Tomar mate es, para la mayoría de los argentinos, una costumbre diaria indiscutible. Sin embargo, la ciencia acaba de encontrar una razón médica de peso para no dejar nunca de cebar: investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) descubrieron que el consumo regular de mate —al igual que el café— podría retrasar la aparición y el avance de la enfermedad de Parkinson.
El hallazgo, liderado por el Laboratorio de Neurobiología de la enfermedad de Parkinson de la UBA, demostró que ciertos componentes de la yerba mate actúan como un verdadero «escudo protector» para el cerebro, logrando reducir la mortalidad de las neuronas de manera drástica.
Limpieza celular: el escudo biológico del mate
La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de las neuronas dopaminérgicas (las encargadas de producir dopamina y controlar los movimientos del cuerpo). Lo que descubrió el equipo científico es que el mate contiene altas dosis de ácido clorogénico, un potente antioxidante que representa nada menos que el 40% de la composición química de la yerba.
Este componente activa de forma externa un proceso biológico llamado autofagia. Científicamente hablando, la autofagia es el mecanismo natural con el que las células «limpian» y reciclan sus propios desechos biológicos y proteínas defectuosas. Al tomar mate, se estimula esta limpieza profunda en el cerebro, permitiendo que las neuronas eliminen las toxinas acumuladas, se mantengan sanas y resistan mucho más tiempo antes de deteriorarse.
Los números del descubrimiento
Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron ensayos en laboratorio con cultivos celulares y modelos animales durante tres meses. Los resultados fueron contundentes:
- 10% menos de muerte neuronal: Los roedores que consumieron mate de forma regular mostraron una reducción del 10% en la pérdida de células cerebrales clave en comparación con los que no lo hicieron.
- Retraso de síntomas: En medicina neurológica, un 10% de supervivencia celular representa una diferencia enorme, capaz de postergar por años la manifestación de los síntomas motores de la enfermedad.
El estudio no solo pone en valor científico a una de las tradiciones más arraigadas del país, sino que abre las puertas al desarrollo de futuros tratamientos preventivos basados en los compuestos naturales de la yerba mate.



