En comunicación con Radio Universidad, Alejandro Laurnagaray analizó el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil realizado el pasado domingo 25 de octubre. Así, el especialista destacó que “había que ser cautos” con las especulaciones sobre los resultados “porque nunca en la historia de Brasil se había dado vuelta una elección en balotaje”.
En ese sentido, recordó que “Lula había perdido más de 3,2 millones de votos entre 2022 y la primera vuelta”, por lo que debía recuperar apoyos para revertir la tendencia. En ese contexto, señaló que el candidato del Partido Liberal también encontró un límite: “En la segunda vuelta, Bolsonaro ganó votos, pero llegó a un techo donde el rechazo hacia él fue mayor que el respaldo que podía reunir”.
Al profundizar en las razones de ese rechazo, Laurnagaray sostuvo que el comportamiento del electorado brasileño no puede explicarse exclusivamente por la identificación ideológica. “En Brasil, menos de la mitad de la gente se considera ideologizada de izquierda o derecha. No llega al 40 por ciento”, planteó.
Según su análisis, una parte de los votantes se inclinó por Lula no necesariamente por un respaldo pleno a su gestión, sino por el rechazo a un nuevo gobierno de la familia Bolsonaro. En tanto, “desde el lado del bolsonarismo había más intención de votar por rechazo a Lula que para apoyar a Bolsonaro”.
Campaña
“Hubo gente que no estaba muy conforme con la gestión de Lula, pero dijo: ‘Vamos a darle otra oportunidad antes de que venga este miliciano con toda la familia de corruptos que tiene’”, subrayó, al tiempo que cuestionó los vínculos que atribuyó a la familia del expresidente Jair Bolsonaro con las milicias brasileñas, organizaciones criminales integradas por policías y exintegrantes de las fuerzas de seguridad que disputan territorios con grupos vinculados al narcotráfico.
“La gente conoce que es un corrupto, la gente sabe que la familia es un desastre, que es un miliciano”, expresó Laurnagaray en referencia a los cuestionamientos políticos y las acusaciones que, según señaló, pesaron sobre el candidato.
Por otra parte, el especialista precisó que “con el diario del lunes también se puede destacar que Lula tomó medidas económicas y sociales que pudieron sumar, además del cambio en la campaña”. Para Laurnagaray, la estrategia no se limitó a la presencia en redes sociales ni a la difusión de mensajes a través de los medios de comunicación, sino que apostó al contacto directo con la ciudadanía: “Hubo una movilización de cada uno de los miembros de ese grupo de WhatsApp que se creó con más de diez millones de personas que fueron a buscar voto por voto, hablando cara a cara con la gente”.



