A 50 años de aquellos hechos, no queremos una fecha reducida a un acto protocolar ni una memoria vaciada de su contenido político. Queremos que sea una jornada de lucha.
Los jóvenes de aquella generación no se organizaron para ocupar un lugar en una ceremonia. Se organizaron para pelear por sus derechos, enfrentaron a quienes querían imponerles el silencio y pagaron un precio brutal por hacerlo. Si aquellos jóvenes y los 30.000 compañeros y compañeras estuvieran hoy entre nosotros, los encontraríamos enfrentando a un gobierno que ataca la educación pública, ajusta a trabajadores y estudiantes y reivindica el negacionismo.
Ese es el sentido que queremos darle a este 16 de septiembre.
El gobierno de Milei lleva adelante un ataque contra la educación pública y contra las condiciones de vida de las mayorías. El ajuste, la precarización y la represión son parte de una misma política. Y este ataque tiene además un componente particularmente grave: desde el propio gobierno se reivindica y relativiza el terrorismo de Estado, mientras Victoria Villarruel ocupa un lugar central en el poder.
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Frente a esto, ninguna organización estudiantil puede permanecer indiferente.
Creemos que quienes enfrentamos estas políticas tenemos que encontrar una forma de movilizarnos en común. Los centros de estudiantes, organizaciones políticas, organismos de derechos humanos, sindicatos y demás sectores que estén dispuestos a enfrentar al gobierno tenemos que discutir cómo construir una gran movilización para este 16 de septiembre.
Esto no significa desconocer las diferencias políticas que existen entre las distintas organizaciones.
Hay distintas posiciones sobre cómo enfrentar al gobierno, sobre el papel de las organizaciones sindicales y estudiantiles y sobre qué alternativa política necesitamos construir. Desde No Pasarán defendemos una perspectiva de independencia política respecto del gobierno y de todos los sectores patronales. No creemos que la salida pueda venir de confiar nuevamente en quienes gobernaron mientras se profundizaban el ajuste, la precarización y la desmovilización. Tampoco creemos que las burocracias sindicales y estudiantiles puedan decidir por quienes quieren luchar.
Pero estas diferencias no pueden impedirnos construir una acción común frente a un gobierno que ataca derechos fundamentales.
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Por eso proponemos discutir entre todas las organizaciones una gran movilización estudiantil este 16 de septiembre, tomando como punto de partida las reivindicaciones que atraviesan hoy a la juventud: la defensa de la educación pública, el rechazo al ajuste y la represión, la defensa de nuestros derechos, rechazamos la baja de punibilidad, no somos terroristas y la lucha contra el negacionismo.
No se trata de homenajear a aquella generación mirando hacia atrás. Se trata de recuperar su ejemplo de organización y lucha para intervenir en el presente.
A 50 años de La Noche de los Lápices, que la memoria vuelva a convertirse en lucha.
Por memoria, verdad y justicia.
Por la educación pública y nuestros derechos.
Contra el ajuste, la represión y el negacionismo.
Por un movimiento estudiantil organizado e independiente contra el negacionismo.

