La historia de María Lucila Pagani (47) y Gerardo Luis Gasparutti (43) comenzó en 2008, lejos de Buenos Aires y Córdoba, las ciudades de las que cada uno provenía. Los dos habían viajado a Italia para continuar su formación universitaria y se conocieron durante ese período. Ella cursaba una maestría en Gestión Cultural y él realizaba un posgrado en Higiene de los Alimentos.
Aquel encuentro terminó convirtiéndose en una relación que atravesó casi dos décadas, una familia y una vida construida en Córdoba. Lucila tenía una trayectoria vinculada a la investigación, la gestión universitaria y el intercambio académico. Gasparutti desarrolló su carrera en el ámbito de la nutrición y la docencia. Tuvieron un hijo, que hoy tiene 10 años.
La muerte de Lucila, ocurrida en junio, modificó esa historia y causó conmoción: en ese momento, se creyó que la mujer había muerto porque le explotó su celular mientras lo estaba cargando en el auto y la situación provocó que el auto se despistara y se incendiara.
Pero esta semana, dio un vuelco impensado: el marido terminó detenido, acusado de homicidio calificado por el vínculo. Gasparutti permanece detenido y será indagado este martes por la fiscal Liliana Copello. Mientras tanto, la causa se mantiene bajo secreto de sumario.
El encuentro en Génova
En 2008, Lucila Pagani viajó desde Buenos Aires hasta Italia para cursar la Maestría en Gestión Cultural en la Università degli Studi di Genova. Allí conoció a Gasparutti, que había llegado desde Córdoba para realizar un posgrado en Higiene de los Alimentos en la misma universidad, entre 2008 y 2009.
Donatella Acquati fue compañera de Lucila durante aquella etapa. Fue una de las primeras personas que conoció a la argentina en Italia.

«Fui compañera de clase de Lucila en el máster. ¡Qué tragedia! Yo no conocía a Gerardo, porque no estaba en nuestro programa», contó Donatella a Clarín. La recordó como una persona «muy buena y llena de luz».
Para Lucila, aquel viaje significaba continuar una formación que ya había comenzado en Argentina. La estadía en Italia también terminó siendo el punto de partida de una relación que la llevaría a instalarse en Córdoba.
Cuando cada uno terminó su programa de posgrado, regresaron a la Argentina: él volvió a Córdoba y ella a la casa familiar en el barrio porteño de Belgrano.
Era la época del mail. Así se construyó el comienzo del vínculo, con ella muy enamorada esperando que él le escribiera por correo electrónico.
En cuestión de un año, la relación dio un gran paso: Lucila se mudó a Córdoba con Gerardo y comenzó a integrarse al círculo social de su pareja y él terminó ocupando un lugar central en la vida que Lucila construyó en esa provincia.
Una vida construida en Córdoba
Pagani desarrolló allí una carrera académica de alto perfil. Era licenciada en Letras, investigadora del Conicet y ocupó el cargo de prosecretaria de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Córdoba. También estuvo vinculada a la creación de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la institución.
Romina Rauber fue una de las docentes cordobesas que llegó a conocer a Lucila en su vida profesional. Juntas, dictaron clases en una maestría de la UNC realizada en convenio con la Universidad Complutense de Madrid.

«Pegamos onda rápido, las dos docentes de Letras y teníamos muchos temas en común que nos interesaban», contó Romina y recordó: «Conocí a su hijo en la entrega de diplomas, un niño muy bonito. Nunca hablamos de su pareja. Con el tiempo, en un grupo que teníamos en común, me enteré de la triste noticia».
Su actividad universitaria incluía investigación, gestión y participación en espacios relacionados con los derechos humanos. Desde el Centro de Estudiantes de la UNC la recuerdan como una mujer políticamente activa y comprometida con distintas iniciativas de la facultad.
Gasparutti, por su parte, construyó su trayectoria en el campo de la Nutrición. Fue docente e instructor estudiantil de la UNC y actualmente se desempeñaba como director de la carrera de Nutrición de la Universidad Siglo 21.
En esa institución, hasta que el caso tomó estado público, continuaba trabajando activamente. Desde la universidad señalaron que están colaborando con la Justicia.

El hijo del matrimonio tiene 10 años. Según pudo saber Clarín, permanece por ahora en la casa de una vecina amiga de Lucila, en el country donde vivía con su esposo. La Justicia evalúa si continuará al cuidado del hermano de Gasparutti, quien es su padrino, o si viajará a Buenos Aires para quedar con la familia materna.
Las dudas que aparecieron después
El 14 de junio, la pareja viajaba en un Renault Sandero por la ruta E-53. Según la primera versión aportada por Gasparutti, el celular de Lucila habría explotado mientras se cargaba dentro del auto. El vehículo se despistó, terminó en una zanja y se incendió, aseguró.
Lucila sufrió quemaduras gravísimas y murió tres días después en el Instituto del Quemado.
Durante las primeras horas, sus allegados de Buenos Aires recibió la noticia como un accidente. Con el paso de los días comenzaron a aparecer preguntas.
Después del entierro, varios integrantes de su círculo comenzaron a repasar algunos detalles de aquella noche que les resultaban difíciles de explicar. Entre ellos estaban la gravedad de las quemaduras, la forma en que Lucila había quedado dentro del vehículo y algunos aspectos de la primera reconstrucción del hecho.
Algo que les llamó la atención, primero de a poco y sutilmente, era que Lucila tenía quemada solamente una mano: les resultaba muy raro que, en esa situación desesperante, no hubiera usado las dos para intentar escapar.
Otro punto que les generó dudas fue la posibilidad de abrir la puerta del lado de Lucila. Según lo que les habían contado inicialmente, no podía abrirse por la posición del vehículo, que estaba volcado. Sin embargo, posteriormente la Fiscalía les habría informado que la puerta podía abrirse.
También les había llamado la atención la preocupación que Gasparutti mostraba por el avance de la investigación: él preguntaba reiteradamente por la causa y por las razones por las que la Fiscalía continuaba investigando. Casi dos meses, la fiscal Copello ordenó su detención y modificó la calificación del expediente.
El silencio en Córdoba
La detención de Gasparutti generó impacto en las dos universidades con las que estuvo vinculado el matrimonio, aunque en Córdoba predomina la cautela.
En la Universidad Siglo 21, donde era director de la carrera de Nutrición, trabajadores y estudiantes evitaron hacer comentarios públicos sobre el caso. Una empleada administrativa había contado a Clarín que Gasparutti era una persona querida por los alumnos y que dentro de la institución se había elegido mantener silencio. En la UNC, donde Lucila tuvo una extensa trayectoria, tampoco hubo hasta ahora un pronunciamiento institucional sobre la investigación.
La familia de Lucila pidió que sus allegados no realicen declaraciones públicas hasta después de la indagatoria de Gasparutti. Este martes, la Justicia tendrá frente a sí al hombre con quien compartió casi dos décadas de historia y deberá avanzar en la reconstrucción de qué ocurrió aquella noche en la ruta E-53.
AS

