La cadena de panaderías Pandanés cerró sus 25 sucursales y desvinculó a unos 150 trabajadores, luego de comunicar que cesó sus operaciones comerciales y que avanzará con una presentación de quiebra judicial.
Los empleados fueron notificados durante la madrugada mediante un mensaje de WhatsApp y posteriormente encontraron bloqueados los accesos a los locales. Según comunicó la empresa, se quedó sin fondos para continuar operando y afrontar futuros compromisos salariales, luego de fracasar en la búsqueda de alternativas de rescate y capitalización.
El conflicto se había agravado durante la semana con el cierre de dos establecimientos, ubicados en Villa Crespo y Villa Devoto, que la firma había atribuido a la imposibilidad de afrontar los costos de alquiler.
Uno de los trabajadores afectados denunció además que la empresa modificó las cerraduras durante la madrugada y dejó pertenencias personales dentro de los locales. También señaló que, aunque se habían depositado haberes y el aguinaldo adeudado desde junio, permanecían pendientes aportes jubilatorios, cargas sociales y pagos a la obra social.
La empresa había atribuido previamente su deterioro financiero a la recesión y al aumento de los costos operativos, que provocaron una fuerte caída del consumo. Pandanés cuenta con una planta centralizada de 1.700 metros cuadrados y acumulaba más de $58 millones en cheques rechazados, según registros comerciales y judiciales.
La situación se da en un contexto de caída del consumo en el sector panadero. La Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) señaló que las ventas de pan tradicional retrocedieron entre 50% y 60%, mientras que la demanda de facturas y productos de pastelería cayó hasta 80%.
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