En 2030 el edificio del Viejo Mercado de Abasto de Avellaneda cumplirá 100 años, y la firmeza de sus muros demuestran la nobleza de su construcción.
Mucho se ha hablado del edificio y su historia. Pero ¿qué se sabe del profesional que llevó a cabo la resolución del principal dilema de proyecto?
Al trazar una línea de tiempo, se pueden señalar ciertos hitos que convirtieron en noticia al Viejo Mercado de Abasto y Frigorífico de Avellaneda. Todo comenzó en 1930, cuando los vecinos de la ciudad compartieron con las autoridades, la inauguración de un mercado de frutas y verduras al que se sumó la venta de carnes. Luego, entre 1975 y 1983 la dictadura militar lo clausuró junto a otros mercados locales, a fin de concentrar la comercialización en el Mercado Central de Buenos Aires. El gobierno democrático que asumió en 1983, logró su reapertura, volviendo la fuente de trabajo y el beneficio económico para los residentes. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, el crecimiento de la ciudad en torno al lugar, las dificultades de mantenimiento y la titularidad de la propiedad por parte del municipio, fueron determinantes para mudar la actividad dentro de la ciudad, más precisamente sobre el Acceso Sudeste, con todo lo cual el antiguo edificio quedó nuevamente en desuso. En el pasado cercano, la gran novedad ha sido, la refuncionalización de 2010, como Centro Cultural Municipal Caruso, que alberga los Institutos municipales de Música, Danza y Fotografía, usos que comparte con la Sede principal de la Universidad Nacional de Avellaneda.

Cuando comenzamos a interesarnos en la historia de este emblemático edificio, nos encontramos con una profusión de datos de aquel 12 de abril de 1930. Los diarios locales – como La Opinión – y los nacionales, – como La Nación- presentaron una amplia cobertura del hecho, a la que agregaron la descripción de las bondades que el nuevo mercado traería para la salud, la higiene y el bolsillo de la población. Acompañaron una breve mención al proyectista y constructor, ing. Ferruccio Soldano, quien tuvo que batallar para construir el edificio en tan solo 6 meses.

Investigando la historia y el significado del mercado como hecho urbano, surgió el interés por saber algo más sobre el profesional responsable. ¿Quién fue Ferruccio Soldano? ¿Si figura como ingeniero, cómo adquirió esa solvencia proyectual demostrada en la obra de Avellaneda? Estas preguntas nos llevaron a indagar en otros archivos de obras públicas y publicaciones institucionales, como la que obra en el Centro Argentino de Ingenieros.
Asimismo nos basamos en investigaciones académicas acerca de la ingeniería en la Argentina.
Así, pudimos saber que Soldano había nacido en Italia en 1875, y se había radicado en la ciudad de Córdoba, de nuestro país. Como ingeniero, había realizado proyectos desde la Universidad Nacional de esa ciudad, donde, además, fue profesor de la materia Puertos y Canales. También fue profesor en la Universidad Nacional de La Plata y funcionario nacional del área de Obras Públicas. Si bien su especialidad fue la ingeniería hidráulica, hacia 1930 había desarrollado gran experiencia en el diseño y construcción de edificios, entre ellos los mercados, con las técnicas más actualizadas. Esto coincide con la crónica de los diarios locales y nacionales de la inauguración del Mercado de Abasto y Frigorífico de Avellaneda, que lo mencionan como el responsable de la ideación y construcción de un mercado en Córdoba. He aquí la justificación de su capacidad como proyectista. En síntesis, un inmigrante italiano, profesional, académico y funcionario público, que desarrolló una frondosa carrera hasta su muerte, ocurrida en 1968.
Con respecto a la cuestión del problema que tuvo que resolver en el edificio que nos ocupa, es necesario recordar que todo proyecto espacial se basa en condicionantes.

Entre ellas se encuentran las formas del terreno en que se va a materializar el edificio, porque potencian o complejizan la distribución de los interiores. Es evidente que un terreno rectangular facilita el diseño y la construcción. Pero no fue el caso de la manzana triangular donde se insertaría el mercado. El triángulo comprendido entre las calles Colón,
España y Monseñor D´Andrea, ofrecía ángulos agudos y dificultades para concretar una idea del espacio, en especial en un edificio utilitario como éste.

Con un criterio funcionalista, la pericia de Soldano consistió en trazar un eje principal en coincidencia con la mediana más larga del triángulo, y un espacio central en torno al baricentro del mismo.
A lo largo del eje ubicó los distintos sectores puesteros con accesos directos desde la vía pública. Para concluir ubicó, en el baricentro y en el acceso principal, dos áreas abiertas para servicios generales y cámaras frigoríficas subterráneas donde guardar carnes y productos frescos. Una solución concreta, cuya fuerza proyectual fue aprovechada por la refuncionalización actual para usos culturales y académicos.

La cercanía del Centenario de este edificio heredado, convoca a saldar una multiplicidad de asignaturas pendientes, entre ellas, la realización de encuentros y talleres participativos. Son espacios ideales para recordar y seguir historiando las vidas en torno al lugar. El patrimonio ya no es cuestión exclusiva de especialistas, sino que el factor social suma aportes vitales. En este caso, por ejemplo, la resignificación popular en marcha sostiene que, lo que antes fuera un Mercado de alimentos, hoy se ha convertido en un mercado para la creación y el intercambio de ideas. En esta línea, los desafíos quedan abiertos.

Arq. María Isabel Descole
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