
(Desde Washington, Estados Unidos) Fue amor al instante. Se encontraron por primera vez en el Salón 1.4 del Foro de Davos, a mediados de enero de 2024. Afuera nevaba, y Javier Milei se movía como un rock star entre la elite internacional. Kristalina Georgieva, en cambio, ya había sufrido las promesas inconclusas de Alberto Fernández, y no quería que el «Caso Argentino» empalideciera su trayectoria como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Pero Milei desarmó a Georgieva al instante. La abrazo como si fuera su tía preferida, y le explicó como sería su plan de ajuste económico. En silencio escuchaban Nicolás Posse -que era jefe de Gabinete-, Luis Caputo -ministro de Economía-, Gerardo Werthein – que estaba designado como embajador en Estados Unidos- y Karina Milei, secretaria General de la Presidencia.
Al lado de Georgieva se ubicó Gita Gopinath, entonces su mano derecha en el Fondo. Gopinath había tenido un cruce con Posse y Caputo cuando viajaron acompañando a Milei a Washington, en noviembre de 2023.
Sin embargo, el cónclave terminó con una sucesión de selfies que sorprendió a la burocracia del FMI. Milei, Georgieva y Gopinath no dejaban de sonreír con los pulgares hacia arriba.

Milei cumplió con su promesa de Davos. Hizo un ajuste histórico en la economía de la Argentina, y Georgieva rescata la palabra del presidente argentino. Ella enfrentó la reticencia de ciertos miembros del board del FMI, y asumió que Milei estaba respaldado por la Casa Blanca.
La directora gerente conoce la trayectoria histórica de la Argentina frente al FMI, y no quería quedar en el index del organismo multilateral de crédito.
Cuando Donald Trump asumió en la Casa Blanca, quedó absolutamente demostrado que Milei era respaldado por Estados Unidos, y que todo debía conducir a sostener la agenda económica del gobierno libertario.
Argentina incumplió dos veces la meta de acumulación de reservas, y el waiver se aprobó sin dilaciones. Luis Caputo propuso que el Banco Mundial y el BID concedieran garantías para pagar los vencimientos privados de julio, y Georgieva estuvo de acuerdo.
La directora gerente se movía en sllencio detrás del cortinado, y no dudaba en elogiar el plan de ajuste cuando era preguntada por los periodistas.
“El caso más impresionante en la historia reciente es Argentina, donde los efectos han sido profundos, con la implantación de un sólido programa de estabilización y crecimiento”, afirmó Georgieva hace unos meses.

En este contexto, la visita oficial de Georgieva a la Argentina implica un reconocimiento formal a los resultados del ajuste promovido por Milei y una exhibición de su propio poder institucional al mostrar un caso económico que es de éxito para los parámetros del FMI.
Georgieva será recibida por el Presidente en Balcarce 50, y después tendrá encuentros con Caputo y Santiago Bausili, titular del Banco Central. Caputo y Bausili no dejan de reconocer -en público y privado- el respaldo inédito de Georgieva a la Argentina.
“Hay una relación de confianza que nunca hubo entre Argentina y el Fondo. Entonces eso facilita mucho todo. Georgieva está super impresionada con los logros. Ella dijo:«Yo le confié desde el día uno», lo cual es cierto. Ella confió desde, desde el día uno. Ella me dijo: «Dijeron que ibas a hacer algo imposible y lo hicieron posible». Y desde ese día, ella siempre tuvo mucha confianza», comentó Caputo a Infobae, tras su último encuentro con la directora gerente.
La visita de Georgieva -27 y 28 de julio- tendrá un formato especial. Además de los encuentros oficiales con Milei, Caputo y Bausili, la directora gerente viajara a Vaca Muerta, adonde será recibida en Loma Campana, por Horacio Marín, presidente de YPF.

Georgieva está satisfecha por el ajuste ordenado por Milei, pero el staff técnico del FMI observa con atención una de las metas clave del acuerdo con la Argentina.
Se trata del cumplimiento hacia adelante del superávit fiscal. Hasta ahora, todo encaja entre las exigencias del Fondo y los cumplimientos prometidos por la Argentina.
Pero se acerca un año electoral que puede implicar más gasto público, y además la economía nacional no crece en forma pareja. Si bien ciertos sectores exportadores y primarios mantienen niveles elevados, la industria y el comercio aún no logran recuperar el terreno perdido en los últimos años.
A su vez, el consumo interno muestra señales mixtas por la caída del salario real y la falta de crédito, mientras que el mercado laboral permanece estancado.
Durante junio, el Sector Público Nacional (SPN) registró un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de 1.024.891 millones de pesos.
Hasta mayo, el superávit primario acumulado era de 0,7% del PBI y, tras el resultado de junio, bajó a 0,6 por ciento. La meta de superávit primario es del 1.4 por ciento para 2026.
Y solo quedan seis meses.
En DC, tienen abiertas todas las opciones: que Argentina cumpliría con la meta del superávit fiscal, o que la administración Trump ordenará que se conceda otro waiver al gobierno.
En las próximas 48 horas, Georgieva se abrazará con Milei, cruzará sonrisas con Caputo, y hasta podría aparecer con el maneluco de YPF en Vaca Muerta.
Un win-win para el FMI y la Casa Rosada.

