Cuando el rock and roll aún se consideraba cosa de jóvenes, Mick Jagger soltó aquello de “antes muerto que seguir cantando Satisfaction a los 45 años”. Tenía treinta y pocos y, entre sus planes de futuro, no contemplaba envejecer. Esa es una idea insoportable para quienes son incapaces de entender que los mayores no nos sentimos tan diferentes de lo que fuimos mientras fuimos jóvenes. Por suerte para él, ha tenido la fortuna de comprobarlo. Hace dos años, cumplidos ya los 80, y después de una vida de excesos, aún salía de gira con los Rolling Stones, pavoneándose en el escenario como un adolescente y agitando espasmódicamente su demoniaca figura hasta la extenuación.
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