Dijo que subía a descansar. Saludó, tocó el botón del ascensor, pisó la habitación, dejó dos valijas sobre el alfombrado escocés, tomó su cámara Leica M6, salió raudo del cuarto, pasó sigiloso por detrás de los macizos guardaespaldas y se escapó. Sí: apenas ancló en Buenos Aires, en diciembre de 2003, el actor internacional del momento (su próximo filme El retorno del Rey es el más esperado del año y el más serio candidato al Oscar) salió a transitar la ciudad solo y sin que nadie -nadie, eh- lograra individualizarlo. Quizá porque le faltaba la barba del guerrero Aragorn de El Señor de los Anillos. Quizá porque le faltaba el cabello al hombro del pintor David de Crimen perfecto. Quizá porque le faltaba la soberbia interminable del mediático Roy de Daylight. Quizá porque le faltaba el traje blanco y la silla de ruedas del Lalin de Carlito’s way. Quizá porque le faltaba el bigote del jefe John de Hasta el límite. O quizá pasó inadvertido simplemente porque Viggo Peter Mortensen (por entonces de 45 años, desde hoy de 68) nunca salía a la calle vestido de estrella.

«Admito que cuando el avión comenzó su descenso entre las nubes, dando vueltas, creo, arriba de La Plata, mi corazón empezó a acelerarse -reconocía sentado en un sillón del Hotel Alvear-. Me emocionó descubrir el color verde primaveral de todo. Mientras entraba en el centro, vi que llovía un poco y pensé: ‘No voy a acostar-me, voy a dar una vuelta por La Recoleta, por los parques’. Así me acordé de los distintos olores, de las increíbles araucarias. De repente, paré en un puestito y me compré la revista Patoruzú«.
«CREO QUE NO VOLVI CON LA FRENTE TAN MARCHITA».

Misterios del mundo y su gente, ¿verdad?, que el hombre que eligieran el director Peter Jackson y New Line Cinema para encarnar el personaje central de la última parte de la saga residiera entre los dos y 11 años en el Chaco y la Capital Federal, después de haber nacido en los Estados Unidos (origen de su madre, Grace) y antes de vivir en Dinamarca (origen de su padre, homónimo del intérprete). «Mis hermanos se dedican a la Geología. Mis padres todavía no sé a qué se dedicaban y se dedican -bromeaba esquivando el tema-. Lo que sé es que firmaron el divorcio, que nos escribimos de tanto en tanto y que mamá es de Boca y papá de River. Conclusión: Me hice fanático de su gran rival, el Ciclón». Por ello, durante aquella visita que ahora refrescamos viajó hacia Santa Fe para ver Colón-San Lorenzo. «Tomamos una camioneta y recorrimos 503 kilómetros de ida y 503 de vuelta. En mitad del camino compramos sándwichs, pusimos un compacto de Gardel, sonó Volver y pensé: ‘Creo que no volví con la frente tan marchita’. Igual, hay cosas que siempre me esforcé para no extrañar«, confiaba.


-¿Ejemplos?
-Tomo mate amargo. En los suburbios de Venice, Los Angeles, donde me afinqué, compro Rosamonte o Taragüí. También empanadas, membrillo. Elaboro dulce de leche casero. Incluso, al no conseguir comer buena vaca argentina, me desquité escribiendo un poema titulado Parrillada. Oí: «(…) Ya no me gusta la carne como me gustaba antes/ cuando era niño./ A lo mejor fue el olor del fogón/ y del chimichurri (…)».
-¿Qué país encontró?
-De paso por Rosario observé gran pobreza. Superior a la que había en otoño del ’95 -la única vez que regresé- alrededor del Cementerio de Chacarita y en la zona de Pilar, ahora de moda. Resulta increíble la incapacidad de los gobernantes. Sin embargo, es peor en Estados Unidos… El prójimo no debería subsistir en la calle, sin un servicio médico, perteneciendo a la nación más rica del planeta.

-Si hoy se realizara una encuesta, determinaría que la mayoría de los políticos argentinos, debido a su omnipotente afán de individualismo y desinterés general, estarían más cerca del maléfico -término que adoraba repetir Tolkien- mago Saruman que del leal Gandalf. ¿Qué sucede en Norteamérica?
-Lo mismo. Definitivamente. No definiría a George Bush como Saurón, el Señor Oscuro de Mordor, pero sé que, si pudiera, le sacaría el anillo del poder al hobbit Frodo. En realidad, sostengo que ya lo hizo, y que de manera automática resolvió ejercer su dominio irrumpiendo en Afganistán e Iraq.
-Hablando de la mano del hombre y la mano de Dios, e inspirándonos es su versatilidad artística y física, si viniese el diluvio universal y usted pudiera llevarse un objeto, ¿cuál elegiría?: ¿Un piano y una armónica, lápiz y papel; un pincel, pinturas y un lienzo; una cámara de fotos, un guión o una pelota de fútbol?’.
-Una pelota de fútbol.
«UN CABALLERO NUNCA CUENTA SECRETOS DE SUS DAMAS»

Aunque la entrevista seguida de fotos (20 minutos y 20 minutos) auguraba una rigurosidad hollywoodense difícil de modificar, «el yanqui» -tal lo llamaban aquí sus compañeros de la primaria- extendía e inauguraba frente a GENTE, desde su cortesía y sus propios tiempos, caminos que suelen bloquear los agentes de prensa. Vig, neoyorquino de Manhattan, escuchaba y respondía sin perder la calma, el excelente castellano y la terminología aporteñada. Entonces hablaba sobre su hijo Henry (15 -38 en la actualidad -, del ex matrimonio con la cantante punk Exene Cervenka), cuya hache inicial luce tatuada en la muñeca interior derecha («Adoro la humildad, el respeto y la capacidad de intercambio social que él posee y a mí me falta. No me ve como un superhéroe. En el colegio lo incitan ‘¡Tu papá es el mismísimo Aragorn, che!’. Y él los para en seco: ‘No, es mi viejo‘».). Hablaba sobre su querida Perceval Press («Una editorial que acerca información, libros, ideas, música, poesía y opciones interesantes que normalmente el público no vería»). Y claro, también sobre mujeres:

-Recordamos que a lo largo de su carrera actoral (que en 2026 asciende a 67 papeles), besó a Nicole Kidman, a Gwyneth Paltrow, a Sandra Bullock, a Liv Tyler, y sorprendió duchándose a Demi Moore. ¿Nunca? Usted sabe, ¿nunca…?
-Nunca… Nunca. Un caballero nunca cuenta secretos de sus damas (sonreía).
-¿Ni siquiera de las viejas damas, las que seducían aquella niñez latina?
-Mirá, a mí me atraían el El lagarto Juancho y Batman, no Claudia Lapacó. Calculá que me fui en 1969. No obstante, me invade la mente una chica que me volaba la cabeza en la primaria: Silvia. No era mi novia pero me encantaba. Aprovecho para confirmárselo. Medio tarde, claro… Fácilmente podría enamorarme de otra argentina. Habría que optar entre muchísimas, y convencerlas de que me den bolilla. Si las argentinas no son las número uno en belleza, andan cerca.

-Optar, menciona. Si lo dejaran suelto en una librería de la avenida Corrientes, ¿qué autores se llevaría: Sabato, Borges, Bioy Casares, Cortázar o Arlt?
-Seguro, Jorge Luis Borges.
-¿Y a qué personaje de su/nuestra antigua Tierra Media le gustaría interpretar: a José de San Martín, a Isidoro Cañones, a Don Segundo Sombra, a Martín Fierro o a El Eternauta?
-Seguro, al Martín Fierro. Clásicos al margen, en serio me complacería filmar un libro de autor argentino.
¡ANTES DE TREPAR AL AVIÓN DE REGRESO, PIDIÓ QUE LO COMUNICARAN CON REVISTA GENTE!

Aunque los organizadores de su visita difundieron que la estadía de Mortensen en el país se limitaría a «arribo el domingo a la noche; partida el martes a la noche», la realidad indicó que pidió un par de días extra previos y un par de días extra posteriores para dedicarlo «a recuperar parte de semejante ausencia en el país que me viera crecer». Palpitó un par de carreras de caballos detrás de la valla del Hipódromo de Palermo. Visitó el MALBA, guiado por Eduardo Costantini hijo. Caminó Florida. Se disculpó con los hermanos Horacio y Bautista Heguy, ya que la falta de tiempo no le permitió visitar su campo La Baronesa. Y rumbo a Ezeiza, decidió bajar en el Bajo Flores, en el Nuevo Gasómetros, «el querido estadio del Cuervo» para despedirse de los jugadores, en especial del Beto Acosta, que le regaló su camiseta. Antes de trepar al avión, pidió que lo comunicaran con GENTE.
-Me quedé pensando en una pregunta que me acercaste… -nos llamó.
-¿Cuál, Viggo?
-‘Si viniese el diluvio universal y pudiera llevarse un objeto, ¿cuál elegiría?’ Lanzaste la siguiente lista: ‘¿Un piano y una armónica, lápiz y papel; un pincel, pinturas y un lienzo; una cámara de fotos, un guión o una pelota de fútbol?’. Bueno, te contesté una pelota de fútbol, y me equivoqué.
-¡¿En serio?! ¿Por qué no? Si usted es fanático del fútbol.
-Porque antes de abandonar alguna de todas mis pasiones, te juro, preferiría morirme.
Fotos: Santiago Turienzo y Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

