A diferencia de lo que sucede en la Argentina en las contiendas electorales, la educación ocupó un lugar central en la campaña de Lula para el balotaje. El referente educativo del PT fue Leonardo Barchini, actual ministro de Educación, quien habló con Clarín sobre las claves de la remontada histórica y los avances educativos de su país.
Es que, en materia educativa, Brasil parece ir a contramano de la Argentina. Mientras nuestro país retrocede en las evaluaciones internacionales, los brasileños muestran señales de mejora. Incluso ya superaron a la Argentina en PISA.
– ¿Qué rol jugó la educación en la reciente campaña electoral?
– En la primera vuelta hubo muy poco debate sobre propuestas. La estrategia de Flávio fue huir de cualquier confrontación con Lula, porque Lula es un monstruo y no estaba haciendo un mal gobierno. Los indicadores económicos iban bien, las entregas sociales también, especialmente en educación. Yo era el referente educativo de Lula en la campaña, pero Flávio no tenía ninguno. Entonces ni participaron del debate en este tema. Porque cuando comparás a Lula, que fue el mejor presidente para la educación de la historia del país, con lo que hizo Bolsonaro en sus cuatro años, no había punto de comparación. Entonces, en redes sociales empezamos a mostrar cómo el recorte de gastos del 1,5% del PBI que prometía el equipo económico de Flávio Bolsonaro para 2027 afectaría a la educación. Cuando salió el resultado del 4 de octubre (primera vuelta), estábamos muy desanimados. Pero al día siguiente hubo una manifestación espontánea de unas 4.000 personas en la Universidad Federal Fluminense, en Niterói. Eran estudiantes defendiendo la universidad pública. Una causa que estaba por encima del PT y de Lula: era la causa de la educación. Hablé con los dirigentes estudiantiles para entender qué estaba pasando y me dijeron que para el día siguiente ya había otras 44 manifestaciones espontáneas convocadas.

– ¿Qué que hizo Brasil para mejorar los índices de alfabetización inicial?
– Cuando volvimos en 2023 (tercer gobierno de Lula), el Ministerio de Educación estaba destruido. Bolsonaro no terminó con el Ministerio, pero lo destruyó sacándole presupuesto. Tuvimos el peor presupuesto de la historia reciente y eso fue muy nocivo para las políticas educativas. Porque en Brasil el papel del Ministerio es coordinar la federación: las escuelas son municipales o estaduales. En alfabetización encontramos que apenas un tercio de los chicos estaba alfabetizado a los 8 años. Creamos un programa llamado Compromiso Nacional Niño Alfabetizado y trabajamos con todos los municipios y estados. Armamos una red de asistencia técnica e inversiones, con 7.000 coordinadores en todo el país, apoyo técnico, materiales didácticos e infraestructura. Cada municipio tiene su propio plan de alfabetización, con metas y objetivos. Así pasamos de un tercio a dos tercios de chicos alfabetizados, llegamos al 66%. Nuestra meta es el 80% para 2030, pero como nos está yendo muy bien, antes de la campaña Lula nos pidió llegar al 100%. Ahora que ganamos la elección, vamos a volver a acordar con todos los municipios y estados cómo mejorar las metas, sin cambiar las líneas maestras del programa. Obviamente, es algo muy difícil, pero ese es el objetivo y lo que nos pide el Presidente.
– Me interesan dos puntos del plan de Brasil. Uno es un indicador que construyeron de niño alfabetizado y el otro cómo funciona el reconocimiento a las escuelas y municipios que mejoran.
– Así es. En Brasil tenemos un fondo de desarrollo de la educación básica, el Fundeb, que reúne los recursos federales, estaduales y municipales destinados obligatoriamente a la educación. El gobierno federal aporta el 23% y el resto proviene de impuestos de estados y municipios. Es un fondo que creó Lula en 2006, porque hasta entonces no había recursos garantizados para la educación primaria y secundaria. En esa época, apenas el 35% o 40% de los jóvenes cursaba la enseñanza media en la edad correcta. Tenemos una deuda histórica de 64 millones de brasileños que no terminaron la educación básica. ¿Por qué? Porque no había fondos, no había educación para todos. Era para pocos. Ese fondo permitió que los niños y jóvenes ingresaran a la escuela. Hoy, 20 años después, tenemos prácticamente a todos dentro del sistema educativo. Y ahora empieza el desafío de la calidad.

– ¿Ahora van por la calidad?
– Ahora es solo calidad, porque hicimos inclusión mejorando la calidad, algo muy raro en cualquier lugar del mundo. Esos 20 años fueron el primer ciclo y planificamos que el próximo dure otros 20 años. La alfabetización es central para mejorar la calidad. El fondo de desarrollo permite que los estados den una bonificación a sus municipios a través de un impuesto sobre la circulación de mercaderías y servicios. No es mucho dinero, pero ayuda. Sin embargo, lo que más ayuda es el indicador de alfabetización y el reconocimiento a los intendentes y responsables municipales de Educación que están trabajando para mejorar. ¿Cómo lo hacemos? Una vez al año, el Presidente de la República reconoce a los municipios que cumplen con las exigencias y las metas del programa. Eso a veces vale mucho más que un incentivo financiero. Es el reconocimiento y la transparencia ante la sociedad. Es mostrarle: “Mirá, tu municipio está trabajando. Tus escuelas están dando buenos resultados”. Para eso tenemos un indicador elaborado por el Instituto Nacional de Investigaciones Educativas (INEP). Sus especialistas establecieron los parámetros que permiten determinar si un chico está alfabetizado o no.
– ¿Qué método de enseñanza usan? Acá hay gran debate entre el método constructivista y el fónico
– Lo encaramos con democracia. Flávio Bolsonaro dijo que iba a utilizar solo el método fónico. Pero hay gente que utiliza el método fónico y no está funcionando, y gente que utiliza el constructivista y tampoco está funcionando. Y hay quienes utilizan el fónico o el constructivista y sí tienen resultados. Brasil tiene 5.570 municipios, cada uno con un intendente y un secretario de Educación que piensa de una manera. Yo no puedo decirles qué método utilizar. Lo que les digo es: te voy a evaluar, te voy a acompañar y te voy a ayudar en lo que necesites, cualquiera sea tu método, pero mi objetivo es que mejores. Llevamos 20 años con ese debate y, al fin de cuentas, perdimos 20 años. Elegimos respetar lo que decidió cada municipio y ayudar a todos, independientemente del partido político, para alcanzar el objetivo nacional de alfabetización, que ahora queremos llevar al 100%. Si algo no está funcionando, evaluamos por qué. A veces es el método y a veces es cómo lo utilizan. La defensa ciega del método fónico es un debate muy de la extrema derecha. El problema no es el método, sino cómo lo implementás y si los chicos están aprendiendo o no.
El rol del sector privado
– ¿Cómo participan las empresas, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil en el programa?
– En el programa participan los sindicatos, las asociaciones docentes, los investigadores y también las instituciones filantrópicas del sector privado, que son muy fuertes en Brasil. El 75% de la inversión privada filantrópica del país se destina a educación. Están, por ejemplo, el Instituto Natura, la Fundación Lemann o Todos por la Educación, que reúne a varias empresas que aportan recursos. Todos participan de nuestro Foro Nacional de Educación, junto con las universidades y las organizaciones de trabajadores. Cada sector tiene sus propuestas. Las instituciones privadas defienden la inversión social privada y tienen una agenda que a veces no coincide con la de los sindicatos docentes. Pero ambas tienen un objetivo común: mejorar la educación. Cada uno con su estrategia y nosotros buscamos escuchar a todos. Claro que tenemos un gobierno democrático y popular, donde los sindicatos tienen mucho peso, pero escuchamos a todos porque el sector privado aporta una ayuda importante, no tanto financiera como técnica. Nos ayuda a construir los planes. Antes de lanzar cualquier política, siempre la debatimos en el Foro Nacional de Educación.

– ¿Problemas de huelgas tienen?
– En Brasil, cada municipio es responsable de la educación básica inicial y los estados de la secundaria. El gobierno federal se ocupa de las universidades federales, que representan entre el 20% y el 25% de la matrícula universitaria. El 80% es privado. Siempre tenemos reivindicaciones en las universidades y escuelas técnicas federales, pero huelgas no hay. En 2008, Lula estableció un salario mínimo nacional para los docentes, con una regla que en estos 18 años permitió duplicar el sueldo inicial de los profesores. Descontando la inflación, pasamos de unos 2.500 reales a 5.130 reales actuales. El doble. En 2008, el sueldo inicial de un profesor representaba el 40% del salario promedio de otros profesionales con educación superior. Hoy estamos en el 80%. Mejoramos tanto en términos absolutos como relativos, aunque todavía tenemos que avanzar más. Cada año actualizamos el salario mínimo nacional para los docentes que trabajan 40 horas semanales. Este año cambiamos la ley para garantizar que los aumentos sigan estando por encima de la inflación.
La mirada sobre la Argentina
– En la Argentina también empezó un Plan Nacional de alfabetización. Desde la experiencia de ustedes que arrancaron hace más tiempo, ¿qué recomendaciones pueden hacer?
– Me parece que el plan argentino tiene algo de inspiración en lo que se hizo en Brasil. Pero creo que tiene un problema estructural, que es el financiamiento. Porque cuando recortás el gasto social, una de las mayores inversiones es en educación. Entonces, todo lo que tenés que hacer, lo tenés que hacer con recursos escasos. El pobre secretario de Educación tiene que estar luchando en un contexto que no lo favorece. Y por mejor que sea el plan, si no hay una priorización política del gobernante, no puede funcionar. En América Latina la educación históricamente nunca fue prioridad para los gobiernos. Siempre se privilegió el mercado u otras cosas. Y la educación es la mejor inversión que hay. Yo desafío a cualquier economista mínimamente inteligente a que me diga cuánto retorna cada peso que invertís en educación y si hay otra inversión mejor. Recortar a la educación nos trae consecuencias nefastas.

– Entonces, la principal recomendación es que no recorten en educación para que el plan de alfabetización pueda funcionar…
– Claro, porque la educación no puede pensarse de manera aislada. Las políticas son sistémicas. La universidad pública forma a los profesores que van a trabajar en la educación básica. Y si no formás profesores de calidad, ¿cómo podés exigir buenos alfabetizadores? Todo está relacionado. Entonces, cuando recortás la investigación, la universidad pública, los salarios docentes, el Fonid, todo eso que están haciendo en Argentina, no podés exigir que un plan te salga de mil maravillas. Nosotros ya vimos esa película en Brasil varias veces, con gobernantes que creyeron que podían resolver los problemas con eficiencia y recortes. La eficiencia es fundamental, todos los días luchamos por mejorarla. Pero la eficiencia en un contexto de miseria es difícil.
– La Argentina tenía históricamente mejores índices de educación que Brasil y en los últimos años se dio vuelta. ¿Por qué cree que pasó esto?
– Llevo 32 años en el Ministerio de Educación (en distintos puestos, como ministro desde este año) y vi pasar seis presidentes en ocho mandatos. Cuando Lula llegó en 2003 hubo un cambio de mentalidad, un cambio de perspectiva. Garantizamos en la Constitución derechos que antes no estaban garantizados y transformamos el derecho a la educación en un derecho concreto, con financiamiento estable y previsibilidad. También exigimos una mejor organización de los sistemas educativos. Junto con más recursos, estructuramos un sistema de evaluación que pudiera entender cualquier padre o madre. Hace 20 años tenemos un índice de desarrollo de la educación básica que te dice si una escuela es buena o mala. Claro que es un reduccionismo, porque la educación es mucho más compleja que un índice, pero sirve para orientar las políticas. Sabemos que hay contextos socioeconómicos y familiares diferentes. Si una escuela está en un contexto muy difícil y tiene un indicador bajo, lo importante es ver cuánto mejoró, no solamente su resultado absoluto.
Resultados públicos y examen final en la secundaria
– Acá la ley no permite publicar los resultados de las escuelas y en Brasil sí. ¿Para ustedes es importante esto para mejorar los resultados?
– Es siempre un debate. Pero para darte un ejemplo, hace 20 años teníamos unos 3.280 municipios con resultados por debajo de cinco puntos en el Índice de Desarrollo de la Educación Básica (IDEB), que sería una nota mínima, para los alumnos de primero a quinto grado. Hoy quedan unos 400. ¿Por qué? Porque trabajamos con los intendentes y les demostramos que ese indicador también era importante para sus votos. La política se maneja así. Al principio hubo mucha pelea, pero el sistema se consolidó. Y no premiamos solamente la nota absoluta, sino también la trayectoria: cuánto mejoró o empeoró cada municipio. Al responsabilizar públicamente a los gobernantes por esos resultados, se fue creando una cultura que funcionó. Tuvo más beneficios que perjuicios.

– Otra medida que ustedes implementaron es el examen al finalizar la secundaria. ¿esto permite que los estudiantes se motiven más y aprendan mejor?
– Sí, y este año vamos a hacer un cambio muy importante, histórico. Hasta ahora teníamos dos exámenes. La Prueba Brasil, que medía el aprendizaje de los jóvenes de 17 años y servía para evaluar a las escuelas y los sistemas educativos estaduales, pero no tenía consecuencias para el estudiante. Y además teníamos el ENEM, el Examen Nacional de Enseñanza Media, que sirve para ingresar a las universidades públicas y privadas. Cuanta más demanda tiene una carrera, más puntos necesitás. Es un sistema único que permite acceder a unas 275.000 plazas en universidades públicas y 590.000 en universidades privadas con becas. Este año decidimos que el ENEM también sirva para evaluar la calidad de la educación pública brasileña. ¿Cuál es la diferencia? Que la Prueba Brasil solo evalúa portugués y matemática, mientras que el ENEM también incluye Ciencias, Geografía e Historia. Además, antes los estudiantes no tenían motivación para hacer la Prueba Brasil y el examen no se tomaba en un ambiente tan controlado, porque era el propio profesor quien lo administraba. El ENEM es una evaluación en condiciones de altísima seguridad, en todas las áreas y con una motivación concreta para el estudiante.

– ¿Van a dejar solamente el ENEM?
– Este año todavía tendremos los dos exámenes, pero el ENEM ya empieza a contar para evaluar la calidad educativa. Vamos a hacer el primer cálculo a partir de sus resultados. Y el ENEM, que hasta ahora era optativo, de a poco pasará a ser obligatorio.
– El ENEM fue pensado para un sistema universitario que tiene cupos. En la Argentina el ingreso irrestricto. ¿Cuál le parece mejor sistema?
– En Argentina hacen el filtro después, dentro de la universidad. Nosotros, antes.
– Sí, pero ¿cuál le parece mejor?
– Si pudiéramos incorporar a todos los alumnos, sería mejor, como hacen ustedes. Porque les da un poco más de oportunidades para prepararse. Pero el examen nacional de la secundaria también nos ayudó a democratizar el acceso. En los años 90, solo un tercio de los estudiantes de las universidades públicas venía de escuelas públicas. Ahora son dos tercios.

