Viktor Frankl, filósofo y psiquiatra austríaco, pudo transformar sus duras experiencias de vida en la brújula para una innumerable cantidad de personas que atraviesan momentos difíciles.
Nacido en Viena en 1905 y de origen judío, tuvo de muy joven contacto con Sigmund Freud y Alfred Adler, fundador de la psicología individual.
Por su religión, estuvo preso en varios campos de concentración nazis; entre ellos, Auschwitz y Dachau.
En esos tiempos, rechazó una visa para huir a Estados Unidos por no abandonar a sus padres. Luego, el régimen de Hitler asesinó cruelmente a ellos, a su hermano y a su primera cónyuge.

A raíz de estas duras experiencias, desarrolló la logoterapia -un enfoque psicoterapéutico centrado en el sentido o propósito como principal motivación.
Para él, «No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona como la consciencia de tener una tarea en la vida».
Además, esta misión especial es, de acuerdo a sus estudios y experiencia, el mejor elemento para fortalecer al ser humano frente a la adversidad.
El legado de El hombre en busca de sentido
Parte de esta filosofía, Frankl la dejó plasmada en el mega best seller e inoxidable libro El hombre en busca de sentido, publicado por primera vez en 1946 y fundamental como guía de varias generaciones que buscan un desarrollo personal consciente y profundo.
La obra, que tiene innumerables ediciones, es, como explicó la autora Lilian Range en el sitio de divulgación Ebsco, una profunda exploración de la resiliencia y la indagación de un propósito.
El texto se divide en dos partes. La primera es un relato de las desgarradoras experiencias de Frankl en los campos de concentración nazis, sin dejar de lado el impacto psicológico del sufrimiento extremo y las maneras en que cada persona afrontó sus circunstancias.
Frankl sostiene que, incluso ante el sufrimiento inevitable, las personas pueden encontrar un designio a través de sus actitudes y acciones. Para él, «La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino por falta de significado y propósito».
Frankl subraya que mantener un sentido de propósito, a través de los lazos con los seres queridos y las aspiraciones de esperanza, fue crucial para la supervivencia.

Mientras que en la segunda parte Frankl presenta su enfoque terapéutico y postula el valor fundamental de la búsqueda de sentido.
Además, brinda tres vías principales para dar con este sentido que enaltece la vida. Estas son mediante el trabajo creativo, las relaciones significativas y una actitud positiva ante el sufrimiento.
Range destaca que las ideas de Frankl desafían las perspectivas psicológicas convencionales y animan a afrontar las dificultades con la convicción en que el sentido personal puede conducir a una vida plena.
Vale destacar que Frankl plantea que el dolor no desaparece pero adquiere un significado diferente cuando existe un motivo que justifica el esfuerzo. Esta visión sigue alimentando el debate filosófico y psicológico sobre la necesidad de encontrar una tarea que otorgue un por qué profundo a la existencia.

