En el living de María Martha Paz hay un faro enorme construido con piezas de microondas y una luz de heladera. No es un objeto decorativo: es una metáfora. Porque algo de eso atraviesa toda su obra. La idea de iluminar, de guiar, de tender redes. Los libros, las escuelas, las ferias patagónicas, los viajes, los talleres y las historias aparecen unidos en una misma trama: escribir desde el sur y hacer comunidad alrededor de la literatura.
Antes de publicar, María Martha escribió durante años en silencio. Mucho antes de pensar en editoriales o ferias, hubo una maestra de primaria, un ejercicio escolar y una niña fascinada por las palabras.
Caro: ¿Cómo empezaste a escribir?
María Martha: Mi amor por la escritura… bueno, primero la lectura, siempre. Antes que escritora, lectora. En quinto grado tuve una maestra que nos dio una tarea: escribir sobre algo que volara. Y yo escribí sobre la imaginación. La personifiqué. Y eso gustó mucho. La maestra lo puso en cartelera y a mí me quedó eso.
Los libros estaban en su vida incluso antes de convertirse en literatura.
María Martha: Mi papá era vendedor de libros. En casa siempre hubo libros. Enciclopedias, libros comerciales, de todo. Y mi maestra de sala de cuatro me regaló Cascanueces. Siempre tuve una relación de amor con el objeto libro. Me gusta mucho el objeto.
Su llegada a San Martín de los Andes también fue decisiva. Ahí aparecieron los talleres, el vínculo con Christine Clark y los primeros pasos más públicos de una escritura que hasta entonces había sido íntima.
María Martha: No mostré mucho hasta que llegué acá. Mi vecina era Christine Clark, que estaba empezando La Voz de los Andes. Me dijo que buscaba gente y ahí empecé. Después hice talleres en Buenos Aires y sigo haciendo todo lo que puedo encajar virtualmente.
La conversación deriva naturalmente hacia Cíclope del mar su primera novela publicada. Y entonces aparece una de esas historias improbables que parecen escritas por la propia literatura.
Todo empezó en una muestra de faros en el Teatro San José. María Martha había llegado hacía poco a San Martín y recorría cada actividad cultural con sus hijos pequeños.
María Martha: Había una maqueta gigante con lucecitas donde estaban los faros. Mi hija, que tenía cuatro años, me dijo: ‘Ay mamá, están todos en el agua’. Y ahí me quedó picando la idea de recorrer los faros de la Patagonia.

De esa imagen nació una novela. Un hombre que viaja de faro en faro mientras la vida le va dejando distintas marcas: muertes, amores, pérdidas, encuentros.
Años después, la historia volvió de una manera inesperada.
María Martha: Un amigo me llama y me dice que había un hombre que se estaba mudando y tenía un faro para regalarme. Me pregunta si lo quiero y le digo que sí, imaginándome uno pequeño, apenas un adorno. Pero cuando finalmente llega, descubro que era enorme: debía medir entre cincuenta y sesenta centímetros. Cuando hablo con el hombre, me cuenta que ese faro había estado en una exposición en el Teatro San José. Era el mismo faro que yo había visto cuando empezó todo.
María Martha: Hasta que uno se anima a publicar, ese paso da miedo. Aunque no sea autobiográfico, uno siempre está ahí, en el relato.
La Patagonia aparece constantemente en su obra, aunque no de la manera más obvia.

Caro: ¿Cómo influye San Martín y la Patagonia en tu manera de escribir?
María Martha: Todo influye. Hay que escribir desde acá. Aunque también está el mito de que si vivís en la Patagonia tenés que escribir solamente sobre el viento y los cardones. Cuando publiqué Cíclope del mar me dijeron: «Pero mar no hay en Neuquén». Bueno… pero es lo que yo quiero escribir. Creo que San Martín es un pueblo a escala humana. Acá alguien quiere hacer radio, escribir o dar clases y siempre aparece alguien que te dice: «Sí, dale, venite». Eso en una ciudad grande sería mucho más difícil.
Maite: ¿Y Buenos Aires aparece en tus relatos?
María Martha: Sí, yo no me puedo desprender de Buenos Aires. Yo escribo desde acá, pero Buenos Aires está. Extraño los cafecitos, amo a mis amigas… Siempre digo que si no existiera internet, ya me habría vuelto hace veinte años.
La idea de comunidad atraviesa toda la entrevista. Las ferias, las editoriales independientes, las redes entre escritores patagónicos, las presentaciones en escuelas rurales, los viajes compartidos. María Martha habla de las ferias como otros hablan de las reuniones familiares.
María Martha: En 2017 fuimos con Jeremías Vergara y Daniel Tórtora a un encuentro de literatura e historia en Temuco, en la Universidad de Los Lagos. Ahí conocimos mucha gente y seguimos en contacto. Me invitan seguido. Tengo amigos en Puerto Montt y voy bastante. O si me dicen: «Hay una feria en Calamuchita» y yo ya estoy viendo cómo ir.
Maite: Estás trabajando en nuevos proyectos?
María Martha: Sí, ahora estoy como con tres. Estoy esperando las vacaciones de julio para poder poner la cabeza ahí de lleno. Uno es una novela, que se llama Largo de las mujeres. El otro es un ensayo, una investigación sobre la Noche de San Juan en Chiloé. Y el otro es un libro sobre San Martín para chicos.
Maite: ¿Cómo es tu proceso creativo? Digamos, cuando no es que te venga de afuera la propuesta, sino que vos empezás a escribir… ¿tenés una imagen, una sensación, un sueño?
María Martha: Sí, una imagen, palabras o una historia. Como una puntita y después… Es como la punta de un ovillo. Porque uno tiene una idea y va estirando, estirando, estirando… y surge un mundo, ¿no? Y es largo y caótico. Reviso y reviso. De hecho, mi próxima novela hace cuatro o cinco años que la estoy trabajando. Le doy vuelta y le doy vuelta. Ahora recién me está empezando a convencer. Hasta ahora estaba la idea, pero faltaba algo.
También recuerda el trabajo colectivo que permitió que la Patagonia tuviera presencia en la Feria del Libro de Buenos Aires.
María Martha: Durante muchísimo tiempo Neuquén y varias provincias patagónicas no estaban representadas. Entonces armamos una carta entre editoriales y escritores para pedir que existiera un espacio patagónico. Después las provincias empezaron a asociarse y a poner plata entre todas. Mucha gente no sabe todo lo que hubo detrás de eso.
Lejos de cualquier romanticismo ingenuo, también habla de las dificultades concretas de publicar desde el interior.
María Martha: Yo quería que los libros estuvieran ilustrados, diseñados e impresos acá. Pero imprimir acá sale el doble. Entonces sostener eso es muy difícil.
Pero la literatura no parece separarse nunca de la construcción de redes.
María Martha: La idea siempre fue movernos entre todos. Yo voy a otros lugares y me reciben, y si una escritora viene acá yo quiero poder hacer lo mismo. Generar red.
Caro: También participaste del libro Relatos de Malvinas ¿Hay algo del libro que quisieras contar?
María Martha: fue un proyecto que me atravesó muchísimo. Malvinas a mí me marcó mucho porque yo estaba en quinto grado durante la guerra. Hacíamos simulacros en la escuela, escribíamos cartas a los soldados. Y yo tomé la comunión al día siguiente del hundimiento del Belgrano. Entonces era un tema muy fuerte para mí. Y me encanta también cuando los proyectos son colectivos.
Maite: Queríamos preguntarte si tenés algunos autores, libros o experiencias que hayan marcado tu formación como lectora y escritora.
María Martha: Sí. Seda, por ejemplo. Amo a Alessandro Baricco. Seda me parece una cosa hermosa. También Océano mar. Ahora estoy muy enganchada con Leila Guerriero. Estuve hace poco en Buenos Aires, en la inauguración de la Feria, y no había ido nunca. Me encantó.
Y otra autora que estoy leyendo mucho ahora es María José Ferrada. Ella fue la única candidata latinoamericana al Premio Andersen. Me encanta cómo escribe.
Caro: Y por último, ¿algún secreto que nos quieras contar?
María Martha: No hay secretos. El secreto es leer. Yo leo muchísimo. Todos los días. Generalmente varias cosas a la vez: poesía, ensayo, novelas. Tal vez ese sea el secreto para seguir escribiendo.
Después sonríe y dice algo que resume toda la conversación.
María Martha: Mi camino hoy es acompañar los libros por donde vayan.

El Instagram de María Martha Paz es @mmpazsma
En la segunda parte de la entrevista con María Martha Paz, que compartiremos el próximo viernes, la literatura infantil y juvenil se convierte en una puerta para hablar de emociones, separaciones, escuela, escucha y salud mental.
La autora reflexiona sobre los prejuicios que todavía existen alrededor de la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) y sobre la necesidad de generar espacios reales donde las infancias puedan sentirse vistas y escuchadas.




