Viggo Mortensen cumple 68 años y revela sus secretos argentinos: la fuga de un hotel de lujo, su primer amor, Patoruzú, Borges, Gardel, y un viaje de mil kilómetros por fútbol

Dijo que subía a descansar. Saludó, tocó el botón del ascensor, pisó la habitación, dejó dos valijas sobre el alfombrado escocés, tomó su cámara Leica M6, salió raudo del cuarto, pasó sigiloso por detrás de los macizos guardaespaldas y se escapó. Sí: apenas ancló en Buenos Aires, en diciembre de 2003, el actor internacional del momento (su próximo filme El retorno del Rey es el más esperado del año y el más serio candidato al Oscar) salió a transitar la ciudad solo y sin que nadie -nadie, eh- lograra individualizarlo. Quizá porque le faltaba la barba del guerrero Aragorn de El Señor de los Anillos. Quizá porque le faltaba el cabello al hombro del pintor David de Crimen perfecto. Quizá porque le faltaba la soberbia interminable del mediático Roy de Daylight. Quizá porque le faltaba el traje blanco y la silla de ruedas del Lalin de Carlito’s way. Quizá porque le faltaba el bigote del jefe John de Hasta el límite. O quizá pasó inadvertido simplemente porque Viggo Peter Mortensen (por entonces de 45 años, desde hoy de 68) nunca salía a la calle vestido de estrella.

El rubio actor de apellido escandinavo, acento porteño y sentir criollo, en el Roof Garden del Hotel Alvear para la producción de GENTE que se publicaría el 16 de diciembre de 2003 en su edición 2004. Como en su casa.

«Admito que cuando el avión comenzó su descenso entre las nubes, dando vueltas, creo, arriba de La Plata, mi corazón empezó a acelerarse -reconocía sentado en un sillón del Hotel Alvear-. Me emocionó descubrir el color verde primaveral de todo. Mientras entraba en el centro, vi que llovía un poco y pensé: ‘No voy a acostar-me, voy a dar una vuelta por La Recoleta, por los parques’. Así me acordé de los distintos olores, de las increíbles araucarias. De repente, paré en un puestito y me compré la revista Patoruzú«.

«CREO QUE NO VOLVI CON LA FRENTE TAN MARCHITA».

Guerrero de las Pampas. Reconoce que abrió los libros de John Ronald Reuel Tolkien recién en 1999, sobre el avión que lo llevaba a la filmación de El Señor de los Anillos, que aprendió el idioma élfico, que no solía sacarse el traje ni abandonar la espada a la hora del descanso, que trataba de intervenir en todas las escenas riesgosas y que incluso perdió un diente filmando. «Sin embargo, se trató de una experiencia maravillosa», admitía.

Misterios del mundo y su gente, ¿verdad?, que el hombre que eligieran el director Peter Jackson y New Line Cinema para encarnar el personaje central de la última parte de la saga residiera entre los dos y 11 años en el Chaco y la Capital Federal, después de haber nacido en los Estados Unidos (origen de su madre, Grace) y antes de vivir en Dinamarca (origen de su padre, homónimo del intérprete). «Mis hermanos se dedican a la Geología. Mis padres todavía no sé a qué se dedicaban y se dedican -bromeaba esquivando el tema-. Lo que sé es que firmaron el divorcio, que nos escribimos de tanto en tanto y que mamá es de Boca y papá de River. Conclusión: Me hice fanático de su gran rival, el Ciclón». Por ello, durante aquella visita que ahora refrescamos viajó hacia Santa Fe para ver Colón-San Lorenzo. «Tomamos una camioneta y recorrimos 503 kilómetros de ida y 503 de vuelta. En mitad del camino compramos sándwichs, pusimos un compacto de Gardel, sonó Volver y pensé: ‘Creo que no volví con la frente tan marchita’. Igual, hay cosas que siempre me esforcé para no extrañar«, confiaba.

«Peter Jackson me comentó que El retorno del Rey guarda lo mejor de las dos primeras partes de El Señor de los Anillos, sumados a un final inolvidable», apuntaba Viggo, quien debutó a los ocho años actuando como cola de dragón durante una fiesta escolar en Buenos Aires y quien, luciendo la piel de Trancos/Aragorn (rol que pretendían Keanu Reeves y Daniel-Day Lewis), directamente mataba a los dragones.

Viggo Mortensen
¿Sentía que el Oscar a la Mejor película y al Mejor actor andaban cerca?, le consultamos cuando La Comunidad del Anillo (2001) había obtenido cuatro Oscar de 13 nominaciones, Las dos Torres 2002), un par de seis, y El Retorno del Rey (2003) aspiraba a otras 11 estatuillas, ¡que finalmente obtendría! «Competir para premiar arte me parece extraño. Igual, de recibir algo, no sería descortés e iría», afirmaba el intérprete que invirtió en Nueva Zelandia 16 horas diarias a lo largo de 18 meses, filmando la franquicia, cuyo elenco completaban, entre otros, Elijah Wood, lan McKellen, Cate Blanchett, Liv Tyler y Christopher Lee, cuyo costo orilló los 300 millones de dólares y cuyo epilogo se conocería en los cines argentinos el jueves 1ro. de enero de 2004. Los filmes en los que Viggo se luciera como Aragorn, el heredero de Andúril. la espada de Isildur, corresponden al final de la historia de J.R.R. Tolkien, posteriores a la trilogía de El hobbit y La caza de Gollum, que se viene rodando en este preciso momento.

-¿Ejemplos?

-Tomo mate amargo. En los suburbios de Venice, Los Angeles, donde me afinqué, compro Rosamonte o Taragüí. También empanadas, membrillo. Elaboro dulce de leche casero. Incluso, al no conseguir comer buena vaca argentina, me desquité escribiendo un poema titulado Parrillada. Oí: «(…) Ya no me gusta la carne como me gustaba antes/ cuando era niño./ A lo mejor fue el olor del fogón/ y del chimichurri (…)».

-¿Qué país encontró?

-De paso por Rosario observé gran pobreza. Superior a la que había en otoño del ’95 -la única vez que regresé- alrededor del Cementerio de Chacarita y en la zona de Pilar, ahora de moda. Resulta increíble la incapacidad de los gobernantes. Sin embargo, es peor en Estados Unidos… El prójimo no debería subsistir en la calle, sin un servicio médico, perteneciendo a la nación más rica del planeta.

Junto a sus hermanos menores, Walter y Charles, cuando residió en la localidad de Juan José Castelli, corazón del Impenetrable chaqueño, debido a que su padre (Viggo Peter Mortensen Sr.) trabajaba administrando granjas avícolas y campos y ranchos en la zona.

-Si hoy se realizara una encuesta, determinaría que la mayoría de los políticos argentinos, debido a su omnipotente afán de individualismo y desinterés general, estarían más cerca del maléfico -término que adoraba repetir Tolkien- mago Saruman que del leal Gandalf. ¿Qué sucede en Norteamérica?

-Lo mismo. Definitivamente. No definiría a George Bush como Saurón, el Señor Oscuro de Mordor, pero sé que, si pudiera, le sacaría el anillo del poder al hobbit Frodo. En realidad, sostengo que ya lo hizo, y que de manera automática resolvió ejercer su dominio irrumpiendo en Afganistán e Iraq.

-Hablando de la mano del hombre y la mano de Dios, e inspirándonos es su versatilidad artística y física, si viniese el diluvio universal y usted pudiera llevarse un objeto, ¿cuál elegiría?: ¿Un piano y una armónica, lápiz y papel; un pincel, pinturas y un lienzo; una cámara de fotos, un guión o una pelota de fútbol?’.

-Una pelota de fútbol.

«UN CABALLERO NUNCA CUENTA SECRETOS DE SUS DAMAS»

Mortensen dixit: «Cuando estaba en la primaria, una chica me volaba la cabeza: Silvia. no era mi novia pero me encantaba. Aprovecho para confirmárselo ahora. Medio tarde, claro… Podria enamorarme de otra argentina.»

Aunque la entrevista seguida de fotos (20 minutos y 20 minutos) auguraba una rigurosidad hollywoodense difícil de modificar, «el yanqui» -tal lo llamaban aquí sus compañeros de la primaria- extendía e inauguraba frente a GENTE, desde su cortesía y sus propios tiempos, caminos que suelen bloquear los agentes de prensa. Vig, neoyorquino de Manhattan, escuchaba y respondía sin perder la calma, el excelente castellano y la terminología aporteñada. Entonces hablaba sobre su hijo Henry (15 -38 en la actualidad -, del ex matrimonio con la cantante punk Exene Cervenka), cuya hache inicial luce tatuada en la muñeca interior derecha («Adoro la humildad, el respeto y la capacidad de intercambio social que él posee y a mí me falta. No me ve como un superhéroe. En el colegio lo incitan ‘¡Tu papá es el mismísimo Aragorn, che!’. Y él los para en seco: ‘No, es mi viejo‘».). Hablaba sobre su querida Perceval Press («Una editorial que acerca información, libros, ideas, música, poesía y opciones interesantes que normalmente el público no vería»). Y claro, también sobre mujeres:

Nació el 20 de octubre de 1958 en la isla de Manhattan, luce una cicatriz sobre el labio, tiene ojos celestes, mide 1,81, acostumbra caminar descalzo, escribe poemas, saca fotos, pinta, graba música, adora jugar al fútbol y ver turf, como lo hizo en el Hipódromo de Palermo.

-Recordamos que a lo largo de su carrera actoral (que en 2026 asciende a 67 papeles), besó a Nicole Kidman, a Gwyneth Paltrow, a Sandra Bullock, a Liv Tyler, y sorprendió duchándose a Demi Moore. ¿Nunca? Usted sabe, ¿nunca…?

-Nunca… Nunca. Un caballero nunca cuenta secretos de sus damas (sonreía).

-¿Ni siquiera de las viejas damas, las que seducían aquella niñez latina?

-Mirá, a mí me atraían el El lagarto Juancho y Batman, no Claudia Lapacó. Calculá que me fui en 1969. No obstante, me invade la mente una chica que me volaba la cabeza en la primaria: Silvia. No era mi novia pero me encantaba. Aprovecho para confirmárselo. Medio tarde, claro… Fácilmente podría enamorarme de otra argentina. Habría que optar entre muchísimas, y convencerlas de que me den bolilla. Si las argentinas no son las número uno en belleza, andan cerca.

Con GENTE (derecha). «¿Otra trilogía en la que me hubiese gustado participar? Ni Star Wars ni Matrix: El Padrino«, se la jugaba.

-Optar, menciona. Si lo dejaran suelto en una librería de la avenida Corrientes, ¿qué autores se llevaría: Sabato, Borges, Bioy Casares, Cortázar o Arlt?

-Seguro, Jorge Luis Borges.

-¿Y a qué personaje de su/nuestra antigua Tierra Media le gustaría interpretar: a José de San Martín, a Isidoro Cañones, a Don Segundo Sombra, a Martín Fierro o a El Eternauta?

-Seguro, al Martín Fierro. Clásicos al margen, en serio me complacería filmar un libro de autor argentino.

¡ANTES DE TREPAR AL AVIÓN DE REGRESO, PIDIÓ QUE LO COMUNICARAN CON REVISTA GENTE!

Montensen, uno de los actores más versátiles del planeta y la más argentina de las estrellas de Hollywood.

Aunque los organizadores de su visita difundieron que la estadía de Mortensen en el país se limitaría a «arribo el domingo a la noche; partida el martes a la noche», la realidad indicó que pidió un par de días extra previos y un par de días extra posteriores para dedicarlo «a recuperar parte de semejante ausencia en el país que me viera crecer». Palpitó un par de carreras de caballos detrás de la valla del Hipódromo de Palermo. Visitó el MALBA, guiado por Eduardo Costantini hijo. Caminó Florida. Se disculpó con los hermanos Horacio y Bautista Heguy, ya que la falta de tiempo no le permitió visitar su campo La Baronesa. Y rumbo a Ezeiza, decidió bajar en el Bajo Flores, en el Nuevo Gasómetros, «el querido estadio del Cuervo» para despedirse de los jugadores, en especial del Beto Acosta, que le regaló su camiseta. Antes de trepar al avión, pidió que lo comunicaran con GENTE.

-Me quedé pensando en una pregunta que me acercaste… -nos llamó.

-¿Cuál, Viggo?

-‘Si viniese el diluvio universal y pudiera llevarse un objeto, ¿cuál elegiría?’ Lanzaste la siguiente lista: ‘¿Un piano y una armónica, lápiz y papel; un pincel, pinturas y un lienzo; una cámara de fotos, un guión o una pelota de fútbol?’. Bueno, te contesté una pelota de fútbol, y me equivoqué.

-¡¿En serio?! ¿Por qué no? Si usted es fanático del fútbol.

-Porque antes de abandonar alguna de todas mis pasiones, te juro, preferiría morirme.

Fotos: Santiago Turienzo y Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

Redacción

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