Lionel Messi compró el club Eldense, de la segunda división española, y sumó así otro equipo del fútbol peninsular a su cartera de clubes. También es dueño de Cornellà, de la quinta categoría, lo que concreta una nueva inversión en proyectos futbolísticos por parte del rosarino. Este tipo de desembarcos son cada vez más frecuentes y podrían derivar también en su ingreso como copropietario de Inter Miami, tal como prevé su contrato.
Las inversiones en el fútbol por parte de empresarios, grandes clubes que buscan expandirse y poderosos grupos económicos, con o sin antecedentes en la actividad, no son una rareza en países donde las sociedades anónimas deportivas están permitidas. Inglaterra fue pionera en este modelo de gestión empresarial del fútbol y las aprobó en 1912, el mismo año en que se hundió el Titanic.
En Sudamérica hay ligas donde las SAD son obligatorias, como en Chile, y otras donde están permitidas de manera voluntaria, como Brasil, Perú, Colombia y Uruguay. Ese marco le permitió a Messi plantar bandera también en canchas charrúas mediante un emprendimiento conjunto con Luis Suárez. Se trata de Deportivo LSM, fundado el año pasado y que compite en la Primera C uruguaya.
Pero el fútbol uruguayo, por su historia y por la proyección internacional de muchos de sus grandes jugadores, se transformó en un terreno especialmente atractivo para los pesos pesados de la inversión futbolística, a pesar de constituir un mercado reducido. Al punto de que en sus canchas aterrizó nada menos que City Football Group, el mayor holding del mundo dedicado a la compra y administración de clubes, cuya nave insignia es Manchester City.
Detrás de esa estructura se encuentra Abu Dhabi United Group, del jeque Mansour, propietario del club inglés y principal fuente de financiamiento del conglomerado. City Football Group compró en 2017 a Club Atlético Torque, que desde entonces pasó a llamarse Montevideo City Torque. En la región también controla a Bahía, de Brasil, adquirido en 2023 por unos 200 millones de euros.
Otro poderoso holding que desembarcó más recientemente en Uruguay es Red&Gold Football, una sociedad integrada por Bayern Múnich y Los Angeles FC, de la MLS. El club alemán tiene un 25% de su capital repartido entre las multinacionales Adidas, Allianz y Audi, mientras que el resto pertenece a sus socios. Por su parte, Los Angeles FC cuenta entre sus inversores con Magic Johnson y el italiano Giorgio Chiellini.
Este grupo le compró a Fernando Cavenaghi y Alejandro «Chori» Domínguez el 85% de Racing de Montevideo y apostó por un modelo basado en la captación, desarrollo y posterior transferencia de futbolistas.
Desde 2023, Red&Gold concretó ventas de jugadores por unos 12 millones de euros tras una inversión cercana a 1,1 millones. La estrategia consiste en captar talentos a bajo costo, potenciarlos y transferirlos a mercados más fuertes, especialmente Brasil y México, una lógica similar a la aplicada por City Football Group en Torque.
El desembarco de estos dos grupos en el fútbol uruguayo es interpretado en Europa como una forma de presionar al fútbol argentino por su negativa a habilitar las SAD y, al mismo tiempo, como una vía para captar talentos surgidos del ecosistema formativo argentino desde la otra orilla del Río de la Plata.
Por supuesto, en el auge de las inversiones extranjeras en Uruguay resulta imposible no mencionar la experiencia liderada por el empresario estadounidense Foster Gillett en Rampla Juniors.
El proyecto terminó en la Justicia uruguaya, con demandas cruzadas, crisis institucional y el descenso del club. El capítulo más reciente incluye el reclamo judicial del encargado de la lavandería de la institución por deudas atribuidas a la SAD y originadas en 2025.
No todo es color de rosa en el ecosistema de las sociedades anónimas deportivas uruguayas.



