Hace más de cinco meses que el acampe de las y los trabajadores de FATE permanece en pie. Cinco meses de defender los puestos de trabajo, de enfrentar despidos, de sostener una pelea que ya es un símbolo de resistencia frente a los ataques contra la clase trabajadora. En tiempos donde quieren convencernos de que no hay alternativa más que resignarse, esta pelea demuestra todos los días que todavía hay quienes deciden organizarse y luchar.
Estar ahí, compartiendo una olla popular, cobra un valor que va mucho más allá de un plato de comida. Es encontrarse entre estudiantes, trabajadores, mujeres y familias para sostener los ánimos, escucharnos y reconocernos como parte de una misma pelea. Porque hoy tenemos al gobierno que junto con las grandes patronales profundizan la precarización, multiplican el pluriempleo, nos roban el tiempo para vivir, para descansar y para compartir con quienes queremos.
Nos encontramos con las familias que sostienen la permanencia, las mujeres que organizan y empujan cada jornada, los trabajadores que no aceptan que les arrebaten su futuro y también las estudiantes que entendemos que nuestro destino no está separado del de quienes producen la riqueza de este país. Esos lazos que se tejen alrededor de una olla popular construyen solidaridad, pero también contagian la moral para seguir resistiendo.
Porque frente a quienes nos invitan a agachar la cabeza, aceptar el saqueo y esperar en silencio mientras avanzan los ataques, la experiencia de FATE muestra otro camino. El de quienes no se conforman, el de quienes enfrentan a la patronal, a los gobiernos de turno y también a las maniobras de quienes prefieren que la fuerza de las y los trabajadores permanezca invisible.
El gobierno impulsa el hiper individualismo y el “sálvese quién pueda”, pero en cada lucha, en cada expresión popular se demuestra lo contrario. Lo colectivo, lo comunitario sigue vivo. Ya sea al despedir a un icono popular como el Indio, al celebrar la victoria contra los “piratas” ingleses, o en la primera línea qué integra cada mujer en lucha al acompañar a su familia, en la resistencia.
Como en las familias en lucha de Fate que están en la primera línea las mujeres acompañando, organizando la resistencia y demostrando que la pelea por una vida libre de violencias también es la pelea por trabajo, por salarios y por condiciones de vida dignas.
No queremos ser cómplices, ni sometidas, ni moderadas. No aceptamos que la salida a la crisis sea que el pueblo trabajador pague los costos mientras se acercan las elecciones y nos piden tranquilidad. Nos quieren vender, saquear y entregar al servicio del FMI y de los grandes empresarios.
La olla solidaria en FATE reafirma una idea muy potente, que la salida no vendrá de quienes administran el ajuste ni de quienes llaman a esperar. Vendrá de fortalecer cada lucha, de coordinar a quienes enfrentan los despidos, la precarización y las violencias, de unir a las mujeres, la juventud y la clase trabajadora en una misma fuerza.
Desde Pan y Rosas queremos ser parte de esa tarea. Nos organizamos en las universidades, en los lugares de trabajo y en los comités barriales porque creemos que hace falta construir una fuerza política propia de las y los trabajadores, independiente de los gobiernos, las patronales y las burocracias sindicales que dejan pasar los ataques y nos entregan en bandeja.
Cada olla popular, cada fondo de lucha, cada asamblea y cada acción de solidaridad son pasos para romper el aislamiento que intentan imponernos. Frente a quienes quieren convencernos de que no hay nada por hacer, elegimos estar junto a quienes resisten. Porque la lucha de FATE es nuestra lucha.
Invitamos a les estudiantes, trabajadoras y mujeres que no se resignan a acercarse al acampe, a todxs a solidarizarse con el fondo de lucha y a organizarse con Pan y Rosas para fortalecer la coordinación de las luchas.
Porque si algo demuestra esta pelea es que cuando la solidaridad se transforma en organización, nuestra fuerza crece para enfrentar el ajuste, derrotar los ataques y pelear por una fuerza política propia, que discuta una salida a favor de las grandes mayorías trabajadoras.
Frente a quienes quieren convencernos de que cada uno debe arreglarse como pueda, hay una certeza que vuelve a hacerse fuerte alrededor de la lucha:
Nadie se salva solo, hay que organizarse junto a los que resisten y luchan.
Y sobre esa base, pensar en otro futuro posible.

