La Sociedad Latinoamericana de Vacunología (SLV) encendió las alarmas tras el doble terremoto que sacudió a Venezuela el 24 de junio de 2026, con epicentro de mayor impacto en Caracas y La Guaira. En un comunicado que acaba de difundir, la entidad advirtió que, si bien los sismos no generan epidemias por sí mismos, el desplazamiento de personas, el hacinamiento en albergues, la interrupción de los servicios de salud, las fallas en el agua y el saneamiento, la pérdida de registros vacunales y la caída de la vigilancia epidemiológica pueden combinarse con brechas de inmunidad preexistentes y derivar en brotes de enfermedades prevenibles. Por eso, remarcaron, la vacunación no puede esperar a la fase de recuperación: debe formar parte de la respuesta sanitaria desde las primeras horas.
Una segunda emergencia que se puede evitar
Según la SLV, la estrategia vacunal frente al terremoto debe perseguir cuatro objetivos centrales: asegurar la profilaxis antitetánica en quienes sufrieron heridas de riesgo, recuperar los esquemas de vacunación de rutina atrasados en niños, adolescentes y adultos, reducir la probabilidad de brotes de sarampión, poliomielitis o difteria mediante la identificación de personas susceptibles, y proteger al personal de salud y a los equipos de rescate para que los servicios esenciales no colapsen. La organización insistió en que todas estas acciones deben desarrollarse bajo la conducción del Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela y su Programa Ampliado de Inmunización, en coordinación con las autoridades locales y los actores humanitarios presentes en el terreno.
El tétanos, la urgencia inmediata
Uno de los puntos más enfáticos del comunicado es la prevención del tétanos. Las heridas producidas por escombros, vidrios, metales o aplastamientos, y contaminadas con tierra, requieren limpieza inmediata y profilaxis antitetánica, sin que la falta de antecedentes de vacunación demore la atención. La SLV pidió incorporar la evaluación del estado antitetánico a todo triage de heridas y no postergar el desbridamiento ni la administración de la vacuna mientras se espera resolver la disponibilidad de inmunoglobulina, para lo cual recomendó activar de inmediato mecanismos de redistribución entre instituciones o de referencia a centros designados.

Vacunar sin esperar el carné
El texto plantea un concepto central para el contexto de emergencia: la vacunación presuntiva. Cuando no es posible verificar rápidamente el estado vacunal de una persona, la recomendación internacional es considerarla potencialmente susceptible y aplicarle las vacunas que correspondan según su edad y el riesgo epidemiológico, en lugar de esperar a contar con carnés o registros electrónicos. Para la SLV, este enfoque evita oportunidades perdidas de inmunización y es una de las intervenciones más costo-efectivas para frenar brotes en poblaciones desplazadas. En ese marco, se prioriza la vacuna contra el sarampión y la rubéola, junto con las dosis pendientes de poliomielitis, difteria-tétanos-tosferina, Haemophilus influenzae tipo b, hepatitis B, neumococo y rotavirus, completando los esquemas interrumpidos sin reiniciarlos desde cero.
Quiénes están en el centro de la prioridad
El comunicado identifica a los grupos que deben concentrar el esfuerzo vacunal: personas con heridas traumáticas o atención tardía, niños y adolescentes con esquemas interrumpidos o desconocidos, personas mayores, embarazadas, pacientes crónicos o inmunosuprimidos y residentes de albergues, además de trabajadores de la salud, rescatistas y voluntarios expuestos a un riesgo ocupacional constante. La SLV propuso incluso un marco de decisión rápida para el terreno, que va desde evaluar si existe una indicación clínica inmediata hasta verificar si hay condiciones seguras para vacunar, pasando por el análisis del esquema de rutina de cada persona y la evaluación de riesgos epidemiológicos específicos antes de recurrir a vacunas como la de hepatitis A, cólera, meningococo o fiebre amarilla.
Vacunas que exigen evaluación de riesgo, no aplicación masiva
La entidad fue clara en diferenciar las vacunas de aplicación prioritaria de aquellas que solo deben considerarse ante escenarios epidemiológicos concretos. La fiebre amarilla, por ejemplo, no debe aplicarse de forma masiva en Caracas y La Guaira sin evidencia de transmisión local, sino reservarse para quienes viajen a zonas de riesgo. Algo similar ocurre con el cólera, cuya vacuna oral solo se justifica ante una transmisión confirmada o una amenaza creíble de brote, y con el meningococo y el chikungunya, que requieren una decisión basada en evidencia de brotes y no en una lógica preventiva generalizada. En el caso de la rabia, la SLV subrayó que toda mordedura o arañazo debe recibir lavado inmediato y evaluación clínica, y que ante exposiciones graves no debe demorarse el inicio de la vacunación mientras se gestiona el acceso a la inmunoglobulina correspondiente.
Influenza, COVID-19 y neumococo para sostener la respuesta
Junto a la profilaxis antitetánica y la recuperación de esquemas de rutina, la SLV pidió priorizar la vacunación antigripal en albergues y espacios colectivos, en comunidades aisladas y en el personal de salud y de respuesta, como parte de la prevención de brotes respiratorios agudos en un contexto de hacinamiento. También recomendó mantener la vacunación contra la COVID-19 en personas con mayor riesgo de enfermedad grave y completar los esquemas de hepatitis B en quienes no están vacunados, mientras que pidió evitar el uso indiscriminado de la vacuna antineumocócica fuera de sus indicaciones habituales. Además, remarcó que los equipos de auxilio internacional deben llegar al país con sus propios esquemas de vacunación completos, para no convertirse en un vector de introducción o propagación de enfermedades como el sarampión en una región con alta movilidad y brechas de cobertura.
Una hoja de ruta escalonada
El comunicado propone una respuesta organizada en etapas. En las primeras 72 horas, la prioridad es designar un punto focal de inmunización, relevar con rapidez el estado de las vacunas, las inmunoglobulinas y la cadena de frío, identificar los establecimientos y albergues funcionales, y garantizar la profilaxis antitetánica integrada al triage, junto con un registro mínimo de emergencia que evite perder la trazabilidad de cada persona atendida. Entre el tercer y el vigésimo octavo día, la respuesta debe expandirse hacia el reinicio de la vacunación de rutina, la instalación de brigadas móviles en zonas de difícil acceso y la recuperación de los esquemas de sarampión-rubéola, polio y difteria-tétanos-tosferina, además de sostener la vacunación antigripal. Ya en la etapa de recuperación, el objetivo pasa por completar los esquemas atrasados, reconstruir los registros vacunales perdidos, reponer los equipos de cadena de frío y fortalecer, a mediano plazo, una red de inmunización más resiliente que la que existía antes del sismo.
El registro, un desafío tan importante como la vacuna misma
Para la SLV, ninguna dosis cumple su función si no llega a tiempo, se conserva en condiciones adecuadas y queda debidamente registrada. Por eso propuso implementar una Tarjeta de Vacunación de Emergencia individual, validada por el Programa Ampliado de Inmunización, junto con listados nominales en cada albergue o brigada móvil, que permitan consolidar diariamente la información y remitirla a las autoridades sanitarias regionales. Esta herramienta, aclararon, no busca reemplazar los registros oficiales sino sostener la continuidad de la atención mientras se reconstruyen los sistemas de información dañados por el terremoto.
Un llamado a la cooperación ordenada
La SLV cerró su comunicado con un pedido a organismos multilaterales, gobiernos, sociedades científicas y donantes para movilizar recursos técnicos y financieros que garanticen la disponibilidad de vacunas, inmunoglobulinas, insumos y equipos de cadena de frío. La organización pidió que ese apoyo se articule con los mecanismos ya activados por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, que emitieron un llamamiento por 23,9 millones de dólares para sostener la respuesta sanitaria en Venezuela durante los próximos seis meses. La entidad remarcó que la cooperación internacional debe fortalecer, y no sustituir, la red venezolana de vacunación, vigilancia y atención primaria, evitando campañas paralelas o donaciones no coordinadas que terminen fragmentando la respuesta o sobrecargando a los equipos locales.
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