A Damián Pavón (38), si bien guarda afecto por Merlo, su pago chico, no le gusta atarse a ningún lugar. No es de aquí ni de allá. Es inquieto y le gusta viajar. Basta con saber que un día plantó bandera, dejó un trabajo fijo, colgó su diploma de licenciado en Administración de Empresas y se dedicó a viajar como mochilero por el continente americano durante cuatro años. El recorrido comprendió Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, México, Belice, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Chile.
Al mismo tiempo, empezó a escribir todos los días. Anda con una libreta y una lapicera o graba frases en el celular. “Fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, pero dejé de lado el contacto cercano con mucha gente querida; viajar tiene como sus pros y contras”, reconoce.
“Me he movido bastante: ahora estoy en Córdoba, por ejemplo. Mi hermana vive en Traslasierra y a mí me gusta mucho la naturaleza. Acá están los pájaros, el monte, los espinillos. Estoy tratando de venir a vivir acá. Estuve unos años viviendo en la Costa, en Santa Clara del Mar”, cuenta Damián, mientras de fondo se escucha cantar a los pájaros, en diálogo con el programa Eco de Radio, de Radio Universidad.
Animarse a más
Muchas personas sueñan con cambiar de vida, buscar otros caminos y despertar talentos que estaban adormecidos. Pero pocas se animan a dar el salto a lo desconocido: poner de golpe el freno de mano a sus vidas organizadas y con cierta previsibilidad no es para cualquiera. Damián integra ese grupo de valientes, corajudos o temerarios, sabrá el lector elegir el calificativo, que respirarán profundo y se tirarán a la pileta sin saber si hay agua. En su caso, abrazó la literatura.
“Escribir siempre había sido una especie de fantasía, pero estaba aletargada por las obligaciones. Ejercí la profesión (administrador de empresas) un breve tiempo y un día me dije que la vida debe estar en otro lado. Empecé a viajar en 2015 con mi pareja de entonces; fueron cuatro años de mochilero por Latinoamérica. Así, la escritura empezó a tener más protagonismo», sostiene.
Los primeros escritos de Damián fueron fábulas que hablan de “hacer lo que uno quiera y salirse de lo establecido”. A medida que ahonda en el terrero de la literatura, el exvecino de Merlo lee más y más. Sus autores preferidos van desde Inés Garland, Samantha Schweblin y César Aira a Hermann Hesse y Mary Oliver. “Soy bastante autodidacta. No sigo un canon específico, pero hay historias que me deslumbran. También hay que leer las cosas que no están bien escritas para saber qué no hay que hacer. Hay que leer mucho”, sostiene.
Libros y playa
No solo escribe los textos, sino que los confecciona con sus propias manos y los vende: Damián es un “vendedor ambulante de sus libros”, y antes ofrecía artesanías.
Un día en una playa de Mar del Plata, mientras ofrecía sus libros, un ejemplar cayó en manos del escritor y profesor Marcelo di Marco, que junto a Nomi Pendzik coordina un prestigioso taller literario en La Feliz. La pareja lo invitó a sumarse a las clases para pulir el estilo. Y de ese conocimiento surgió la posibilidad de publicar un cuento llamado Tarde de playa en el diario La Capital, de Mar del Plata.
La historia trata de un vendedor ambulante que ofrece libros escritos y confeccionados por él mismo en la playa. La gracia radica en las reacciones de los turistas y la abnegación del protagonista en patear kilómetros de arena para lograr vivir de su obra. Damián o el protagonista del cuento saben que hay que moverse siempre para conseguir sus sueños.



