar y preservar», sostuvieron.
En los argumentos expuestos, destacaron que el adoquín forma parte central de la identidad tandilense. Recordaron que fueron los picapedreros quienes, a pulso de martillo, moldearon el granito extraído de los cerros para trazar numerosas calles, monumentos y edificios en distintos puntos del país. Esas familias, señalaron, fundaron barrios como Cerro Leones, Villa Laza y Movediza -conocidos como los «barrios de piedra»- y sus descendientes forman hoy parte activa de la comunidad local.
Desde una perspectiva ambiental y económica, los organizadores afirmaron que el principal «costo ambiental» de la extracción ya fue asumido hace más de un siglo y que, con un bajo costo de mantenimiento y una correcta reparación, las calles podrían durar otros 100 años gracias a la resistencia del granito. Además, subrayaron que el adoquinado favorece la absorción de agua, contribuye a mitigar inundaciones y reduce la temperatura en comparación con el asfalto.
También mencionaron ejemplos internacionales como Copenhague, Ámsterdam, Barcelona, Lisboa, Montevideo y Río de Janeiro, donde los adoquinados históricos se preservan no solo por su valor cultural, sino también como una decisión estratégica de gestión urbana.
Historiadores presentes en la jornada pusieron en valor el lugar elegido para el encuentro. Recordaron que desde principios del siglo pasado la Plaza del Tanque fue un punto neurálgico de la vida social tandilense: allí llegaban carretas, se articulaba el movimiento con la estación de trenes, funcionaron ferias francas y el museo del fuerte, y se realizaron multitudinarios mítines obreros. También evocaron la histórica conformación de la Usina Popular de Tandil, impulsada por miles de vecinos.
La jornada fue definida por los organizadores como «conmovedora y significativa», y aseguraron que buscarán continuar generando instancias de participación ciudadana. El objetivo, afirmaron, es fortalecer la educación, interpretación y cuidado del patrimonio histórico-cultural, entendiendo que ese compromiso colectivo permite vincular el pasado con el presente y proyectar la identidad de la comunidad que Tandil quiere ser.



