A partir de la masificación del uso de la inteligencia artificial (IA) en diversos ámbitos de la vida cotidiana de la población, las preguntas sobre los efectos del uso de esta tecnología en distintas áreas no se hicieron esperar. En el caso del ámbito educativo, la preocupación se orienta hacia las transformaciones en los procesos de aprendizaje.
En diálogo con Aulas Argentinas, el especialista en IA Diego Fernández Slezak explicó de qué se trata el sedentarismo cognitivo. Además, aseguró que se presentan desafíos y responsabilidades para el Estado, las instituciones de desarrollo tecnológico y las áreas de educación en la incorporación adecuada de esta nueva tecnología en las prácticas de enseñanza.
Para Slezak, la apertura masiva de su uso implica riesgos y problemas debido a la falta de conocimiento necesario para su utilización apropiada. En este sentido, enfatizó que “hay una responsabilidad de todos los organismos: de las universidades, en explicarlo; del Estado, en regularlo; y de las escuelas, en enseñarlo”.
La deuda cognitiva del uso inapropiado
En cuanto al impacto de este nuevo avance tecnológico que ya fue incorporado a la cotidianeidad, el especialista aseguró que “afecta y cambia la forma de pensar”. En consecuencia, aparece lo que el docente universitario denominó “sedentarismo cognitivo”. Según su explicación, se trata del momento en el cual se produce una deuda impagable debido a la pérdida de capacidad de resolución de problemas sin el uso de la IA.
La problematica se vincula con los procesos cognitivos que se ceden pero son fundamentales para el desarrollo de la mente humana. «Ya no es que tengo el músculo ligeramente atrofiado o me cuesta un poquito más, sino que directamente no llego a hacerlo. Entonces, la mejor analogía son los músculos y el sedentarismo físico», explicó Fernández Slezak.
Sin embargo, aclaró que no se trata de prohibir el uso de la herramienta, sino de la manera de incorporarla y de los tiempos en los que se hace durante los distintos estadios formativos de las instituciones educativas. “Es imposible hacer que un alumno no use inteligencia artificial. Y casi que te diría que me parece que hacerlo estaría mal”, evaluó.

Incorporación de la IA en la enseñanza
Según explicó, una investigación que comparó a dos grupos de estudiantes encontró diferencias significativas en los resultados de aprendizaje entre quienes utilizaron IA y quiénes no. Aunque la IA permitió estudiar más rápido y mejorar el desempeño en una evaluación inmediata, los alumnos que la emplearon mostraron una menor capacidad de retención de los contenidos cuando fueron examinados nuevamente 45 días después, es decir que terminó traduciéndose en una pérdida de aprendizaje a largo plazo.
En relación con su incorporación en el sistema educativo, planteó que la IA debería utilizarse de manera similar a la calculadora: como una herramienta de apoyo una vez que se han adquirido los conocimientos básicos. Por ello, consideró que durante la escuela primaria es fundamental priorizar el desarrollo de la lectura, la escritura, el pensamiento crítico y las habilidades matemáticas antes de introducir estas tecnologías en el aula.
Asimismo, sostuvo que en los niveles secundarios y universitarios el debate no debería centrarse en prohibir o permitir el uso de la IA, sino en replantear las formas de evaluación. Entre las alternativas, sugirió complementar los trabajos realizados con asistencia tecnológica mediante exposiciones o defensas orales que permitan comprobar la comprensión de los contenidos. De esta manera, señaló, la herramienta puede aprovecharse sin reemplazar el esfuerzo cognitivo necesario para aprender.



