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General Belgrano

Volver al pago y empezar de nuevo: la historia personal detrás de un wine bar que sorprende en General Belgrano

Fabrizio Peña habla de vino con la misma naturalidad con la que habla de su propia vida. Para él, una cosa no se entiende sin la otra. “Hubo un punto de inflexión”, dice. “Una situación familiar que me llevó a replantearme mi vida”.

Hasta entonces trabajaba como guarda de larga distancia en Trenes Argentinos. Tenía una rutina estable, viajes constantes y un trabajo seguro.

Pero desde hacía años había otra pasión que lo acompañaba: el vino. Había realizado el curso de Iniciación al Conocimiento del Vino en la Escuela Argentina de Vinos y, cada vez que viajaba a Mendoza, buscaba meterse en bodegas, conversar con enólogos, escuchar historias. “Siempre traté de aprender y de vincularme con la gente que hace vino”, cuenta.

La propuesta se sumó a clásicos de General Belgrano como las termas, la costanera sobre el Salado o el Bosque Encantado. Foto PB/ViajesLa propuesta se sumó a clásicos de General Belgrano como las termas, la costanera sobre el Salado o el Bosque Encantado. Foto PB/Viajes

En diciembre de 2024 tomó una decisión fuerte: dejar su trabajo, volver definitivamente a General Belgrano y empezar de cero, en la búsqueda de darle forma a un proyecto que lo conectara con algo más profundo, con una pasión. “Tenía que ser algo que me gustara de verdad, algo que tuviera que ver con mis sueños. Y mi sueño siempre fue tener una vinoteca”.

Y así se decidió a darle vida a Sonrisas Violetas, que abrió sus puertas el 8 de marzo pero no como una vinoteca tradicional ni como un bar más, sino como una experiencia pensada desde lo humano, y enfocada en etiquetas no tradicionales, cepas y marcas que invitaran a innovar y experimentar, conocer y preguntar.

Sonrisas Violetas funciona en una casa en esquina de techos altos, luz cálida y un altillo con vista al verde del boulevar, y allí el vino es el centro, aunque la clave es cuando se convierte en una excusa para encontrarse, conversar y aprender.

Fabrizio decidió volver a su ciudad y crear una vinería y wine bar que hoy atrae turistas. Foto Sonrisas VioletasFabrizio decidió volver a su ciudad y crear una vinería y wine bar que hoy atrae turistas. Foto Sonrisas Violetas

Rituales íntimos para disfrutar y divertirse

A menos de dos horas de Buenos Aires, General Belgrano es uno de los destinos bonaerenses más elegidos para escapadas cortas. Las Termas del Salado, el Bosque Encantado y la costanera sobre el río convocan cada fin de semana a visitantes que, muchas veces, buscan algo distinto para hacer por las noches (o las tardes). Fabrizio lo tuvo claro desde el inicio.

“Yo atiendo, voy a las mesas, le hablo de vino a la gente”, dice. No delega ese rol: lo asume como parte central de la experiencia. Sirve la copa, explica de dónde viene ese vino, quién lo hace, por qué eligió esa botella. “No se trata de solamente tomarse una copa. Es también que te la sirvan, te cuenten la historia y te ayuden a valorar el vino como debe ser”.

Un espacio en el que el gran protagonista es el vino. Foto Sonrisas VioletasUn espacio en el que el gran protagonista es el vino. Foto Sonrisas Violetas

La propuesta gira en torno a vinos de autor, proyectos pequeños, bodegas boutique y también etiquetas menos conocidas de bodegas tradicionales o consagradas, y de orígenes que pueden sorprender a más de uno. Porque “no hay que pensar que el buen vino está solo en Mendoza o San Juan. Hay proyectos increíbles en todo el país”, sostiene Fabrizio con conocimiento de causa.

Las noches de degustación funcionan como rituales íntimos: hasta doce personas, cinco cepas, un menú por pasos y un eje conductor -un varietal, una región o una bodega-. Muchas veces participa alguien del proyecto o la bodega invitada, y el clima es más de encuentro que de cata formal. “La idea es disfrutar, reírse, preguntar. Sacarle el miedo al vino”, explica.

Un punto de referencia que sigue creciendo

En poco tiempo, Sonrisas Violetas dejó de ser solo una vinoteca para pasar a convertirse en un punto de referencia en la ciudad, y la zona.

Fabrizio está constantemente buscando ofrecer nuevas experiencias. Foto Sonrisas VioletasFabrizio está constantemente buscando ofrecer nuevas experiencias. Foto Sonrisas Violetas

En buena medida por la pasión de Fabrizio, que está continuamente pensando qué nuevas experiencias ofrecer, como el Caminito Vinero, una propuesta de picnic con vino y picada para disfrutar en el boulevard: los clientes llegan, se llevan su canasta con el vino, las copas, la picada y el mantel, y cruzan al espacio verde de enfrente a disfrutar.

Otra idea es el recientemente inaugurado patio, pensado para degustaciones al aire libre bajo una gran pérgola, “como una parra gigante”, se entusiasma.

El picnic al aire libre es la propuesta del Caminito Vinero. Foto Sonrisas VioletasEl picnic al aire libre es la propuesta del Caminito Vinero. Foto Sonrisas Violetas

Además de las degustaciones programadas, Sonrisas Violetas organiza cenas especiales con cocineros invitados y menús de estación, en los que siempre, claro, todo gira en torno al vino: los platos están pensados para acompañar las etiquetas elegidas, y allí los cocineros locales encuentran una oportunidad para mostrar su trabajo.

“Al principio dudé si en Belgrano iba a poder hacer lo que yo quería; pero enseguida me di cuenta de que hay cocineros increíbles y mucha gente con buenas ideas y la mejor onda para pensar experiencias de disfrute”, dice Fabrizio.

Vino, comida y música se combinan en noches pensadas para bajar el ritmo y enfocarse en el placer del plato y la copa. “Todos ganamos. Los productores, los cocineros, los turistas. Lo importante es compartir”, resume.

Un patio para compartir vinos y buenos momentos. Foto Sonrisas VioletasUn patio para compartir vinos y buenos momentos. Foto Sonrisas Violetas

El proyecto de Fabrizio nació como un servicio nuevo para los belgranenses y una oferta más para los visitantes, pero con el tiempo, empezó a atraer visitantes que llegan desde distintos puntos de la provincia, tentados por una propuesta distinta, complementaria, al turismo termal o rural.

Algunos hacen la visita como parte de un recorrido más amplio; otros viajan especialmente para las noches de cata. “Nunca pensé que esto podía atraer gente de afuera, pero pasa. Hay personas que se quedan más en el pueblo o incluso vienen solo para venir acá”, cuenta.

Fabrizio no habla de crecimiento en términos de negocio, sino de comunidad. “Me gusta pensar que este lugar es un punto de encuentro. Si alguien se va habiendo aprendido algo nuevo sobre el vino, o habiendo pasado una linda noche, ya está; para mí, eso es todo”, concluye.

La equina ya se ganó un lugar entre las propuestas turísticas de la ciudad. Foto Sonrisas VioletasLa equina ya se ganó un lugar entre las propuestas turísticas de la ciudad. Foto Sonrisas Violetas

MINIGUíA

Cómo llegar

General Belgrano está a 160 km de la Ciudad de Buenos Aires. Se accede por Autovía 2 y Ruta Provincial 29 (empalme con la RP 41).

Sonrisas Violetas está en la esquina de Lavalle y Dr. Torras, en el centro de la ciudad.

Qué hacer

Wine bar con venta por copa, degustaciones temáticas con menú por pasos (dos por mes), cenas especiales con cocineros invitados, picnic con vino y picada en el boulevar (Caminito Vinero) y patio al aire libre para degustaciones bajo una gran pérgola.

Todo listo para una cata a ciegas. Foto Sonrisas VioletasTodo listo para una cata a ciegas. Foto Sonrisas Violetas

Cuándo ir

Fines de semana y feriados. Las degustaciones y cenas se programan con anticipación; conviene consultar antes de viajar (Instagram @sonrisasvioletas).

Dónde alojarse

En General Belgrano hay hoteles y cabañas tanto en el centro como en las cercanías del complejo Termas del Salado.

Dónde informarse

generalbelgrano.tur.ar

Redacción

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