Luciano Cáceres nos habla de “Paraíso” antes de su función en Córdoba

A veces el teatro tiene la indómita capacidad de ponernos frente a un espejo que no siempre devuelve una imagen cómoda. Luciano lo sabe bien y, con casi cuatro décadas de oficio encima, elige seguir transitando ese riesgo, esta vez será en soledad ante un público bastante particular. En esta ocasión, su vínculo con nuestra ciudad se renueva a través de “Paraíso”, una pieza de Inmaculada Alvear que llega a la sala Carlos Giménez como plato fuerte del Mercado Girart (Mercado de las Artes Escénicas).

En pocas palabras, se puede adelantar la historia de la obra. La de Juan Valero, un empresario exitoso y de valores cuestionables que, tras recibir un trasplante de corazón, empieza a notar que su nueva vida está irremediablemente ligada a la memoria de su donante: una mujer dominicana que ejercía la prostitución. Entre cámaras en vivo, proyecciones, música original y un despliegue sonoro envolvente, Cáceres encarna esa batalla interna donde los mandatos de clase, raza y género estallan por los aires.

En una charla que fluyó entre su presente, sus recuerdos de formación y su particular vínculo con el teatro, Luciano desandó el camino de esta producción que define como una verdadera “montaña rusa” emocional.

El nacimiento de una duda

Sobre el origen de este proyecto y cómo un texto que nació en Madrid terminó resonando tan fuerte en nuestra realidad, Luciano expresa:

“Cada uno de los rubros es una apuesta. Después de Muerde, que es una obra rural, bien de pueblo, salí a la búsqueda de un texto de ciudad, bien de urbe. Y en el 2023 se estrenó Paraíso en Madrid, de Inmaculada Alvear. Salimos con mis co-productores de VE8 a buscar esa obra, enseguida nos dieron los derechos y empezamos a trabajar también con Inmaculada. Dany Mañas hizo la versión a lo argentino y todo fue muy bien aspectado. Así que estamos muy contentos”.

Antes de subir a escena, sin embargo, el equipo necesitó confrontar la ficción con la mirada de expertos. En este sentido, el primer paso los trasladó a una lectura en el Congreso de Cardiología, a partir de la cual surgió una advertencia que llevó al actor a profundizar la investigación.

“[…] a partir de ahí una chica trasplantada que conozco me dijo: ‘Mirá, Lu, a vos se te cree todo. La gente no se va a querer hacer trasplantes. Por favor informate sobre esto’. Y ahí tuvimos una charla muy buena con una Asociación Civil de Trasplantados que funciona dentro del Incucai”, recuerda.

Este contacto fue el que les permitió revisar algunos elementos del texto original. Para Cáceres, esa instancia fue fundamental porque pudieron comprender lo importante que era dejar en claro que el trasplante funciona dentro de la obra como un disparador dramático y no como una afirmación sobre la existencia de memoria en los órganos.

“había algo en el texto original que por ahí dejaba mal parado el tema de la donación de órganos. Entonces, estuvo bueno el asesoramiento y la mirada de esta gente que pasó por eso, pero de alguna manera en la obra queda más que claro, primero que es una ficción y después que la autora toma esto como una excusa, como un momento bisagra”, explica.

Ese momento bisagra, justamente, podría ser cualquier experiencia límite capaz de obligar a una persona a detenerse y mirar nuevamente su propia vida.

“Hay algo que puede ser una pérdida, un accidente o estas segundas oportunidades que te brinda la vida para encauzar y conectar con lo realmente importante”, señala.  Y agrega: “Va más allá de la historia del trasplante la obra. Creo que es eso. Y también hay algo ahí que te obliga a conectar con lo realmente importante. Yo creo que un poco la obra lleva a eso y también la interpelación a la masculinidad, como todos estos conceptos, mandatos y cuestiones que están preestablecidas y por suerte se están sacudiendo”.

Luciano Cáceres nos habla de “Paraíso” antes de su función en Córdoba
Paraíso, estrenada en marzo en el Teatro San Martín de Buenos Aires con toda la temporada agotada antes de su estreno, comenzó a recorrer distintos escenarios del país y ya tiene prevista una gira internacional.

En las antípodas

Habitar la piel de Juan Valero no es tarea sencilla. Se trata de un personaje que condensa buena parte de los prejuicios y contradicciones de la sociedad contemporánea, hasta que un trasplante lo enfrenta con aquello que no puede dominar.

“Juan Valero es un empresario ambicioso, materialista, un garca, uno de esos tipos que además son xenofóbicos, homofóbicos, racistas… pasa por un trasplante de corazón y recibe el corazón de una trabajadora sexual negra y dominicana. Totalmente en las antípodas, y empieza una batalla interna ahí para construir un nuevo ser. Y va a pasar de todo en la obra”, describe.

La historia avanza entre momentos violentos, escenas sensibles y pasajes que rozan la comicidad a partir de la propia peripecia del personaje, que se encuentra de pronto frente a una realidad que escapa de sus mecanismos habituales de control. A partir de allí aparecen cuestiones vinculadas con la crianza, los roles en el hogar y, especialmente, con la masculinidad.

Uno de los aspectos que más le interesan de la dramaturgia reside precisamente en cómo esos mandatos aparecen incluso en situaciones aparentemente favorables para el protagonista.

“en uno de los textos el tipo está ahí, empieza como a irle mejor en los negocios por este encanto particular que empieza a sumar y que cree que manipula. Y entonces dice: ‘Ahora no solo tengo la inteligencia masculina, sino que también la intuición femenina, que hizo que las acciones se hayan triplicado en la bolsa’. Como si la mujer no tuviera inteligencia y todo se lo adjudicáramos a la intuición. Como si no fuese una capacidad de ella misma”, analiza.

Y son ese tipo de situaciones las que permiten que la obra ponga en escena prejuicios que todavía persisten y que, justamente por aparecer dentro del discurso del personaje, pueden ser observados y cuestionados.

Dos realidades frente a frente

La figura de la donante permite además construir el contraste social que atraviesa toda la obra. Juan pertenece a un universo de privilegios; ella, en cambio, llega a trabajar para poder sostener a su hijo.

“La obra también cuenta esas dos realidades distintas: el que la tiene toda servida y esta mujer que vino acá a laburar en el servicio doméstico porque tenía un hijo enfermo con problemas respiratorios y, como con el servicio doméstico no ganaba lo suficiente, tuvo que empezar a ejercer la prostitución para mandarle guita a este lugar que es un barrio llamado ‘Paraíso de Dios’”, cuenta.

El nombre de la obra surge justamente de ese lugar.

“es una de las zonas más contaminadas del planeta y se llama Paraíso de Dios”, explica.

El corazón desde múltiples lecturas

Como se mencionaba en un comienzo, la investigación alrededor del trasplante llevó al equipo a conversar con personas que atravesaron esa experiencia. De allí surgieron relatos que, aunque no permiten afirmar científicamente que exista memoria en los órganos, sí muestran la enorme carga simbólica que puede tener un corazón recibido de otra persona.

“Hay algo medio místico que no está científicamente comprobado, pero hay algunos casos donde han cambiado hábitos radicalmente. Gente que no hacía deporte, después de un trasplante se volvió deportista; gente que no fumaba y fuma; gente que era vegetariana y volvió a comer carne. Hay pero no se puede comprobar científicamente. No hay nada comprobado de que tengan memoria los órganos”, aclara.

Entre esas conversaciones hubo una historia que lo conmovió especialmente. El único participante que no era trasplantado había sido uno de los primeros casos en donar los órganos de su hija bebé.

“Él dijo: ‘Yo siento que un pedacito de mi hija está en un montón de otros seres’”, recuerda Cáceres.

La frase terminó quedándose con él por su potencia.

“Hay algo de una vida que se prolonga gracias al trasplante, desde el que lo recibe hasta el que lo dona. Hay algo ahí muy potente con eso”, sostiene.

La temática también lo toca desde su propia historia familiar.

“Mi papá también tenía dos operaciones en el corazón. Yo creo que son esos momentos bisagra. Por eso te digo, creo que la autora toma como excusa esta situación, pero puede ser cualquier movimiento límite, esas segundas oportunidades que te da la vida para hacerte cargo, para ver si modificás algo, si no te la vas a volver a dar”, cuenta.

Ese carácter abierto es, para Cáceres, una de las riquezas del espectáculo. Incluso las primeras devoluciones de la crítica encontraron sentidos que no estaban necesariamente en la lectura más evidente.

—“Lo loco también con respecto no solo al público, sino a la crítica, los críticos más intelectuales y los más populares también, halagando mucho la obra y las lecturas que tiene. Una de las primeras críticas que salió a comentario fue espectacular porque decía: ‘Esta obra trata del esfuerzo que hace una madre para seguir cuidando a su hijo después de muerta’. Como ese corazón necesita seguir cuidando su legado en el cuerpo de otra persona”, cuenta.

Y esa multiplicidad de interpretaciones se sostiene sobre una historia que, según él, sigue siendo clara.

“La obra tiene un principio, un desarrollo y un fin. Es clara la historia que estamos contando y todo, pero como es tan nutritiva aparecen un montón de lecturas. Y después eso, como el corazón es tratado como un órgano tan particular desde la música, la literatura, la poesía, hasta la filosofía, la historia, la importancia en la religión, la importancia del corazón por sobre todos los otros órganos. Y de alguna manera esto también es un poco poético, pero cobra sentido en el tema en el que nos metemos”, explica.

Una puesta que no se detiene

Para sostener este relato, la puesta de Ignacio Ruiz no escatima en recursos técnicos. No es solo un hombre hablando, sino un actor interactuando con un entorno que lo expone constantemente.

“El dispositivo está buenísimo: dos cámaras en vivo, hay proyecciones, todo un laburo sonoro y música original increíble. Es una puesta jugada, son 70 minutos que no paran, con mucha cosa. Son 50 escenas donde va a pasar de todo. Y un solo actor con el que estás hablando, así que es una montaña rusa ahí”.

Incluso los objetos en escena cobran vida propia, como un muñeco de RCP que se vuelve su compañero de diálogo: “Ese nos lo prestó la Sociedad Cardiológica Argentina, por suerte, porque queríamos ese en particular, porque además tiene un movimiento muy bueno. Y es un gran compañero que tengo en escena para muchas cosas, para manipularlo, dialogar, para compartirlo en otros roles también”.

Una función en medio de Girart

Llevar adelante un unipersonal es, para cualquier actor, un gran desafío. Luciano reconoce que la soledad en el escenario genera una adrenalina que no se compara con nada, especialmente cuando sabe que entre las butacas habrá ojos muy entrenados.

“Hay un poco de presión como los estrenos cuando viene la crítica, pero de alguna manera es tanto el nervio que uno ya tiene con la responsabilidad de todo lo que tengo que hacer en el escenario… El cagazo siempre está. Y más cuando estás solo en escena. Y yo lo siento como algo motivador, esa cosa que te pasa en la panza, esos nervios, ‘¿qué estoy haciendo acá y cómo voy a hacer todo esto?’, pero al mismo tiempo se disfruta”.

La llegada de Paraíso a Córdoba se da, finalmente, en un contexto que para Cáceres trasciende lo artístico. Girart representa la posibilidad de mostrar el trabajo ante programadores, curadores, festivales y teatros de otros países, pero también de encontrarse directamente con el público local.

La cita será también una manera de reencontrarse con una sala que ya forma parte de su historia. Y aunque reconoce que un miércoles puede ser una jornada complicada, propone hacer una pausa en la semana para acercarse a la programación.

“Sé que es un día difícil, pero que hagan el parate en la semana y participen del Girart que arranca el martes”, dice.

Porque, más allá de Paraíso, el mercado puede funcionar como una puerta de entrada a una escena mucho más amplia.

“Y la posibilidad de ver obras tan distintas, de distintos lados y también poder acceder a las charlas y a toda la programación que tiene planeada el Girart para todo el teatro cordobés”, concluye.

Luciano Cáceres nos habla de “Paraíso” antes de su función en Córdoba
A un día de la función cordobesa, Cáceres también estará celebrando una fecha personal: 38 años como actor. Empezó a los 11 años, un 11 de agosto, y desde entonces el teatro se convirtió en una actividad que nunca abandonó.

«Girart», el Mercado de las Artes Escénicas, se desarrollará del 11 al 13 de agosto en distintas sedes de la ciudad y reunirá a compañías, programadores, festivales y gestores culturales de Argentina y otros países. Una de sus principales sedes será el Teatro Real (San Jerónimo 66), donde el miércoles 12, a las 20, Luciano presentará «Paraíso». Las localidades generales se pueden adquirir de manera anticipada a través de Autoentrada o directamente en la boletería del teatro.

Ficha técnica

  • Obra: “Paraíso”, de Inmaculada Alvear
  • Versión: Dany Mañas
  • Intérprete: Luciano Cáceres
  • Dirección: Ignacio Rodríguez de Anca
  • Diseño de iluminación: Ricardo Silva
  • Asistencia de iluminación: Diego Becker
  • Música original y diseño sonoro: Nico Diab
  • Diseño de vestuario: Carolina Langer
  • Diseño de imagen audiovisual: Sonia Frickx
  • Colaboración artística: Verónica Mc Loughlin
  • Producción VE8: Isidoro Sorkin
  • Producción en gira: Team 22, Adrián Vocos y VE8 Producción
Fecha Ciudad Lugar Horario
Viernes 7 de agosto Río Cuarto Teatro Municipal 21 h
Sábado 8 de agosto San Francisco Teatrillo 21 h
Miércoles 12 de agosto Córdoba capital Teatro Real 20 h

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Redacción

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