Tiene 58 años, trabajó como gerenta de recursos humanos y empezó a jugar al golf al final de la pandemia. Ganó el torneo nacional en 2023, 2024 y 2025 y fue la primera argentina en el US Open de Golf Adaptado.

Rita Fernández tiene 58 años, es abogada laboralista, especialista en Recursos Humanos y vecina de Martínez. Su historia demuestra que la disminución visual severa no es una barrera, sino una perspectiva desde la cual construir resiliencia, estrategia e inclusión. Tras una destacada carrera en empresas donde negoció con gremios clave como UOCRA, Camioneros, SMATA, Luz y Fuerza y Seguros, superó severos problemas visuales —producto de glaucoma y desprendimientos de retina— para redefinir su vida y convertirse en referente del deporte adaptado.
La Regla 25 y el salto al circuito internacional

Su vínculo con el golf comenzó tras la pandemia. Apoyada en la Regla 25 —norma incorporada oficialmente en 2023 que permite a deportistas con discapacidad competir acompañados por un asistente que identifique los obstáculos del campo—, Fernández encontró una dinámica propia de juego.
«Aprendí a jugar sin ver el hoyo. Eso me enseñó lo que ninguna mesa de negociación capacita: a negociar con toda la incertidumbre y a transformar una desventaja en estrategia», destaca Fernández.
Esa disciplina la llevó a consagrarse tricampeona nacional de golf adaptado (2023, 2024 y 2025) y a ser la primera argentina en clasificar y competir en el US Open de Golf Adaptado, el certamen más importante del mundo organizado por la USGA.
Raíces porteñas y visión de futuro

Nacida en el barrio porteño de San Cristóbal y criada en la intersección de Lima e Independencia, Rita combinó desde joven el trabajo autodidacta con los estudios nocturnos de Derecho en la UBA. Hoy, además de competir en el máximo nivel, busca inspirar a otras personas a romper barreras:
«Mi propósito es contagiar a las personas con discapacidad, en especial a las mujeres, para que tengan en el golf un motivo para abandonar el aislamiento y salir de sus hogares. No importa si la meta se cumple en cinco minutos o en diez años; lo fundamental es permitirse llegar».



