La historia del deporte argentino tiene fechas que se transforman en mitos, y el 30 de junio de 1986 es, sin dudas, una de ellas. Tras ganarle la final a Alemania Federal por 3 a 2 el día anterior en Ciudad de México, la Selección Argentina de fútbol aterrizó en suelo nacional portando el trofeo más codiciado del planeta.
Lo que siguió a la llegada del avión fue una de las mayores movilizaciones espontáneas y populares que recuerde el centro porteño. Los hinchas desbordaron las autopistas, las avenidas y, fundamentalmente, la histórica Plaza de Mayo, transformando el paisaje urbano en un mar de banderas celestes y blancas.
El saludo desde el balcón
El punto cúlmine de la jornada se vivió cuando el plantel ingresó a la Casa Rosada. Allí, los campeones del mundo fueron recibidos por el entonces presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, quien les ofreció el mítico balcón gubernamental para que pudieran compartir el triunfo con la gente sin presencia de autoridades políticas en la foto, cediéndoles el protagonismo absoluto.
Asomado al balcón, un joven Diego Maradona de 25 años alzó la Copa del Mundo frente a una multitud fervorosa que colmaba la plaza de punta a punta. Aquella postal de Diego con el torso desnudo, la camiseta alternativa azul todavía en la retina de todos y el trofeo en alto, se convirtió de inmediato en un símbolo eterno de la cultura y la pasión argentina.

A cuatro décadas de aquella hazaña, el recuerdo de ese lunes 30 de junio sigue vivo como el día en que el fútbol y la alegría popular paralizaron el país para abrazar a sus héroes de México.



