Estados Unidos celebra el 250.º aniversario de su independencia en un contexto muy distinto al de otras grandes efemérides nacionales. Para el politólogo Roger Senserrich, lejos de convertirse en un momento de unión, la conmemoración ha acabado reflejando la profunda fractura política y social que atraviesa el país. “A diferencia del bicentenario, que fue visto como una celebración de reconciliación nacional tras Vietnam y el Watergate, esta vez se ha vivido esencialmente como una batalla partidista”, explica. De hecho, asegura que existen “dos comités semioficiales distintos” organizando los actos y que el mensaje de la Casa Blanca choca frontalmente con el de los estados gobernados por los demócratas.
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